Metáfora de la naturaleza
La obra del estudio Chiurazzi-Díaz-Díaz, construida en 1995, se inspiró en una añosa arboleda existente; el galardón reconoce los méritos de obras que han cumplido diez años de construidas
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En pleno Palermo Viejo, altísimas palmeras, un frondoso alcanforero y otras especies de nítido verde se mezclan con los muros de ladrillo, paños de hormigón y puentes metálicos de la Escuela Ecos, flamante Premio Década 2005. Otorgado por la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Palermo anualmente desde 2003, este premio reconoce los méritos de obras que han cumplido diez años de construidas en Buenos Aires. Tiene su origen en el homónimo que otorga la Fundación Oscar Tusquets en Barcelona, que aporta al local, junto con la Oficina Cultural de la Embajada de España, y cada año un destacado arquitecto español es jurado en Buenos Aires para su adjudicación. Este año fue Josep Lluis Mateo el que seleccionó la escuela secundaria de Serrano 930, obra de los arquitectos Teresa Chiurazzi, Luis Díaz y Alida Díaz, y junto con el premio principal adjudicó dos menciones: el edificio de Cabello 3767, de los arquitectos Busnelli, Davicino, Fridman y Szanc, y la vivienda plurifamiliar de Zapiola 3251, de Daniel Silberfaden y Pablo Rozenwasser.
En Ecos, la indeterminación de efectos: llenos y vacíos, luz y oscuridad, líneas quebradas y curvas, materializan la búsqueda de los proyectistas de lo móvil y lo ilusorio, con masas construidas que nunca ofrecen una visión frontal y definida, sino constantemente mutante al ir cambiando de punto de observación. El respeto por los árboles existentes fue el punto de partida del proyecto, que los acompañó: los edificios se inclinaron, se retiraron, se curvaron, se replegaron para recibirlos y enmarcarlos.
Espacio orgánico
El predio de Ecos estuvo en otros tiempos ocupado por la casa del fundador del club Villa Malcolm, de la que conserva en su fondo un pequeño pabellón, testigo de su antigua función residencial, y las palmeras de principios del siglo XX, cuya "inteligente utilización como punto de partida del proyecto" fue remarcada en el juicio de Josep Lluis Mateo, que señala: "En especial la integración de los grandes árboles ha permitido usar el paisaje como fondo visual permanente y variable en los espacios de enseñanza".
Hoy, las copas de estos árboles dan a la terraza -la escuela tiene cuatro niveles-, una atmósfera apropiada para clases a cielo abierto, y su ubicación genera una calle verde que va vinculando las masas edificadas hasta llegar al patio-plaza que lleva al pequeño salón de usos múltiples (SUM) y biblioteca en el pabellón antiguo, como contrapunto del SUM principal y bloque de aulas y talleres al otro lado del mismo patio.
Puentes y escaleras, de malla metálica (azul como la reja con calados escultóricos de la entrada) y de hormigón visto, conectan los edificios creando una relación difusa entre interiores y exteriores. Relación que se resume en la columna-ojo de la escalera principal, de hormigón macizo que, en transición con perfilería metálica, sostiene la claraboya de policarbonato.
"Una construcción elemental y económica que ha soportado con dignidad el paso de los años -resume Mateo-, y hace pensar que escuela y edificio se han hecho mayores juntos, que éste ha ido envejeciendo al tiempo que aquélla se ha ido consolidando y desarrollando; que el edificio ha sido interlocutor adecuado del uso al que se lo ha destinado, y ha completado un lugar y una historia que, probablemente, sin él ya no existiría."
Espacio compartido con los vecinos
Entre la reja-portón calado de la escuela y la línea municipal, Ecos deja un espacio libre: allí los chicos se agrupan al entrar o al salir, sin ocupar la vereda. Dos árboles existentes dan carácter al espacio, que se cierra cuando es necesario con paneles corredizos de malla metálica sin dintel, para permitir la vista de la perspectiva verde en el acceso. Este atrio está embaldosado como la vereda, pero tras el portón, el solado se transforma en adoquinado, piso semiabsorbente, puramente ecológico. Además, durante todo el proceso de construcción los árboles fueron tratados por especialistas para que no sufrieran; no tomaron aire sus raíces durante las excavaciones, las tareas de obra gruesa se realizaron en época invernal, y fueron monitoreados permanentemente para su correcta conservación. Incluso el alcanforero del patio-plaza posterior, al que se le descubrió una enfermedad que le dejaba poca vida, sigue aromático y creciendo.



