Los honorarios, la gran controversia
Visión profesional sobre aranceles
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La desregulación que produjo el artículo 8 del decreto N° 2284 de 1991, que derogó el carácter de orden público que anteriormente las normas legales reconocían a los aranceles de honorarios de los arquitectos, estuvo lejos de desactivar la polémica acerca de cuál es el mejor método de compensación.
Según informa el Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU), mediante este decreto, comitentes y profesionales pueden convenir libremente el monto de sus honorarios sin la existencia de una retribución mínima obligatoria.
Los aranceles profesionales no han sido derogados, ellos mantienen su vigencia, sólo que son normas supletorias (de referencia) y no imperativas. Pero ante la ausencia de convenio de honorarios rige la norma legal del arancel, pues ésta mantiene vigencia y corresponde su aplicación en forma supletoria.
El arquitecto Axel Fridman, del estudio Diéguez-Fridman Arquitectos & Asociados, afirma: "No está bien la máxima desregulación, habría que buscar un punto intermedio porque los estudios más pequeños son los que más sufren la presión de los clientes en la negociación". Y se muestra a favor de que el CPAU defienda "una política con reglas comunes para todos".
En la misma línea de opinión se muestra el arquitecto Darío López, del estudio Arquitectonika, que impulsa la vuelta de "los honorarios mínimos" porque con la desregulación "se hace muy difícil pelear sólo con el cliente, y ocurre que se tiene mucha responsabilidad y, a veces, el arquitecto es el profesional que menos cobra. También hay que tener en cuenta que los estudios tienen gastos fijos cada vez más altos".
Por el contrario, el presidente del CPAU, arquitecto Roberto Aisenson, considera: "Se aplica la doctrina del justo precio acerca de recompensa a través del honorario, y es el arquitecto el que debe defender ante el comitente su tarea con responsabilidad". Su demostración a favor del sistema vigente es que "la regulación por ley no es suficiente protección para cobrar el honorario más justo". Y advierte: "En las provincias (no adhirieron al decreto y sus honorarios no están desregulados) se paga mucho menos que en la Capital".
El arquitecto Sergio Castiglione, del estudio Castiglione-Finkelstein, defiende su modalidad: "Planteamos un porcentaje de honorarios en el inicio de la tarea de proyecto. Pedimos un anticipo para comenzar a trabajar contra firma de contrato. Una vez que el proyecto está costeado se establece un monto fijo sobre la base del porcentual del honorario preestablecido. A ese monto se le deduce el o los anticipos y se lo divide en cuotas acordes con la duración del proyecto. Para nosotros este sistema funciona y no lo cambiaríamos".
Con la premisa de que el pensamiento ahorra dinero , el arquitecto Rodolfo Livingston aplica su propio método: "El cobro de porcentajes es un gran error. No cobro contra aprobación de proyecto, sino en diferentes etapas: desde la primera entrevista, el anteproyecto o rompecabezas en dos pagos, y luego con la presentación de las variantes. Con la presentación de éstas, ya cobré todo el honorario".



