Sin fronteras: argentinos que viven y trabajan en el exterior
Hasta el sábado, en la Rural, diez estudios exponen sus últimas obras realizadas en lugares tan diversos como Jerusalén, Princeton o Alicante
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Cualquiera que fuese la óptica que se aplique para examinar este fenómeno, lo cierto es que aparece como de muy compleja explicación. Me refiero a la actuación -la mayoría de las veces destacada y en numerosos casos brillante- de los arquitectos argentinos que trabajan en muchos lugares importantes del mundo. Los hay también en locaciones que no son tan centrales, como el caso del arquitecto cordobés (graduado en la UBA) Felipe Yoffre, que tiene su despacho en Bahrein, en el Golfo Pérsico, desde hace varias décadas y con encargos importantes que llegan incluso a El Cairo.
Junto con el arquitecto Daniel O. Casoy, estimamos que sería muy atractivo y estimulante divulgar y promover la producción de esos colegas (hay que señalar que estas conversaciones eran a mediados de 2002, en uno de los peores años que recuerda la profesión en nuestro país) mediante una buena exposición y, de ser posible, de una publicación que reflejara este fenómeno.
Con la primera edición de Batimat en la Argentina, enlazada con una muestra temática ya consagrada en el país, Expovivienda, se expuso la Colección 2003 de Arquitectos Argentinos en el Mundo (AAM). Eran 25 paneles fotográficos con diseño gráfico de Oscar Botto, que llamaron la atención y sorprendieron a muchos visitantes.
Como es inevitable, la presentación, que este año se compone de 52 paneles (con el valioso apoyo de Knauf Argentina) y un libro catálogo impreso con ilustraciones a todo color, sólo abarca a una parte de los connacionales que obtuvieron repercusión en el nivel internacional.
Esa es la razón por la cual no están en la lista ni Felipe Yoffre ni otros talentosos colegas que esperamos incluir en futuras ediciones.
Los diez estudios se ordenaron en una secuencia de mayor a menor en cuanto a edades: así, desde Eduardo Catalano, el mayor, hasta Ignacio Dahl Rocha, el más joven, se exhibe la obra de César Pelli, Mario Corea Aiello, Rodolfo Machado & Jorge Silvetti, Emilio Ambasz, Rafael Viñoly, Eduardo Elkouss, Carlos Prus y Salo Levinas.
En la selección expuesta aparecen obras recientes, muchas de ellas todavía inéditas entre nosotros, y otras remotas pero de gran valor documental, como la Casa Raleigh, de Eduardo Catalano (que va a ser reconstruida por decisión de las autoridades) y el máster plan que éste diseñó con Horacio Caminos (1960) para la Ciudad Universitaria de Buenos Aires.
Esta imagen -que también ilustra estas páginas- va a sorprender a más de uno (de hecho uno de los primeros fue el rector Guillermo Jaim Etcheverry) y nos llevaá a reconsiderar muchas críticas formuladas por los que hemos comprobado la aislación en que viven las diversas facultades que coexisten en ese predio, sin las ventajas de una ciudad ni las vivencias de lo genuinamente universitario.
Posición privilegiada
Hay dos circunstancias que singularizan el caso AAM: una es la posición de privilegio alcanzada por sus protagonistas, que no sólo tienen una importante producción, sino que son invitados para concursos trascendentes e incluso los ganan.
Así vemos a César Pelli haciendo el aeropuerto de Washington o el conjunto Finantial Center de Nueva York, a Rafael Viñoly finalista de la selección para el Ground Zero, o a Emilio Ambasz a cargo de la sede central del ENI en Roma. Y este último dato alude a la segunda circunstancia: que muchos de los autores expuestos se desempeñan en lejanas locaciones con igual suceso.
Actuación internacional
Es por muchos conocida la actuación de Rafael Viñoly en Japón, donde se impuso en un riguroso certamen por invitación destinado a elegir el mejor proyecto para el Forum de Tokio; más tarde, Viñoly recibiría importantes encomiendas en Corea, por citar sólo dos destinos en Asia. Por su parte, ya es célebre la obra de Pelli en Kuala Lumpur (las Torres Petronas), así como el hotel en Tokio, su rascacielos en Londres y sus más recientes diseños para Bilbao. Un caso análogo es el de Ambasz, con la Prefectura de Fukuoka, ya terminada, y la sede central del Ente Nazionale Idrocarburi (ENI) en Roma, de próxima realización.
Pero tanto Machado & Silvetti como Dahl Rocha, Elkouss y Corea Aiello han construido o están en proceso de hacerlo, proyectos de sus despachos en ciudades situadas fuera de su país de residencia. Es una prueba más de la solidez alcanzada por estos colegas en su desempeño profesional y creativo, el que trasciende a la sociedad donde se asentaron.
Valía la pena, pues, exhibir con entusiasta objetividad -si vale la paradoja- esta colección de trabajos recientes. Porque, hay que reiterarlo, no son sólo un alarde, sino además un estímulo para los pares que se quedaron en la Argentina. Se puede.
Muy coherente
Hace años que Emilio Ambasz incursiona en una línea expresiva con una visión ecologista del mundo de nuestro tiempo. Al hablar del asunto en Buenos Aires dijo, muy en síntesis, que se propone recuperar, en las caras del edificio que diseña, una superficie vegetal compensatoria del terreno verde ocupado por la nueva construcción. La sede del ENI ofrece un cuadro muy particular, ya que es un edificio existente y deteriorado. Ambasz, en un despliegue de fantasía y dominio tecnológico, cubre las fachadas con una retícula metálica que, al tiempo que amortigua los efectos térmicos y acústicos sobre las oficinas, brinda un nuevo paisaje a los romanos.
Son tres generaciones de triunfadores
Si se observa la lista de los arquitectos cuyas obras se exponen en la muestra Arquitectos Argentinos en el Mundo, Colección 2004, está claro que, entre Eduardo Catalano, que cumplió 86 años el último diciembre, e Ignacio Dahl Rocha, de 46 años, se escalonan tres generaciones formadas en lo que se puede designar de un modo quizás esquemático: la escuela argentina. En efecto, están en el grupo aquellos que se formaron fuera de la UBA (Pelli y Ambasz, por ejemplo), pero en todos alienta una energía creativa muy particular que se asocia con lo que entre los arquitectos se conoce como la arquitectura de partido, una composición en la que emerge la fuerza de una idea rectora como el germen que da origen al proyecto final. Este rasgo distintivo es reconocido, en general, por los colegas extranjeros, y es el que nos coloca en un plano preferencial a la hora de las comparaciones.
En la obra que Rafael Viñoly realizó para los Laboratorios de Genómica de la Universidad de Princeton utilizó, como parte sustancial de la imagen externa e interior, grandes parasoles de metal que -he aquí un dato singular- fueron fabricados en la Argentina. Otra razón para estimular a algunos depresivos.



