Once años después se hizo la luz en Mater Admirabilis
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El nuevo año se inauguró con la instalación de los últimos tres vitrales, de un total de once, en la iglesia Mater Admirabilis, en Arroyo y Suipacha. La propuesta, figurativa, procura armonizar con el estilo neorrománico sobrio y elegante de la arquitectura, pero sin resignar la inserción de conceptos estéticos actuales.
Por la necesidad de disponer nuevamente de vitrales en sus ventanales, pues los existentes fueron destruidos durante el atentado a la embajada de Israel, en marzo de 1992, el trabajo, en diferentes etapas, comenzó en 1999, gracias a la iniciativa y creatividad del padre Juan Bautista Ramírez, y la realización del vitralista Fivaller Pablo Subirats, que restauró algunos de los vitrales del Teatro Colón.
Dado que era imposible rescatar nada de los originales, el padre Ramírez diseñó los nuevos sobre la base de temas bíblicos combinados con referencias urbanas de hoy. En tanto, detalla Subirats, "el trabajo de realización consistió en reproducir los bocetos y mantener la misma tonalidad cromática, por medio de una técnica antigua y el uso de óxidos vitrificables".
Suma de momentos
Si bien no hay una continuidad total en el relato pictórico, su sentido se construye con la suma de diferentes momentos del Nuevo Testamento. A la izquierda, apenas se accede a la nave principal, se pueden observar los tres vitrales del atrio que conforman un mismo motivo, en los que aparecen la Virgen embarazada, los apóstoles en medio del impacto divino (agobiados por Dios en tránsito hacia la santidad); abajo, el Arbol de la Sabiduría y el demonio pisado, situado en el contexto urbano de la ciudad de Buenos Aires.
El recorrido continúa en el muro lateral izquierdo con otras tantas escenas: la primera, con el Niño Jesús sostenido en el templo, la Virgen María y José; en la segunda están José, María y Jesús camino a Egipto, y en el tercer ventanal está Jesús crucificado, desde una perspectiva aérea en la que se divisa a su Madre con los brazos elevados. En el altar se ve la imagen de José inducido al sueño por un ángel con el fondo de las pirámides de Egipto, junto a otro vitral con San Francisco y el lobo.
En uno de los ventanales del muro lateral derecho, María sobre un burro, junto a Isabel, embarazada de Juan Bautista, con un poblado como fondo; en otro aparecerá María mientras recibe el anuncio de la llegada del Niño Jesús. El tercero de esta serie muestra el casamiento de María y José.
En el taller
Para hacer estos vitrales, Subirats rescata los métodos antiguos, remontándose hasta el Alto Medievo: "Se esmalta y hornea cada pieza incolora, que después se ensamblan con las trazas de plomo; esto permite pintar sobre el vidrio como si fuera papel o tela. Se emplea una paleta de colores de gran potencia lumínica, limpieza cromática e infinidad de tonalidades. Estos metales u óxidos vitrificables se obtienen a partir de una profunda decantación química de metales, lo que facilita la reproducción fiel de los colores y una armonía con las tonalidades del resto de la iglesia".
Una técnica artesanal
La técnica artesanal que emplea Fivaller Pablo Subirats consiste en esmaltar y hornear cada una de las piezas incoloras que serán ensambladas con las trazas de plomo. Luego pinta sobre las teselas de vidrio, con gran variedad cromática. Usa esmaltes u óxidos vitrificables obtenidos a partir de una profunda decantación química de metales. El trabajo se completa con la grisalla, esmalte opaco que resulta del óxido de hierro o bióxido de manganeso, recurso que da carácter a los trazos del dibujo y profundiza las sombras tanto como se prefiera, hasta impedir por completo, si es necesario, el paso de la luz.



