Otra vez Vitruvio y la necesaria idea de firmitas
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Asumo que uno corre el peligro de parecer monotemático en la recurrente cita del ya legendario arquitecto romano, pero lo cierto es que cuanto más lo leo y lo releo advierto la sabiduría que contiene aquella tríada clásica que enunció Vitruvio en los albores de la era cristiana. Porque cuando dijo "utilidad-solidez-belleza" (utilitas-firmitas-venustas) el orden seguía una secuencia absolutamente lógica.
Si una construcción no persigue una cierta utilidad (puede ser práctica o simbólica o incluso espiritual, lo mismo da) no tiene sentido hablar del resto. Pero si aceptamos la primera de las nociones, debe levantarse con solidez, debe ser firme. Y para que lo consideremos arquitectura, debe ser bella, no como un dato que aparece al final, por añadidura, sino porque esa virtud debe estar incorporada en el mismo proyecto que nació de la primera necesidad de ser útil. Siempre recuerdo la inteligente frase de Edgardo Giménez: "Si no es bello, no es funcional".
No hace mucho, en una cena que compartimos con Mario Roberto Alvarez y Leonardo Kopiloff en Buenos Aires, el invitado de honor era el célebre colega español Helio Piñón, autor de un estupendo ensayo sobre la obra del estudio argentino de Alvarez y Asociados. Y recuerdo con nitidez el mal humor que traía de su paso por un jurado en la Facultad de Arquitectura, donde al evaluar los proyectos de torres de alumnos de posgrado, le llamaba mucho la atención la falta de interés demostrada por los proyectistas en la estructura de sus diseños, porque sería resuelta por otros. A nadie se le escapa que uno acude a ingenieros especializados para el cálculo y el dimensionamiento final del esqueleto del edificio que proyectamos, pero tampoco se olvida que el arquitecto lo tuvo presente en los trazos iniciales de sus ideas.
Me angustia saber qué piensa sobre esto el arquitecto ruso Nodar Kancheli, aunque francamente no quisiera estar en sus zapatos. El viernes apareció la noticia del derrumbe en Moscú del techo de un mercado diseñado por este arquitecto de 68 años que ya tuvo, apenas dos años atrás, otro episodio parecido cuando se vino abajo el parque acuático Transvaal Park. Ese accidente dejó 28 muertos, a los que se sumaron 56 con la caída del techo de Moscú. La noticia daba cuenta de otras 15 víctimas con el derrumbe de una pista de patinaje en Alemania (el 2 de enero) y 65 muertos en Polonia el 28 de ese mes, bajo el techo de un centro de exposiciones.
Los tres colapsos se atribuyen al peso de la nieve depositada en las cubiertas, un dato que no escapa a ningún calculista en el hemisferio norte cuando analiza los antecedentes para tener en cuenta en las sobrecargas de un edificio. Por eso traje a colación la dos veces milenaria sentencia de Vitruvio, porque parecería que en muchos diseños recientes el dato de firmitas pasó a un segundo plano, y no creo que sea ésa la cualidad de una buena arquitectura, sin menoscabar la belleza de sus formas, al contrario. A los deudos de las 136 víctimas de los derrumbes acaecidos en Europa en lo que va del año pocas explicaciones han de satisfacerlos, y eso es imperdonable.



