Ordenar la ciudad

Con la autoría del arquitecto Tony Díaz, Unión Fenosa realizó una verdadera pieza urbana para Madrid
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30 de enero de 2002  

Tony Díaz es un arquitecto igualmente querido y respetado por sus contemporáneos y por aquellos que alguna vez fueron sus alumnos en la UBA o en la ya mítica Escuelita , aquella creación que compartió con Justo Solsona y otros colegas.

Aun cuando nació en España, se crió y formó en Buenos Aires, donde formó parte del estudio Baudizzone, Díaz, Erbin, Lestard y Varas en la época en la que se realizaron los proyectos de algunos célebres concursos (entre ellos, el barrio Centenario de Santa Fe).

Radicado en su país natal desde hace ya muchos años, Díaz nos presenta hoy una obra de características singulares, ya que se trata de un proyecto que, al decir del arquitecto, "resuelve un problema particular de la ciudad".

El proyecto para la sede administrativa de la empresa eléctrica Unión Fenosa debía construirse en un área ocupada por grandes instalaciones eléctricas (pertenecientes a Unión Fenosa) que le habían dado a este sector de Madrid un cierto carácter periférico.

Si bien la zona se iba consolidando como residencial, esta consolidación partía de una mezcla de usos con distintos tipos de viviendas y equipamientos, lo que dio como resultado cierto desorden más o menos controlado. Por eso, al proponer Unión Fenosa el reemplazo de parte de sus grandes instalaciones eléctricas por un conjunto de oficinas, el reto era crear una pieza urbana integrada por edificios que se convirtieran en el punto de referencia principal del lugar y, a partir de ello, lograr un cierto tipo de orden en esta parte de la ciudad.

Por otra parte, el proyecto se sometía a dos premisas importantes: que los 40.000 m2 totales debían construirse en un solar donde continuaban funcionando otras grandes instalaciones eléctricas al aire libre, y que el proyecto debía respetar las normas fijadas para los edificios de viviendas colectivas del vecindario (fachadas de no más de 20 metros y altura no mayor de 14,50 metros).

El programa de necesidades se resumía en 20.000 metros cuadrados de oficinas y otro tanto repartido entre un auditorio, varias salas de reunión, cafetería, restaurante, áreas para archivos y salas de máquinas y, sobre todo, garaje para 800 automóviles.

Para cumplir con las normas aludidas, el programa de oficinas se repartió en pequeños edificios de cuatro plantas de 400 m2 cada una. Se compuso así una pequeña ciudadela que generó una situación urbana particular en ese sector de la ciudad. Esta ciudadela que ya es un hito urbano y que ayuda a minimizar el caos arquitectónico del lugar.

Dada la pendiente del predio, se fijó una cota por arriba de la cual se ubicaron ocho edificios para oficinas, que forman una suerte de muralla frente a la avenida principal (San Luis) y hacia las grandes instalaciones que permanecen en el sitio. Se crea así una zona interior ajardinada y otros edificios de oficinas, que se abre a la ciudad y a las áreas residenciales circundantes.

En la planta baja se ubican el acceso general y los espacios públicos (auditorio, salas de reunión, restaurante, etcétera). Por debajo de esta planta están los dos niveles de estacionamiento, que se conectan con ascensores directamente con los edificios administrativos.

Las estructuras son de hormigón armado con fachadas revestidas con placas transventiladas de travertino. La única excepción es el edificio poligonal central (la Presidencia), con fachadas de acero. Según fuera la orientación, se diseñaron las distintas fachadas, para controlar la incidencia del sol y lograr un balance térmico más equilibrado.

Un detalle que destaca Tony Díaz se refiere a los encuentros en ángulo de las fachadas transventiladas, los que fueron especialmente diseñados. Las piedras están colgadas a cierta distancia de la mampostería y eso queda en evidencia en los detalles de acabado, el tamaño y la traba de las placas.

Coherente y tenaz

Si se observan las imágenes que entregan detalles (tanto en las fotografías como en las elevaciones de los edificios), podrá reconocerse esa sintaxis de llenos y vacíos que evoca tanto a Aldo Rossi -lo que no es extraño para los que conocemos las ideas de Tony Díaz- como incluso a Giorgio Grassi, dos figuras destacadas de la arquitectura italiana y europea de la segunda mitad del siglo XX.

Es una coherencia y una continuidad (expresadas en un lenguaje de ángulos rectos y cuadrados) que valorizan la tarea del estudio Díaz y Quero de Madrid.

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