Luis Galliussi, mundo poético y mestizo
Argentino nacido en Córdoba y aquerenciado en Madrid, sorprende a Europa con sus decoraciones
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Arquitecto y decorador, hay en su cartera más de veinte proyectos, y entre su clientela está, por ejemplo, Isabel Preisler, a la que asesora "cuando se le ocurre cambiar algún rincón de su chalet"; ha reformado la casa de Enrique Iglesias en Miami, y se ocupa de las instalaciones efímeras de Chanel. Cada vez más intervenciones profesionales en San Pablo, Buenos Aires, México, Barcelona y París, llevan su sello.
Entre su timidez y la autoridad que le confiere ser uno de los más reconocidos decoradores en España, con gran proyección internacional, Luis Galliussi (41 años, argentino nacido en Córdoba y que desde once años vive en Madrid) se para ante el mundo con la mirada de un chico que tiene todo por descubrir.
Escritorio con floreros
"Mi casa soy yo", dice cuando abre la puerta de su piso ubicado en el Madrid de los Austrias.
Enseguida uno se topa con un escritorio encima de otro y tres grandes floreros sobre un estante de mármol donde reinan tres ramas con copos de algodón. A mitad del hall, un trozo de una antigua escalera de caracol de madera sobre una plataforma rodante parece salida de un cuento de hadas, y es como si esos escasos diez escalones que terminan en el aire dejaran suspendido un camino a otra dimensión.
Un par de sandalias de piel de serpiente de caña alta hacen las veces de instalación artística y un gran sofá de terciopelo marrón, imitación del que tenía Coco Chanel en su departamento de París, preside el salón.
Afable, culto, de gestualidad acotada, señala que lo que mejor lo define es su propósito de no quedarse nunca con las ganas, hacer siempre lo que siente. Ya no sólo visita las ferias callejeras o las tiendas de todo a un peso en busca de lo insólito, sino que su pasión es perderse por el Barrio Chino en París o en galerías laberínticas de Londres, buscando telas sugerentes, colores atrevidos, piezas abandonadas que luego recicla y tiñe de un glamour tan atractivo o más que el de cualquiera de las piezas que le venden en las tiendas más exclusivas a precios que muy pocos pueden pagar.
Galliussi sienta las bases de una decoración poética. "Lo mío no es nada intelectualizado. Cuando empiezo a ponerle cosas a un espacio es como si todo: el volumen, la luz, el color, me fueran pellizcando y se produce la transformación. Hay una idea abstracta primero, un volumen y una mancha de color que luego se convierten en algo concreto, pero nunca sé qué será. Me atrae la recuperación y dignificación de los objetos." Paradójicamente, los clientes de Galliussi confían en él, pero en el proceso del atrezzo suelen sentir pánico. Nunca saben cómo será el resultado final: "Suelo cambiar sobre la marcha y eso desconcierta un poco, pero yo ya sé que lo importante es satisfacer, por un lado, las expectativas de las mujeres, que son las que eligen el diseño, y por el otro, el de sus maridos, que son los que pagan".
Subraya, también, la importancia que dan al diseño y a la calidad de vida los hombres que viven solos. "Ya no esperan que una mujer los asesore o que les regalen un espléndido candelabro para su cumpleaños. El gusto por el detalle y el objeto bello se ha masculinizado. Y muchas veces, son los hombres los que toman las decisiones más atrevidas y arriesgadas."
El teléfono celular no para de sonar. Es viernes por la tarde en Madrid y debe visitar todavía dos obras.
Oficinas, restaurantes y mercerías
El restaurante Nilo, en Madrid, un conjunto pálido y luminoso donde cada rincón ha sido pensado con detenido cuidado: telas orientales con colores brillantes, espejos barrocos dorados, frisos de plumas negras, lámparas futuristas, estanterías con torres de platos, hojas de loto aplastadas a modo de manteles individuales, un curioso kit de aceite y vinagre. Un diseño muy Galliussi, especial para déco victims . The Boston Consulting Group/ Oficinas Corporativas de Valenciana de Cementos: diseño y supervisión de construcción, innovadores y de alta calidad que se adaptan a las condiciones del entorno, resolviendo desafíos estéticos y prácticos. La propuesta de Luis Galliussi puede resumirse así: crear espacios sugerentes, llenos de frescura, usando objetos y materiales poco convencionales que se transforman en composiciones artísticas.
Las mercerías y mercados de pulgas son una galera de mago en sus manos: cintas, plumas, botones, pueden convertirse en ribetes de almohadones, cortinas o marcos de paredes. Su intención, vivir las cosas que están en el mercado y a las que cualquiera puede acceder.
"Hay que tener talento para trabajar y ganarse un lugar que, a mí, aunque ahora tenga muchas compensaciones, me ha costado un gran esfuerzo; pero el mayor talento es poder dar la mejor versión de uno mismo. Humanamente, no somos un estilo ni una moda, y ésa será siempre mi propuesta", concluye con lucidez Luis Galliussi.



