No hay deuda que no se pague
Por Luis J. Grossman
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Bruno Zevi fue prolijo incluso en cuanto a las fechas de su nacimiento y muerte. Nació en Roma el 22 de enero de 1918 y murió en la misma ciudad el 9 de enero de 2000. Faltaban sólo dos semanas para que cumpliera 82 años.
De esto hablaba con un amigo hace unos días, y el recuerdo de las fechas me indujo a evocar a ese personaje, que dejó marcas en varias generaciones de estudiantes de arquitectura y que acaso no reciba hoy la atención que merece por parte de docentes y alumnos.
No hace mucho, al ofrecer un homenaje al arquitecto Buschiazzo con motivo del centenario de su natalicio, omití destacar que fue en su cátedra de Historia de la FAU donde dictó clases como invitado Bruno Zevi en los comienzos de la década del cincuenta. Aquellos que asistieron a las pulcras y nerviosas disertaciones de ese artista italiano de la palabra reflexiva y punzante -entre los que me cuento- forman la primera de las camadas herederas de su pensamiento.
Un pensamiento que, si no me fallan los cálculos, quedó documentado en treinta libros publicados durante más de medio siglo de infatigable tarea creativa. A partir de 1945, con Verso un´Architettura Organica (Hacia una Arquitectura Orgánica) hasta Il Manifesto di Modena , editada en Venecia en 1998, pasaron más de cincuenta años, pero hay un libro que salió de las prensas cuando ya Zevi había fallecido: es el que dedicó a los Capolavori del XX Secolo (Roma, 2000).
Cuando llegó por primera vez a Buenos Aires, el libro que traía en su maleta era Saper Vedere L´Architettura (al que años después los estudiantes lo mencionábamos por su síntesis: Saper vedere), editado pocos años antes de su viaje y que resumía su pensamiento y sus teorías. Uno de sus epígonos es el arquitecto platense Ruben Pesci, que contribuyó a divulgar "las siete invariantes", una suerte de código anticlásico que Zevi postulaba fervorosamente.
Tal vez una frase de Bruno exprese ese fervor, que no se puede compartir sin debate: "¿Dónde ubicar una pintura, una ventana, una puerta? En cualquier parte, excepto en la mitad de la pared". Así era de categórico y enfático ese italiano que proclamaba su judaísmo cada vez que se daba la ocasión. "Tengo casi 80 años -decía en septiembre del 97- y me siento perfectamente bien, juego tenis cada mañana. Pero desde 1943 me considero un sobreviviente que por ninguna razón en particular escapó a la masacre de su pueblo. Es por eso que pienso en la muerte con serenidad".
La semana última, al aludir al proyecto de Viñoly y de Think y sus cualidades sin ismos , estábamos de algún modo pagando nuestra deuda con Zevi, revalorando la Arquitectura como Espacio.



