Premio Pritzker, en femenino: Zaha Hadid

Iraquí radicada en Londres, es la primera arquitecta que recibe esta distinción. La suya es una obra urbana, inspirada en la gente
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21 de abril de 2004  

MADRID (Especial).-- Gran noticia: la arquitecta británica Zaha Hadid (de 53 años) acaba de ganar el Pritzker de Arquitectura (en su 22a. edición), convirtiéndose en la primera mujer en obtener esa distinción.

"Aunque su obra es relativamente pequeña, ha conseguido una buena respuesta, y su energía y sus ideas muestran un futuro muy prometedor", señaló Thomas J. Pritzker, presidente de la Fundación Hyatt, que con este premio honra, anualmente, a aquellos arquitectos vivos cuyo trabajo refleja "talento, visión y dedicación". Entre otros, ya lo obtuvieron Philip Johnson, Richard Meier, Norman Foster, Rafael Moneo, Alvaro Siza o Jorn Utzon, ganador del año último.

Hadid también es pintora, ha diseñado el montaje de exposiciones, y realizado escenografías para ópera y danza, como la Charleroi Dance Company de Bélgica, y para el espectáculo Pet Shop Boys World Tour, de 1999.

El jurado destacó la difícil trayectoria profesional de Hadid desde sus orígenes iraquíes hasta su consagración en Londres, donde vive y trabaja. Entre los fundamentos de la distinción se consigna que reivindica una arquitectura urbana, modesta, nada monumental, pensada para el bienestar del ciudadano, frente a una arquitectura grandilocuente.

Entre sus obras figura el Museo de Arte Contemporáneo de Roma, que ocupa el espacio de unos antiguos cuarteles. Para Hadid: "Construir un edificio en Roma, donde hace más de 40 años que no se ha hecho nada nuevo, es todo un reto". Pensando en las numerosas ruinas de la ciudad, optó por un proyecto horizontal, en capas. En Barcelona está diseñando un espacio público, la Plaza de las Artes, que se codeará con el rascacielos de Jean Nouvel y con el futuro Museo de Artes Decorativas y Diseño que proyecta el taller de Oriol Bohigas. "Es un espacio serpenteante, poblado de salas de cine y teatro. Mi propósito es dar unidad a distintos niveles, con un edificio sin alzado en un lado y otro espectacular en el otro", señaló. También está trabajando en el Museo Guggenheim de Taiwan, que constará de estructuras móviles, y en un edificio para BMW en Leipzig. Y como dato de moda, participa del furor de los arquitectos por el diseño de bodegas: planea un edificio con metal ondulado como cubierta de las obras para la bodega López Heredia, en La Rioja española.

En charla telefónica con LA NACION, y a poco más de un mes de la recepción del premio (el 31 de mayo, en el Museo del Hermitage de San Petersburgo), Zaha Hadid amplía detalles.

--¿Cómo es su lucha profesional del día a día?

--Es continua, sobre todo porque siendo mujer es muy difícil ser aceptada como arquitecta y diseñadora. Es un mundo de hombres y yo tengo mi propia mirada y mi manera de pensar la arquitectura. También hay que tener en cuenta que soy una extranjera viviendo en Londres. Hay muchas barreras que te impiden llevar con normalidad ese día a día, sobre todo haciendo el tipo de trabajo que hago, nada conformista. Pero como estoy convencida, sigo mi camino y digo lo que quiero decir.

--¿Cómo trabaja su estudio?

--Somos un grupo, trabajamos juntos y yo tengo la última palabra. Tenemos muy buenos diseñadores y arquitectos, que siempre están trabajando para ver cómo encaja el proyecto con la ciudad, con la gente. Para dar una respuesta adecuada, aunque no sea tradicional, es preciso respirar el feedback que da la ciudad, el contexto. Hacemos bocetos, modelos, pinturas y usamos la computadora, que globaliza esa información. El presente me atrae porque mis proyectos están en terrenos muy diversos y me plantean intervenciones muy dispares.

--¿Por dónde va la innovación en arquitectura?

--Cambia constantemente. No hay un camino, pero la tecnología, las computadoras, permiten un escenario donde el trabajo no es diferencial y sí más homogéneo, y ése es el problema. Si estamos hablando de cómo ha crecido el interés en el minimalismo, creo que esa actitud es conservadora porque un edificio sin decoración, sin diseño interior, no es necesariamente moderno. El nuevo minimalismo tiende al monumentalismo y eso es conservadurismo. Mi postura es más compleja, con cuidado por los detalles y los materiales porque la arquitectura tiene que buscar la belleza y no sólo los usos sociales. El conservadurismo en Inglaterra ha hecho proyectos de restauración o casas privadas. Creo que la arquitectura de arquitectos, como en España, Alemania u Holanda, es la que hace buena arquitectura enfocada a edificios públicos, proyectos de urbanización, operaciones urbanísticas, viviendas colectivas.

--¿Por qué eligió Londres para instalar su estudio?

--Me encanta esta ciudad; pasan muchas cosas y muy variadas. Y hay vida arquitectónica y edificios nuevos, aunque la mayoría de los trabajos tienen que ver con la restauración. En los últimos años, la ciudad empezó a ser más continental. Antes, buscar un café a las 3 de la madrugada era imposible. Ahora hay nuevos restaurantes, bares y se parece más a países como España, Italia y a los de América del Sur, donde la vida pública es lo que más importa, y para mí esto es muy positivo. Se ven tiendas de muebles, de diseño interior y se educa el gusto de la gente, que así consume más estética. Todos esos sitios tienen interiores muy modernos y su influencia se siente porque la gente, cuando quiere pintar y decorar su casa, piensa en lo que ha visto. Pero creo que esto está pasando en todas las grandes ciudades.

--¿Qué validez tienen los congresos y bienales de arquitectura?

--Son importantes, porque gente de todas partes del mundo puede discutir ideas y es importante saber si lo que a ti te importa es lo mismo que importa e interesa a los demás. Es la única manera de que podamos seguir con nuestros propios proyectos, contrastando con lo que hacen los otros.

La heroína que fascina a todos

Frank Gehry, miembro del jurado y ganador del Premio Pritzker en 1989, definió así a su colega Zaha Hadid: "Su trayecto hasta el reconocimiento internacional ha sido una lucha heroica en la que ascendió a los más altos escalones de la profesión. Sus clientes, los periodistas y sus colegas quedan fascinados por sus formas dinámicas y estrategias para alcanzar una perspectiva arquitectónica genuinamente original. Cada uno de sus proyectos es más audaz que el anterior, y su capacidad de ser original parece no acabarse nunca". Siendo el mundo de la arquitectura un espacio de reconocimiento que aún pelean las mujeres, este premio es todavía más significativo.

En una entrevista publicada en el diario inglés The Guardian, Hadid reconoció: "Cuando una mujer hace las cosas mejor que los hombres, les afecta mucho. No sé si pasa en otras profesiones, pero sí en la arquitectura. Si no fuera tan temperamental, si no pensara que merece la pena meter la cabeza y perseverar, en muchos momentos abandonaría porque en este mundillo la gente te trata muy mal por ser mujer".

En este ambiente no exento de polémicas, de "internas" y de "estrellas", Hadid "ha construido su carrera mediante el desafío a las convenciones arquitectónicas --subrayó Karen Stein, otro miembro del jurado--. Y no admiramos su radicalismo por sí mismo, sino porque con él alcanza un exquisito balance de extremos que es realmente revolucionario. Su trabajo, como su personalidad, es difícil de clasificar: es a la vez provocador y sensato, futurista y anclado en la tradición histórica".

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