Se movió sin cambiar el Olympia
Con un esfuerzo -económico y tecnológico- que excede lo que es habitual en la construcción convencional, se acaba de concluir en el centro mismo de París el traslado de una sala mítica para el arte popular francés
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Para aquellos que han pasado alguna vez por París, hay un lugar de cita en lo que a espectáculos musicales y recitales se refiere, es una sala situada sobre el Boulevard des Capucines que se reconoce por un solo vocablo, el Olympia pronúnciese Olimpia.
Y como en estos momentos se celebra el renacimiento de esa sala mítica de los parisienses, será oportuno relatar algunos pormenores de esta curiosa metamorfosis que implica una complicadísima operación técnico-constructiva.
Un lugar único
Si alguien pregunta, la dirección exacta es 28, Boulevard des Capucines. En esta localización se encuentra un sitio mítico que testimonia cien años de la vida y el arte popular parisienses. No hay grandes marquesinas ni una iluminación refulgente, sólo una portada de estrechas dimensiones de acceso a una circulación que conduce a la sala de rojas butacas.
Este teatro más que centenario se levantó donde funcionaban las Montañas Rosas, de Joseph Oller, un espectáculo que hizo furor a fines de los años ochenta, en el siglo pasado. Hubo un incendio y el 12 de abril de 1893, sobre planos del arquitecto Leon Carle, se inauguró la nueva sala del Olympia.
Ya en vísperas de la apertura. La semaine des constructeurs decía que era notable la habilidad del colega Leon Carle para sacar partido de un terreno defectuoso y alejado de la calle.
La nueva sala tenía dos mil localidades y un amplio escenario para grandes espectáculos. En el programa de la inauguración se anunciaba a La Goulue (aquel legendario personaje de tantos afiches de Toulouse Lautrec) y un ballet de Alfred Delilia que se llamaba precisamente Olympia.
Tal como lo señalaba la revista citada, la parcela donde se implantó el recinto era muy irregular: con ingreso a través de una larga circulación que se abre en el Boulevard des Capucines y se desvía hacia la derecha, la sala forma un ángulo de unos 15 grados con respecto a la calle Caumartin.
El Olympia se conectaba con esa calle (de la que estaba más cerca que del boulevard) por medio de cuatro pasajes auxiliares.
Construido en 1892, el teatro se transformó en music-hall en 1954. Durante un lapso, a partir de 1929, en pleno auge de la cinematografía, se suspendieron los espectáculos de varieté y funcionó como sala de cine.
En la década del 50 comenzó la vigencia de este escenario en la cartelera de París: artistas fulgurantes como Gilbert Bécaud y Georges Brassens, o estrellas míticas como Edith Piaf, sin olvidar a Charles Trenet y Juliette Greco, colocaron sus nombres sobre la angosta fachada del 28 del Boulevard des Capucines.
Más tarde pasarían astros del jazz como el inolvidable Sydnay Bechet, Jerry Mulligan, Errol Garner, Miles Davis, Louis Armstrong, Ella Fitzgerald, Ount Basie y Duke Ellington, y cantantes como Joan Baez o Lisa Minnelli.
Entre los argentinos que tuvieron ocasión de pisar la escena del Olympia, se destacan Susana Rinaldi y Mercedes Sosa, y recuerdo que una tarde, en París, un colega argentino que vivía allí desde hacía muchos años (ya falleció), Carlos Saab, me comentó el suceso que había cosechado en esa sala un cantor argentino que temblaba: se refería a Roberto (el Polaco) Goyeneche.
Desde 1939, la Société Générale es propietaria de gran parte de la manzana, y en 1992 se plantea la forma de asegurar la permanencia de la célebre sala dentro del cuadro de renovación por emprender en todo el vasto inmueble que la rodea.
El proyecto general estuvo a cargo de los estudios de arquitectura Anthony-Emmanuel Bechu y la agencia formada por los arquitectos Fernando Urquijo (argentino), Gino Valle y Giorgio Macola. Estos estudios se ocuparon del proyecto global de rehabilitación del conjunto Edouard VII, dentro del cual la reconstrucción del teatro es una parte.
Operación singular
Pero no hay duda alguna de que se trata, esta reconstrucción de una operación inédita y audaz. Los autores señalan tres etapas principales del proceso:
1.- Entre junio de 1996 y abril de 1997, el teatro funcionó normalmente, mientras parte de la nueva sala se construía a un costado de la antigua. El nuevo escenario se terminó íntegramente antes de demoler el viejo.
2.- Entre el 15 de abril de 1997 y el 15 de octubre de 1997, se demolió la vieja sala y se terminó el nuevo Olympia en su posición definitiva seis meses después, plazo extremadamente corto, pero que se cumplió rigurosamente.
3.- Noviembre de 1997 a octubre de 1998. El flamante teatro comenzó a funcionar mientras entró en su etapa final la obra de rehabilitación del conjunto que formará el Centro Comercial de Edouard VII.
Todos los participantes del operativo traslado destacan la importante contribución de la oficina de estudios Sereté para proveer las soluciones técnicas necesarias para asegurar el cumplimiento de plazos tan estrictos y asegurar la secuencia de etapas sucesivas de construcción-demolición-terminación.
El objetivo -comenta el arquitecto Urquijo- era desplazar la posición del teatro dentro de la parcela para colocarlo paralelamente a la calle Caumartin en su nuevo emplazamiento.
Templo terrenal de la canción
Hace rato que el nombre, cargado desde siempre de resonancias helénicas, ganó en el mundo del espectáculo otros ecos no menos imponentes. Templo al fin, aunque del terrenal culto de la canción, el Olympia de París ostenta una condición mítica que reconocen tanto espectadores como artistas. Prodigio de perdurabilidad, el Olympia nació a fines del siglo pasado, pero su renombre internacional empezó a consolidarse cuando lo tomó bajo su control Bruno Coquatrix, el compositor, autor, director teatral y empresario cuyo nombre ha quedado indisolublemente ligado a la gloriosa historia de la sala parisiense. Con él en la dirección, o a su muerte, en 1979, con la guía de sus sucesores _su viuda, Paulette; su hija Patricia, o el veterano régisseur Jean Michel Boris_, se mantuvo una tradición hecha de estricto control de calidad profesional en la programación y ojos y oídos abiertos a todos los géneros y a todos los estilos. Ejemplos de esa amplitud de criterio sobran: en el Olympia han brillado los más grandes de la canción y el music hall franceses, de Edith Piaf y Maurice Chevalier en adelante, pero también genios del jazz, maestros del flamenco, el tango, la canzoneta, el fado y el samba; magos, bailarines, acróbatas, malabaristas. El público del Olympia es exigente, pero no alimenta prejuicios y sabe reconocer tanto el arte refinado de músicos y cantantes como el entretenimiento más ligero, siempre que se lo afronte con idoneidad.
Claro que su historia también registra períodos opacos. En los años treinta, por ejemplo, se convirtió en cine, lo mismo que Bobino, otra sala parisiense de gran prestigio a la que muchos llaman el Olympia de la rive gauche. Ese espacio lo cubrieron desde entonces el ABC y el Alhambra, cuyos escenarios albergaron a Piaf, a Charles Trenet, a Chevalier y a Yves Montand, o el Tabou, donde Juliette Greco, Boris Vian y compañía animaron históricas veladas en los días de la posguerra. Todo volvería a la normalidad con la recuperación de los dos tradicionales templos del music hall.
Coquatrix reinauguró el Olympia en febrero de 1954 y desde entonces ya no hubo eclipses. La sala sobrevivió a todas las modas y aun a la muerte del hombre que forjó su gloria, que tenía rigor para seleccionar sus elencos, audacia para confiar en figuras nuevas a las que terminaba por darles el espaldarazo definitivo y ojo despierto para distinguir el talento en medio de la polvareda de algún fenómeno comercial. (No le gustaba el rock, por ejemplo, pero le abrió sus puertas a Johnny Halliday, con la condición de que se pusiera saco y corbata).
La nómina de artistas famosos que han desfilado por el Olympia es tan extensa como impresionante. De Sidney Bechet a Astor Piazzolla y de Elis Regina a Dionne Warwick, todos los géneros han tenido y tienen su espacio en la sala que conserva, más allá de las reformas, dos de sus grandes ventajas: el tamaño, ni muy grande ni muy pequeño, y la ubicación, a pasos de la Opera y en pleno corazón de París.
Bécaud en la reapertura
En el centro de la manzana, parte de la compleja estructura metálica realizada como refuerzo de las obras del conjunto
Hace exactamente dos años, en agosto de 1996, y aprovechando el cierre estival del teatro, los edificios situados entre éste y la calle Caumartin fueron demolidos conservando solamente el muro de fachada sobre la calle. En tanto, se avanza en la preparación del escenario del nuevo teatro.
En abril de 1997, avanzan las obras del nuevo teatro, sobre todo en el volumen que contiene el escenario y anexos y la primera parte de la sala hasta donde lo permitía la presencia de la sala vieja del teatro y el escenario existente. En junio de 1997, al llegar el verano y el receso teatral, el antiguo Olympia es demolido y los trabajos para terminar el nuevo teatro deben finalizar en seis meses de trabajo continuo. Ya a fines de junio se termina la envoltura de la sala en estructura metálica.
A comienzos de este año, en el invierno europeo, Gilbert Bécaud se aprestaba a cantar en la velada de reapertura del mágico teatro del music-hall francés: el Oympia de París.
La magia imbatible de ese lugar
La legendaria sala de billar que fue trasladada pieza por pieza y será un anexo del gran hall del teatro
Todo este tema está teñido por una extraña combinación de objetivos superiores -casi en niveles de pura espiritualidad- y rigurosos esquemas tecnológicos. Para decirlo en pocas palabras, un grupo de inversores convencionales hubiera optado por la demolición lisa y llana de aquel viejo teatro.
Por fortuna no fue así, y por iniciativa de la Société Générale se formó un importante equipo (que justificaba el rótulo colocado en el gran velo azul que rodeaba la obra: Le quartier du talent) integrado por arquitectos, oficinas técnicas y de investigación, constructores y maestros de obra, proveedores y subcontratistas, que logró destilar una rara alquimia con el entusiasmo necesario para lograr una meta que era un desafío increíble: reconstruir el Olympia en sólo seis meses.
Ahora, el que atraviese el amplio corredor de acceso (muchos quizá ni reparen en que se trata de un cambio de ubicación) y desemboque en el foyer rojo, con sus barandas art-déco y la amplia curva de las escalinatas que descienden hacia la platea, se deleitará con la vivencia de un lugar mágico.
El rostro no ha cambiado en lo más mínimo: las butacas rojas y los muros negros; el cielo raso azul noche, la curva sinuosa del borde de la platea alta. Hay diferencias a favor en cuanto a los recursos técnicos, de acústica y de iluminación, de movimientos escénicos y variedades de proyección de imágenes.
Un caso paradigmático es la sala de billar, un ambiente clasificado como monumento histórico que se trasladó pieza por pieza, incluso rehaciendo cuidadosamente algunas placas cerámicas de Sarraguemine (cuyos originales se fabricaron en 1895) que faltaban o estaban deterioradas.
Este recinto verde y dorado, con un gran plafond luminoso, se conecta con el hall del teatro y funcionará como foyer o incluso como sala auxiliar de music-hall, con capacidad para un centenar de espectadores.
Características de la obra
- Operación Ilot Edouard VII: 100.000 metros cuadrados cubiertos, 60.000 vinculados con el desplazamiento de la sala del Olympia.
- Operación de reconstrucción del Olympia: se necesitaron 1300 planos de encofrados y armaduras.
- Cinco grúas en torre y tres bombas de hormigón. Treinta mil metros cúbicos de hormigón armado con 1200 toneladas de barras de acero para las armaduras.
- Diez toneladas de pintura y 450 kilómetros de cables eléctricos.
- Para todas las operaciones de apuntalamiento de muros existentes, aparejos para el montaje de encofrados y estructuras provisionales, se utilizaron perfiles de acero laminado de grandes secciones.
- Dirección de obra: Sogeprom
- Arquitectos: Estudio de Arquitectura Anthony Bechu, y Estudio de Arquitectura Urquijo-Valle-Macola
- Coordinación de salud y seguridad: Planitec
- Ascensores y montacargas: OTIS
- Dirección de obra de la sala de billar: fue realizada por el señor Denis Froidevaux



