Original: arte y diseño contra los piratas
Alejandro Ros realizó numerosas tapas de compactos para músicos nacionales, tan creativas como costosas, para competir con el mercado negro discográfico
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Alejandro Ros es diseñador gráfico, tucumano y DJ para sus amigos. Desde principios de los años 90 realiza la imagen gráfica de los músicos más importantes del país. Trabajó junto a grandes del rock como Soda Stereo, Charly García, Fito Páez o Divididos, y hoy diseña las tapas también de Bajo Fondo (Tango Club), el nuevo tango electrónico nacional. En su estudio totalmente blanco --paredes, muebles y aberturas-- hay libros, muchos discos, una computadora y un reloj de Boca Juniors.
--¿Cuál fue tu primera tapa?
--Empecé en 1990 con Sergio Pérez Fernández, que trabajaba para Fito Páez, pero la primera tapa realmente mía fue Dínamo, y enseguida vinieron Sueño Stereo y Rex Mix (Soda Stereo). De esa primera época la tapa que más recuerdo es Amor amarillo, disco solista de Gustavo Cerati cuando Soda todavía no estaba disuelto; la discográfica no quería hacer ruido, para no marear a la gente. Fue un caso muy raro que me permitió mucha libertad. La tapa era amarilla sin ninguna foto ni nombre; sólo tenía un círculo calado en el centro y el nombre del autor en el lomo. La caja era también amarilla, algo muy raro en esa época porque todas las tapas eran transparentes.
--Salir de lo estándar seguramente las hacía más caras. ¿Esto no te traía problemas con los sellos?
--Sí, por supuesto, porque las diferencias económicas eran grandes. Ellos no querían hacer nada fuera de lo convencional. En esa época era muy importante el apoyo de los músicos. Era como un capricho del artista. Ahora esto cambió completamente. Desde hace unos cinco años el crecimiento de la piratería y del MP3 --formato en el que se baja la música por Internet-- hizo que las compañías necesiten diferenciarse por la calidad y el diseño del envase. Es su valor agregado.
--¿Cuánto tiempo dedicás para diseñar cada una de tus tapas?
--El ideal es empezar a trabajar con el artista cuando todavía está componiendo, unos tres meses antes de salir el disco. Ahí escucho demos, voy a ensayos, recitales, y paso tiempo con ellos para llegar a la primera idea. Para el último disco de Spinetta, que se basó en la utilización de texturas fotográficas e imágenes de árboles, incluí objetos que me acercó él y también fui a su casa a fotografiar algunos árboles. Es una relación muy cercana e intensa la que se necesita dar con los músicos.
--¿Las demandas son caprichosas?
--No, para nada. Mi trabajo es poder comunicar lo que ellos necesitan. No me expreso libremente a mi antojo. Están los que me dan total libertad y los hipercontroladores. Ningún extremo es el más cómodo. La confianza y el profesionalismo son muy importantes porque yo también a veces les pido cosas incómodas o raras, como a Sandra Mihanovich que se metió en una pileta en pleno invierno para hacer unas fotos. Pero antes de la propuesta está lo que el músico quiere transmitir y eso es muy importante. Por eso no tengo un estilo. Todas mis tapas son absolutamente distintas porque parten de procesos y experiencias únicas y muy singulares.
--Sin embargo te catalogan de moderno, de tener una gráfica pop, digital?
--No sé si soy moderno o no, pero mis referentes son diseñadores de la época anterior a las computadoras como Müller-Brokmann, Paul Rand o Saul Bass. No es que no use la máquina, pero nada de lo que diseño está procesado o alterado por filtros u otras herramientas digitales.
Las texturas que uso son fotografías que yo saco y con la tipografía soy muy conservador. En general uso Helvética, Futura, Bodoni o Clarendon. Una tipografía de moda hace que una tapa pierda vigencia muy rápido, termina cansando.
--Después de diseñar los tres últimos discos de Divididos, Narigón del siglo, Viveza criolla y Vengo del placard de otro, ¿te molestó que le dieran la tapa de Vivo acá a otros diseñadores?
--No, para nada. La música es así. Necesita cambiar, probar cosas nuevas, y el trabajo que hizo el estudio El Fantasma de Heredia me parece muy bueno, muy interesante.
Ahora estoy trabajando en la tapa de Frenesí, el nuevo CD de Mimi Maura, y empecé a trabajar con Cristóbal Repetto --de Bajofondo -- para delinear las ideas de su primer disco solista que va a salir en unos meses.
Delirios de un artista o marketing estratégico
Uno de los rasgos más fuertes de Ros es la permanente innovación en el formato de las tapas. Sus ganas de sorprender con trucos gráficos, de sugerir emociones y sensaciones no se detuvieron ante el primer no de las editoras en sus comienzos, y hoy se le permiten caprichos costosos, pero que evidentemente funcionan. Un caso bastante reciente fue la tapa de Bersuit, donde la foto de una nena tenía pegados ojos de muñeca que se movían. Estos ojos debieron montarse uno a uno de forma artesanal en la imprenta.
El último disco de Melero (Recolección vacía) trae el CD montado en la tapa de la caja, y en el lugar donde debería ir el disco está la foto del espacio vacío. Segundo, de Juana Molina, incluyó en su interior un pequeño libro de poemas cosido a mano; y el último de Fito Páez (Naturaleza sangre), un insert en pequeño formato (6 x 7 cm) de fotografías de hechos cotidianos. Otros CD también incluyeron imanes para el cierre de la caja, gofrados que daban relieve a las texturas, calados y plegados irregulares. Pero además, para confirmar la regla, hubo un caso distinto. En la colección de música electrónica de Frágil Discos, para abaratar costos se usaron cajas transparentes con etiquetas pequeñas y discos impresos con un solo color.



