Oficinas del 2000
El espacio laboral está en constante cambio en todas las áreas en que se desarrolla
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La elección del edificio adecuado es una tarea que llevan adelante expertos en el tema. El developer (el profesional entrenado en el desarrollo de operaciones inmobiliarias) y los arquitectos contratados trabajan en equipo con los directivos de la compañia en cuestión para determinar la ubicación. La facilidad de accesos, la existencia de transporte público de alta frecuencia y la comunicación rápida con las grandes vías de circulación vehicular son condiciones excluyentes.
El paisaje circundante, la presencia de grandes paños vidriados que aseguren un asoleamiento natural y una reducción en el consumo de la iluminación artificial, las visuales y el equipamiento urbano disponible en la zona figuran entre los atributos más requeridos.
El presupuesto disponible, el estado de la construcción, la correspondencia entre la imagen del edificio y la que identifica a la firma, la presencia de servicios comunes de calidad como el aire acondicionado frío-calor con volumen de aire variable, la altura entre las losas para la colocación de pisos elevados y cielos rasos que contengan las instalaciones de electricidad e iluminación y el cableado para telefonía e informática, son otras características que determinan la elección.
Crecimiento inteligente
Un relevamiento de la información publicada en el suplemento Inmuebles Comerciales de La Nación , arroja datos reveladores acerca de las locaciones preferidas por el sector: las corporaciones internacionales eligen zonas céntricas y edificios de última generación para establecerse, y prefieren plantas libres de gran superficie, entre 800 y 1600 m2. El corredor Plaza Roma con construcciones como la Torre Bouchard de alrededor de 36.000 m2, inaugurada en 1995; la Torre Bouchard 710, actualmente en construcción; el Edificio Fortabat de 17.000 m2 terminado en 1995, y el Edificio República de 35.500 m2, obra del arquitecto Pelli, representa uno de los polos de crecimiento más destacados del ámbito porteño. Con más de un 90 por ciento de ocupación, la urbanización conocida como Catalinas (entre la Avda. Córdoba y Retiro y desde la Avda. Leandro Alem hasta la Avda. Eduardo Madero) fue la primera en su tipo. A mediados de la década del 70 ya se recortaba en ese cielo ribereño el Edificio Conurban, de Kocoureck. Ahora Catalinas Plaza de 34.000 m2, terminada en 1995, y Alem Plaza, de 40.000 m2, inaugurada en 1998, componen el conjunto casi gemelo de Buenos Aires y se completan con otro edificio apaisado, el Laminar Plaza, de 31.000 m2 (ver página 10 de este suplemento). Estos edificios fueron, juntamente con el Bank Boston de 46.000 m2, todavía en construcción, los últimos emprendimientos que encontraron espacio en esta zona.
La novedad de los últimos años fue otra urbanización céntrica, muy bien comunicada y poseedora de un alto nivel de servicios y prestaciones: Puerto Madero. A la recuperación de los viejos galpones y el paseo de la margen oeste de los diques, se suman los edificios que hacen de inicio y remate del conjunto, la Torre Telecom inaugurada en 1998, y el Edificio Malecón de 11.800 m2, recientemente terminado. Además, Puerto Madero crece ahora por la margen este de los diques, especialmente el sector lindero con la Reserva Ecológica. Allí se construyen, en la actualidad, los edificios de oficinas del Grupo González diseñados por Mario Roberto Alvarez, Porteño I, II y III, con frente al Dique 3 y, apenas concluido frente al Dique 2, otro moderno ejemplar que lleva el sello de Urgell, Penedo, Manteola, Sánchez, Gómez, Santos, Solsona, Salaberry, será, a partir de este viernes, la sede de Casa FOA 99.
Es posible que una vez listos los emprendimientos en marcha, Puerto Madero modifique su oferta. Hoy por hoy, los precios son más bajos que los registrados en Catalinas y en corredor Plaza Roma, rondando los US$ 1200 a 2000 el m2, la oferta de automatización es menor y abundan los espacios para la recreación.
Con menor crecimiento y lentitud, el microcentro porteño y la zona sur no están totalmente ausentes del proceso de expansión. En su mayoría se trata de mudanzas corporativas como el traslado de los cuarteles centrales de Metrogas o la ampliación de Alpargatas. Palermo, Belgrano y otros barrios residenciales de la Capital presentan nuevos edificios en altura, la mayoría entre medianeras, con usos mixtos de vivienda y oficina, para Pymes y empresas de menor magnitud.
El fenómeno Pilar
Un inédito proceso de movimiento urbano se observa en algunos sectores del Gran Buenos Aires. Con el crecimiento de la población en esas zonas se produjo la radicación de centros comerciales y supermercados, a lo que siguió después el establecimiento de centros de esparcimiento, conjuntos de salas cinematográficas y gastronomía.
En este caso, el proceso de radicación ha sido inverso a lo acostumbrado. Primero se construyeron viviendas en barrios fin de semana , que más tarde se ocuparon de manera estable o permanente. Está claro que hubo ya una cadena de industrias instaladas a lo largo de la avenida Panamericana, así como una concentración en el Parque Industrial de Pilar.
Hubo también importantes radicaciones, como las de Bayer o Acindar, con mayoría de personal administrativo sobre esa ruta, y se levantó un edificio emblemático en el cruce de la avenida General Paz y Panamericana. Casi al mismo tiempo, las oficinas del Citibank y del Diners Club se instalaban a la altura de Villa Adelina, exactamente enfrente de un shopping en constante crecimiento: Unicenter.
Pero ahora el fenómeno alcanza otra dimensión, ya que los edificios para oficinas que se construyen en las afueras de Pilar y en otras zonas del Gran Buenos Aires comportan un importante desplazamiento de una actividad hasta ahora localizada exclusivamente en el centro de la ciudad. Pero la actual posibilidad de realizar toda clase de operaciones bancarias por medios informáticos elimina la necesidad de concurrir en persona a las sedes de los bancos, lo que permite distanciarse de lo que habitualmente llamamos la City .
Estos ingredientes se añaden a un dato que no es menor, y que fue mencionado por el arquitecto Lucio Marcelo Neumann (que acumula larga experiencia en el diseño de áreas administrativas modernas): la mayoría de los máximos dirigentes de las empresas de la actualidad fueron los jóvenes irreverentes que proclamaban amor y paz en los años sesenta. Así se comprende mejor esa preferencia por lo natural, esa preocupación por temas de la ecología y de ruptura con viejos iconos.
En la misma dirección se pregunta Neumann: ¿qué ejecutivo que se preciara habría aceptado trabajar sin secretaria hace diez años? En efecto, hoy es incluso habitual ingresar en una empresa importante y no encontrar recepcionista, la que ha sido reemplazada por un teléfono que permite llamar al visitado, quien más allá de las jerarquías se acerca a la recepción a atender al visitante.
Si, como bien dice el arquitecto Eduardo Zemborain, la oficina es el hardware del proceso administrativo, resulta evidente que, al transformarse el software, el hardware debe adaptarse a esas modificaciones.
La fuerza emblemática de los centros económico-financieros de las ciudades es demasiado vigorosa, y la energía centrípeta de esos núcleos urbanos seguirá siendo atrayente para muchas empresas. Pero lo que se da ahora como un hecho novedoso es la alternativa que permite examinar otras posibilidades, sus ventajas e inconvenientes, y decidir en libertad.



