Puesta en valor de una sede del Poder Judicial
Se trata del edificio de Marcelo T. de Alvear y Callao
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La cuadra de Marcelo T. de Alvear entre Callao y Riobamba está consolidada con edificación de principios del siglo pasado. Sobre el Nordeste, el Colegio Carlos Pellegrini, sobre el Noroeste, un extenso cuerpo de fachada de arquitectura académica que albergó durante años oficinas de la ex Obras Sanitarias de la Nación (OSN). Hoy gran parte de este edificio está ocupado por dependencias del Poder Judicial.
Con acceso por Marcelo T. de Alvear 1840, este edificio de valor patrimonial por su arquitectura reconoce su origen, según tradición de antiguo personal de OSN, en la residencia del ex presidente de la Nación Marcelo Torcuato de Alvear, que lo habría donado al Estado nacional. Ya ocupado por Obras Sanitarias, fue ampliado, construyéndose hacia 1929 el tercero y cuarto pisos, alcanzando una superficie de 17.000 m2 distribuida en seis plantas con un frente de 124 m y una profundidad por Callao y por Riobamba de 20 m.
La tenencia del edificio pasó al Poder Judicial de la Nación en 1995. En ese momento tanto el tercero como el cuarto piso estaban inhabitables, y estuvieron desocupados hasta que se encaró, dentro de un plan de recuperación del patrimonio edilicio del Poder Judicial, la puesta en valor, para convertirlo en sede de siete juzgados nacionales de primera instancia en lo comercial.
A la calidad de su arquitectura y su valor histórico, el edificio agregó, en 1937, un mural especialmente pintado por Benito Quinquela Martín para Obras Sanitarias, Construcción de desagües , tema central de uno de los núcleos circulatorios.
Decidida la recuperación, el Consejo de la Magistratura encargó la tarea a la doctora Cristina Akmentins, de la Administración General del Poder Judicial de la Nación, que encomendó a la Dirección General de Infraestructura Judicial la ejecución del proyecto. Este fue luego canalizado mediante el Departamento de Estudios y Proyectos; la dirección e inspección de obra correspondió a los arquitectos Liliana Segredo y Andrés Lernoud, y la empresa constructora fue Texinco SA.
Una etapa más en la metódica tarea que se ha propuesto el Poder Judicial con sus edificios dignos de poner en valor, desde las obras en el Palacio de Tribunales, que se extienden con criterio integral a todo su patrimonio.
Intervención criteriosa
Distintos fueron los criterios que guiaron los trabajos en los dos pisos de la intervención. En el tercero se pusieron en valor todos los elementos originales del edificio: carpinterías, cielos rasos, solados, respetándose casi en tu totalidad la distribución. Todas las intervenciones se evidencian con un lenguaje contemporáneo que se articula con el primitivo y contrasta en forma sutil: las nuevas carpinterías vidriadas con sus tensores de acero son el contrapunto de las altísimas puertas de madera lustrada con sus cristales biselados.
Los elementos de confort, como la calefacción central, no interfieren en el lenguaje total.
En el cuarto piso se mantuvo el estado original del hall y la escalera principal, tratados de igual manera que en el nivel anterior, y se removieron todas las intervenciones de épocas intermedias.
Otras mejoras en la organización incluyen la incorporación de una nueva batería de ascensores equidistante de los dos accesos, la reconstrucción de los revoques de patios interiores y la modernización de todas las instalaciones, aun la de voz y datos con que se dotó a todos los juzgados.



