Misterios que atesora el pasado
Pas de Calais y azulejos antiguos reclaman un lugar en el Buenos Aires contemporáneo
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Los primeros azulejos que llegaron a las regiones del Plata datan de principios del siglo XIX, ya que antes de esta época trozos de la loza de la vajilla doméstica eran el único elemento disponible para decorar la cocina y los patios de las señoriales casas patriarcales.
Tanto en Buenos Aires como en Colonia del Sacramento, en Uruguay, se utilizaron algunos azulejos provenientes de las ciudades francesas de Desvres y Aubagne, cuyo tránsito obligado era por el Paso de Calais (Pas de Calais), donde obtuvieron su más corriente denominación.
Los azulejos conocidos como Pas de Calais eran sencillos, irregulares, de alrededor de 11 por 11 centímetros, y los motivos, algo inocentes, se realizaban en un destacado azul cobalto sobre un fondo blanco inmaculado.
Entre otras locaciones famosas, adornaron en el país los cupulines de las iglesias de San Francisco, Santo Domingo y San Miguel y brillaron en el Cabildo de Buenos Aires. Todavía visibles en algunos edificios, también la cúpula de la Catedral porteña conserva piezas originales de Pas de Calais.
Pero el tiempo amenaza a estas pequeñas joyas de la artesanía cerámica con la desaparición. Los azulejos no resisten el olvido ni el deterioro al que lentamente se ven sometidos por los incesantes factores climáticos.
Sin embargo, dos jóvenes artesanas, ambas egresadas de Bellas Artes, conformaron hace menos de tres años una pequeña empresa, Blue Print, para ofrecer a arquitectos y restauradores una amplia gama de piezas, reproducciones de los azulejos Pas de Calais.
La solución es apta para reponer las piezas faltantes o para la creación de nuevos revestimientos inspirados en una antigua tradición.
Con el método de prueba y error, Eleonora y Mariana consiguen en su taller rehacer parte de la historia de nuestra región y confiesan que sus primeros encargos fueron un verdadero desafío para la imaginación.
Después llegaron diversos pedidos, como las piezas de reposición para el Patio del Aljibe en la iglesia del Pilar y los murales de algunas estaciones del subterráneo, para los que necesitaron ampliar la investigación hasta obtener réplicas de otro tipo de azulejos antiguos
Una vez más, las artesanas lograron recrear la magia que irradian estos fragmentos, magia a la que alude Manuel Mujica Lainez en su libro Misteriosa Buenos Aires. En el cuento llamado El hombrecito del azulejo, el escritor revive un motivo típico del Pas de Calais, un personaje ligero y azul que se desprende del azulejo para cuidar a un niño enfermo.



