Por el tiempo venidero
Por Luis J. Grossman
1 minuto de lectura'
Si se analiza el estruendo concentrado alrededor del 2000, que aumenta en intensidad a medida que nos acercamos a esa fecha, se advierte de qué modo errático funciona eso que damos en llamar psicología social.
No importa que gran parte de la humanidad se maneje con otras medidas del tiempo (los judíos transitamos el 5758, los chinos y los árabes utilizan mediciones mayores y menores, respectivamente), lo cierto es que ya se agotaron las reservas para el próximo fin de año (no me refiero, ciertamente, al de esta semana, sino al del 1999) en Nueva York y en París.
Y me animo a pronosticar que otro tanto va a ocurrir cuando llegue a su fin ese año crucial , porque entonces sí se dará pie al argumento que afirma _con razón, a mi modo de ver_ que en ese minuto se cruzará el puente entre el segundo y el tercer milenio. Para las cadenas hoteleras y las compañías aéreas no es malo disponer de dos celebraciones ecuménicas consecutivas.
De lo dicho se desprende que ésta es la ocasión última, en este siglo, para intentar un balance anual, porque dejando de lado la ya aludida controversia acerca del auténtico fin de milenio, a partir de ahora se hablará de lo acontecido a lo largo de diez, cien o mil años.
Sólo un repaso
Hubo un reflotamiento de la arquitectura de museos, ya que casi al mismo tiempo se dieron a conocer tres ejemplos de buen diseño en esa dirección: el ya conocido proyecto para el Museo de Arte Latinoamericano que impulsa Eduardo Costantini, del que son autores tres jóvenes arquitectos cordobeses; el museo destinado a la Colección Fortabat, proyectado por Rafael Viñoly, y la ampliación y remodelación del Museo de Arte Moderno (con la anexión del Museo del Cine) según los planos dibujados por Emilio Ambasz. A estas iniciativas ligadas con la cultura se le añade el proyecto para la nueva sede de la Universidad Di Tella, cuyo autor es Clorindo Testa con los arquitectos Juan Fontana, Juan José Barros Tomé y Horacio Rodrigo.
Como ya resulta habitual, la Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires es un acontecimiento que irradia su influencia mucho más allá de la semana que abarca. Este año, para quien esto escribe, tuvo la Bienal como efecto inmediato la ocasión de conocer a algunas personalidades de excepción. Ese fue el caso del italiano Massimiliano Fuksas, del israelí Ram Karmi, de los hermanos Krier (en debate con una audiencia de estudiantes y jóvenes arquitectos), de una leyenda viviente como Frei Otto.
Y hubo oportunidad también de volver a alimentarse con la experiencia vital de colegas como Laureano Forero, Jaime Lerner, Abraham Zabludovsky, Toyo Ito y César Pelli, entre muchos otros encumbrados arquitectos del mundo entero.
Hubo importantes exposiciones, y dentro de las de la Bienal se destacó nítidamente la de Antonio Bonet, un homenaje que debería consolidarse aquí con una muestra permanente de ese maestro cuyas lecciones están vigentes pese al transcurrir de los años. También fue memorable la exhibición de Hertzberger, la de maquetas de Palladio, la de arquitectos jóvenes de Francia (en el Museo Nacional de Bellas Artes) y de Italia (ésta, como la de Bonet, en el Centro Cultural Borges).
Revistas e instalaciones
El material impreso tiene en la Argentina dos pilares macizos: la revista Summa+ y la editora CP67. Y en 1998 se produjeron dos reapariciones: la de la revista Ambiente y la de Ediciones Infinito, dos nombres ya incorporados (el último es emblemático) a la cultura arquitectónica y del diseño.
Infinito despide el año con un libro que dará que hablar: Solsona , cuyo subtítulo aclara Entrevistas. Apuntes para una autobiografía . Y en La Plata se divulgó en las últimas semanas El lenguaje de la arquitectura moderna, de Héctor Tomas, otro volumen que enaltece nuestra literatura especializada y será motivo de más de un comentario.
Por fin, con una concurrencia numerosa y atenta, la Universidad Di Tella inauguró, en la tarde del sábado 19 (ver nota en páginas 6 y 7), una construcción a mano alzada de John Hedjuk, aquel miembro de los Five, que fue traducido a planos y pliegos por un equipo dirigido por Jaime Grinberg. Casi al mismo tiempo se daba a conocer el tercer número de Block, la revista libro que dedica esta entrega a las ideas y la figura de Aldo Rossi.
Fue un buen epílogo para un período con destellos luminosos, vital y creativo.



