Palos porque bogas y si no, también
Por Luis J. Grossman Para LA NACION
1 minuto de lectura'
El jueves último, dos notas publicadas en La Nación me parecieron resumir buena parte de las contradicciones y paradojas que se ponen de manifiesto en las relaciones entre la comunidad (o una parte de ella) y el Gobierno de la Ciudad.
Los dos escritos aparecieron casi enfrentados, lo que hacía aún más rotunda la relación valorativa entre los argumentos expuestos por sus respectivos autores. Uno es el doctor Giovanni Jannuzzi, embajador de Italia en la Argentina, con un texto en el que sobrevuelan la agudeza y la poética de un literato de notable estatura: Buenos Aires, misteriosa y cotidiana .
El otro es una carta enviada por el arquitecto Enrique García Espil, secretario de Planeamiento Urbano del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En la nota, el funcionario se refiere a una polémica originada por las obras de terminación del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), conocido por muchos por el nombre del empresario y coleccio-nista que promovió su construcción: Eduardo Costantini.
Palos porque bogas
Es lamentablemente un fenómeno corriente entre nosotros, y el periodismo suele exacerbarlo al extremo, la queja permanente (de allí la aplicación del refrán español que aludía a este tipo de personajes que sólo tienen comentarios negativos: "palos porque bogas, palos porque no bogas") y la búsqueda de culpables en un ambiente de suspicacias y visiones conspirativas. Son los que, en medio de un incendio, preguntan ¿quién fue?, en lugar de ayudar a apagarlo, para luego proceder a la investigación de las causas.
Estas reflexiones vienen a cuento al observar la reacción de algunos vecinos de Barrio Parque ante la construcción todavía inconclusa del Malba.
Comentarios infundados, tal como lo revela en su carta el arquitecto García Espil, prevenciones también arbitrarias y erróneas (como la que se hace a propósito de las sombras que arrojará el nuevo edificio), ya que por la orientación del terreno, la construcción proyectará sombras sobre la avenida Figueroa Alcorta, sobre la plaza República del Perú y sobre el atrio formado hacia la calle San Martín de Tours.
Más allá del respeto por las normas legales a las que deben ajustarse las edificaciones en la ciudad (un tema que hemos defendido fervorosamente en los tiempos de las excepciones del ya desaparecido Concejo Deliberante), estamos ante un caso por completo diferente. No se trata aquí del lucro a que aspira un especulador que conseguía por procedimientos non sanctos hacer varios pisos más aumentando así el beneficio obtener por una construcción sobre un terreno que permitía levantar menos metros cuadrados. Tampoco es alguien que compra un terreno por diez para venderlo por veinte.
Puede argumentarse que ha habido una omisión en el programa de necesidades original. Y se estaría en lo cierto. Un museo contemporáneo no puede carecer de un espacio para exposiciones temporarias. También se dijo en su momento (aunque es un argumento que sigue siendo muy discutido) que el edificio no dispone de la cantidad de cocheras necesarias. Argumento debatido porque ni el Museo Nacional de Artes Decorativas ni el Museo Nacional de Bellas Artes ven dificultado su accionar por no contar con cocheras propias.
Si estimamos que buena parte de la concurrencia a un museo de este tipo está compuesta por estudiantes y turistas, el tema del estacionamiento no es tan relevante si se resuelve la ubicación momentánea de algunos buses.
De todos modos, esta última cuestión podría resolverse muy fácilmente construyendo un estacionamiento subterráneo debajo de la Plaza República del Perú. Con cocheras que servirían al barrio Parque y al Museo, no al centro comercial vecino.
Por eso debemos coincidir con el secretario de Planeamiento cuando sugiere que "será una inteligente decisión la aprobación de esta ley que posibilitará la exhibición de una maravillosa colección de arte latinoamericano para todos los porteños". A loque deberíamos añadir provincianos y extranjeros.
Colofón
Recomiendo leer -o releerlo- el artículo del doctor Giovanni Giannuzzi. "Ni siquiera creo -afirma- que le rindan un buen servicio quienes miran a Buenos Aires con el prisma de la nostalgia, estancados en la añoranza de una fascinación perdida. La ciudad es bella como es: viva, fuerte, vital, con su pulso moderno que, sin embargo, deja intactas zonas de silencio y secretos encantos". Coincidimos con usted, señor embajador.



