Otro espacio para los que juegan
Con 10 ha, desde abril funciona en Pilar el Stallion Golf & Driving Range
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Está funcionando en Pilar el Stallion Golf & Driving Range, desde abril último, un complejo de 10 ha en el km 49 de la ruta Panamericana, ramal Pilar, que se consolidó como uno de los centros de práctica de golf más destacados del mundo.
Con un kilómetro de frente sobre la Panamericana, el complejo está compuesto por un sector para juego largo (driving range) y cancha de golf con 6 hoyos que se juegan en tres rondas, más un sector para juego corto, que fue ya escenario de varios torneos.
Su clubhouse, de aproximadamente 300 m2 de superficie cubierta, fue proyectado por el estudio Beraldo y Echeveste Arteaga Arquitectos, la parquización estuvo a cargo del arquitecto Carlos Thays, y el diseño del campo de golf fue realizado por el estudio Caprile y Capdepont.
El gerenciamiento correspondió a Juan Manuel Guix, y la dirección de obra, al arquitecto Daniel Echeveste Arteaga. Fue asesor en instalaciones eléctricas especiales y realizó el proyecto de iluminación el ingeniero Francisco Gil.
Los fundamentos
Dos ideas básicas estructuran el proyecto. La primera es el desarrollo, a partir del acceso al clubhouse, de un eje de 150 m que lo atraviesa virtualmente y se continúa en las gateras del driving range. Es la columna vertebral por donde se mueve el público.
Ya fuera del clubhouse, una circulación de 2,50 m de ancho que pasa por detrás de las gateras facilita su funcionamiento. A partir de esta circulación, el jugador se mueve con libertad entre los tres sectores: tiro largo (exclusivamente desde las gateras), tiro corto y campo de golf de 6 hoyos.
La segunda idea fuerza fue que en la arquitectura del clubhouse pudiera identificarse un carácter patagónico, requerimiento del comitente. Así, se recurrió a materiales típicos del área, como las estructuras de madera natural para las cubiertas y los techos de chapa acanalada negra con canaletas artesanales.
La imagen se completa con revestimiento de piedra y troncos trabados con la técnica de los hacheros misioneros, pero ejecutada con motosierra. El edificio se prolonga en un deck y una pérgola.
Un mirador marca el eje en altura y es el centro del control administrativo del club.
Materiales en alianzas diferentes
"Desde esta atalaya --explica el arquitecto Echeveste Arteaga refiriéndose al mirador--, se ven todas las gateras; por el otro lado se ve el estacionamiento, hacia atrás se controlan los servicios y, hacia delante, este espacio se abre sobre el salón principal de la confitería."
Un hogar de 10 m de altura en piedra, donde cabe un hombre parado, define con su impronta el sector del restaurante. Los pisos en ferrocemento arena, que mezclan siena y blanco, agregan un toque inusual. La estructura es combinada de mampostería y metálica, aunque como primera medida para la ejecución de la obra se decidió cubrirla para poder trabajar incluso en días de lluvia. De tal modo, la estructura de perfiles metálicos, que sostuvo la cubierta durante los cuatro meses de obra del clubhouse, fue luego revestida en madera.
Tecnología de avanzada
Las cabañas destinadas a starter (largada), control de acceso, vestuario, guardia, sala de máquinas y depósito están realizadas con la técnica de los troncos encastrados usados estructuralmente.
En la circulación tras las gateras, paneles de policarbonato protegen a los jugadores del viento.
Entre el equipamiento, el club cuenta con muchos elementos importados, como lavadero de pelotas y expendedores automáticos, que permiten al jugador, desde cualquier gatera, obtener un canasto con ciento veinte pelotas, y el tractor, que levanta treinta mil pelotas todas las noches, que se lavan y distribuyen en los dispensers de las gateras.
Si bien la imagen tiene reminiscencias de la arquitectura histórica de acuerdo con los requerimientos del comitente, todo se resolvió con técnicas de hoy.



