Nueva planta impresora
Es la de La Nación ; se realizó en un conjunto diseñado especialmente
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La nueva planta de La Nación se levanta en un predio de casi tres hectáreas y media (34.000 metros cuadrados) rodeada por las calles Zepita, Magaldi, Luna y Luján, en el tradicional barrio de Barracas. Hubo antes en esos terrenos sólidas construcciones industriales de la firma Agar-Cross, tan sólidas que fue un verdadero problema la demolición de las estructuras y sus cimientos.
A propósito de cimientos, se hincaron 960 pilotes a profundidades que llegaron a casi 27 metros medidos desde la cota de la calle. Se trataba de anclar las bases en las que se apoyarían las rotativas, que no sólo representan un peso propio importante sino también una serie de vibraciones que fueron tenidas en cuenta por los ingenieros estructurales.
La nave central, que alberga las dos máquinas impresoras suizas (y reserva espacio para una tercera), mide 110 metros de largo, 12,70 metros de ancho y casi 19 metros de altura. Alrededor de este recinto -que está preparado para crecer en longitud- se levanta el complejo edilicio de 18.400 metros cuadrados con todos los locales y servicios destinados al normal funcionamiento de la planta.
En este sentido se procuró que el edificio mantuviera en su estructuración la misma estructura organizativa que marca la producción, con esta secuencia: almacén de materias primas almacén intermedio producción rotativas con sus servicios auxiliares, producción encarte y sala de expediciones.
Está previsto en el proyecto la adaptación a crecimientos independientes de las áreas sin que ello afecte el lay-out general.
De este modo se han configurado dos volúmenes principales concebidos a modo de contenedores: uno bajo, de 8,70 metros de altura, que unifica todas las áreas que no son las rotativas y sus servicios, y otro que es la ya aludida nave de las rotativas con sus módulos auxiliares.
El cuerpo perimetral está expresado mediante grandes placas horizontales de hormigón prefabricado (de 2,10 metros de altura por 6 de largo), y el cuerpo de la rotativa se eleva con un recubrimiento de paneles de aluminio (Alucobond) y cristal que subraya su contenido industrial de carácter singular y tecnología de punta.
En 12 meses exactos
En un contorno donde prevalece la baja altura de la edificación del vecindario, rodeado por el verde de los follajes y los jardines, la nueva planta impresora de La Nación exhibe una silueta geométricamente perfecta en la que se advierte el equilibrio entre las superficies opacas y vidriadas, a- sí como el lenguaje elocuente de los sistemas estructurales y constructivos adoptados por los diseñadores.
Hay en este punto otro argumento que califica la realización que acaba de ponerse en marcha en Barracas.
Todo el proceso que culminaría con el simple gesto de oprimir el botón que pusiera en movimiento las modernísimas rotativas Wifag (que fueron montadas y puestas a punto por un equipo de expertos y técnicos procedentes de Suiza) tenía que cumplirse en un plazo inamovible: doce meses.
Cualquiera supone que la construcción de más de 18.000 metros cuadrados, en un complejo edilicio que se ubica en un nivel de alta calidad, no es fácil de enmarcar en un margen tan estrecho, sobre todo cuando en parte de ese lapso debían coexistir los constructores con los montadores de las maquinarias de impresión y distribución.
Es por eso destacable la performance cumplida por todos los integrantes del equipo interdisciplinario que se armó para alcanzar el objetivo. Desde la sapiencia de los arquitectosos e ingenieros de BOD de España (con larga y fecunda experiencia en el diseño de plantas para diarios), la eficiente organización de Urgell-Fazio-Penedo-Urgell (U-F-P-U), arquitectos; la versatilidad y calidad de la empresa constructora y la permanente presencia, desde la formulación de los programas de necesidades hasta el punto final del conjunto terminado, de los técnicos de La Nación , todos contribuyeron a la concreción de un plan logístico de alta precisión.



