Salta: propuesta distintiva en la ciudad capital
A fines de este mes, frente a la plaza Manuel Belgrano, se inaugurará la torre más alta de la ciudad, con estructura antisísmica y fachada ventilada
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Enmarcado en la extraordinaria corriente de inversiones promovidas por el crecimiento del turismo, se inaugurará a fines de este mes, en la ciudad de Salta, el hotel internacional Alejandro I, que contribuirá a ampliar la calidad y cantidad de la infraestructura hotelera que ofrece la provincia conocida como La Linda. Se trata de un edificio que posee características infrecuentes para la región. Entre los elementos que lo convierten en distintivo se destacan su emplazamiento; en el casco antiguo de la ciudad, frente a la plaza Manuel Belgrano, la segunda en importancia de la capital provincial; y su aspiración de formar parte de su identidad. Con sus 160 habitaciones, seis suites ejecutivas y una presidencial, un centro de convenciones con salones para 650 y 200 personas, el hotel, que alcanza los 70 metros incluyendo el mástil de metal que lo corona, se ha convertido en el más alto de la ciudad. El proyecto realizado en una primera etapa por el estudio Kicherer-Bardach en 1999, y desarrollado posteriormente por el estudio KHL Arquitectos (conformado por Kicherer, Hernández y Lizaso), propuso estructurar la construcción en los tradicionales componentes de basamento, torre y coronamiento. Esa idea rectora contribuyó a orientar las decisiones proyectuales y constructivas. Así les permitió a los arquitectos independizar el basamento -un volumen sólido relacionado con la altura de las construcciones vecinas- para alojar los servicios hoteleros, la torre de 10 niveles para el desarrollo de la planta tipo de habitaciones, y el coronamiento que aloja las suites y sala de máquinas.
La estructura totalmente antisísmica -afirman los proyectistas que es la más importante en América del Sur- se independizó a su vez en dos estructuras de hormigón: una que contiene la torre de trece pisos, dos subsuelos, planta de acceso, sala de máquinas y azotea, y otra más baja, que contiene parte de los subsuelos, planta de acceso y salones.
La expresión de las fachadas refuerza la decisión mencionada. Para el basamento se emplearon placas de mármol travertino fijadas con el sistema de fachada ventilada mediante anclajes de acero inoxidable; para la torre se utilizó panel compuesto de aluminio de color cobre y muro cortina de termo paneles de cristal templado, y en el coronamiento se empleó panel compuesto de aluminio de color cobre además del gran y esbelto mástil de hierro.
El programa de necesidades responde a los estándares internacionales de un edificio de categoría cinco estrellas. Sobre una superficie total de 16.000 m2, el edificio brinda en el basamento planta de acceso, lobby, dos restaurantes, drugstore, centro de negocios, el gran salón del centro de convenciones (650 personas), un salón menor (200 personas), guardarropas y dos salas de reuniones para 15 personas cada una, Health Club, Spa, piscina climatizada, hidromasaje, solárium, gimnasio, sauna, centro de belleza y servicios de apoyo. La torre que aloja las 160 habitaciones posee un pasillo central y núcleo vertical de circulaciones que aloja tres ascensores panorámicos. En el remate del hotel se sitúan las suites con privilegiadas vistas del cerro San Bernardo. La construcción corrió por cuenta de la empresa Beton Construcciones, presidida por el Ingeniero Pablo Movsovich, corresponsable también de la dirección de obra.
El nombre del hotel, Alejandro I, se inspiró en la memoria del hijo del propietario, que falleció en un accidente de tránsito. La ambientación, en la que tuvo una activa participación el propietario del emprendimiento y presidente del Grupo La Veloz, Marcos Levin, buscó incorporar materiales de elaboración artesanal que reflejan el carácter local en un edificio que posee servicios propios de un hotel internacional.
Cifras destacadas de la obra
Algunos números proporcionados por los profesionales dan idea de la magnitud de la obra, que comenzó a principios de 2000 y se detuvo en 2001, y que se retomó en agosto de 2004.
En el diseño, que estuvo fuertemente condicionado por la estructura antisísmica, se dinamitó hasta 18 metros de profundidad a fin de poder ejecutar las fundaciones; se emplearon 10.870 metros cúbicos de hormigón, y se encargó la fabricación de varillas de acero de sección especial (para poder atender los requerimientos de la estructura antisísmica), empleándose untotal de 2,58 toneladas de acero.
Además, se dispusieron varias salidas de escape (dos escaleras abiertas exteriores en cada extremo del edificio y una en el núcleo central), y se emplearon en la construcción un millón de horas-hombre.



