Los puntos cardinales y la belleza del balcón
El balcón actúa como prolongación de las habitaciones de la casa. Es una mirada hacia el exterior que merece decoración, esmero y cuidado, así como dedicación a la hora de elegir las plantas que le aportarán color. Pero, claro, el destino de cada balcón depende de su orientación.
De esto se deduce, en primer término, que la orientación hacia el Este es la más favorable: las plantas reciben el vigorizante sol de la mañana más las caricias del aire del río que, sumados a la masa verde de las islas del Delta, propician una atmósfera amable, que atempera los cambios bruscos de temperatura y humedad. Puede cultivar allí casi todas las plantas que se le ocurran porque, aun en pisos altos y muy expuestos, pueden florecer las magníficas azaleas, disfrutar del clasicismo de una camelia o del aroma de la gardenia.
Hacia el Norte, reina el calor. Allí pueden crecer exuberantes los pelargonium: geranios y malvones. Los primeros se pueden usar como plantas colgantes, en el borde --tanto superior como inferior-- del balcón, y los malvones, de ramas rígidas, pueden llegar a convertirse en atractivos subarbustos. Quienes gustan de los cactos y plantas crasas cuentan también aquí con un ambiente ideal.
El Oeste es la orientación más difícil. En verano, el sol es impiadoso mientras que en el invierno arrasan los vientos fríos.
Por su parte, en los balcones que dan al Sur, suele parecer que la vida se ha detenido y se los ve como sitios oscuros y vacíos. Sin embargo, condiciones particulares pueden generar microclimas que modifican el medio. Un balcón sombrío puede verse iluminado por una pared clara de la vereda de enfrente, que recibe sol y refleja la luz necesaria para que el balcón se vuelva hospitalario.
Hay arbustos rústicos que prosperan en todos lados, por ejemplo, dracenas, eleagnus, evonimus, pitosporum e ibiscus. Ellos pueden formar el nivel más alto y un fondo verde permanente que permita ubicar otras macetas menores, en las que se reúnen flores de estación de fácil adaptación, que pueden renovarse sin problemas.
Tarea obligada
El cultivo en balcones tiene una sola exigencia ineludible: el riego diario. Su consecuencia puede ser que el terrón se compacte y el agua no se absorba y escape por los costados. El mantillo disminuye ese riesgo, pero puede necesitarse, además, remover superficialmente la tierra para aumentar su absorción.
Naturalmente, los deberes del buen vecino indican que las macetas deben estar en bandejas o contenedores que recojan el agua del riego; pero, para la buena salud de las raíces, deben tener un lecho de pedregullo o canto rodado, que evitan que la base de la maceta esté siempre anegada.



