Sin moverse de casa, a la pileta
En los edificios de Buenos Aires, los chapuzones tienen más de una razón y mil secretos
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Combinar la vida en la ciudad con una tarde de pileta a cielo abierto no necesariamente significa manejar kilómetros ni cargar bolsos. Ni siquiera llevarse un abrigo por si refresca. En los casos más privilegiados, sólo habrá que apretar un botón --el del ascensor-- para llegar a una cima de agua, cemento, ruidos lejanos y buenas vistas, con corriente en contra, ascensores de vidrio, techos corredizos y una mínima sombra de tilos.
Así es el trámite para los que habitan la torre de Olleros 1864, cerca de Luis María Campos: botón número 13 (esta vez, el de la buena suerte) y ascensor vidriado que deposita en una terraza con pileta, gimnasio, bar, jacuzzi exterior y parrilla. A un costado, vista al río. Con venecitas y, en un extremo, techada --también en vidrio-- con una puerta en ese material que puede bajarse en invierno. Para esos días, mejor, agua climatizada. "Se regula con un termostato, mediante un sistema de caldera, un poco como si fuera un termotanque. La temperatura promedio es de 32º C, y no tiene nada que ver con la cantidad de litros, sino con su superficie, porque lo que se evapora es el calor de la superficie", explica Marcelo Lichtig, emprendedor y arquitecto del edificio, junto con Daniel Resnik. Resnik mete la mano en la pileta y enciende un motor: "Este es un chorro-motor-nado-contracorriente. Uno puede nadar mucho tiempo y no llegar a la punta, aunque la pileta sea chica".
A dos cuadras, los vecinos de la Maison Olleros, torre de 18 pisos, atraviesan un túnel para llegar al anexo de áreas comunes: una casa neoclásica de dos plantas con salón de fiestas, gimnasio, sauna, ducha escocesa, finlandesa, y pileta. Celeste, de 4 x 12 m y 1,50 m de profundidad, rodeada de piedra volcánica y con la sombra de algunos tilos que asoman desde la vereda. "El techo era de madera y tejas, se desarmó y se hizo una estructura independiente de hormigón, que empieza desde abajo", explica el arquitecto Roberto Busnelli, responsable, con Roberto Amette, de AB Arquitectura, a cargo de proyecto, dirección y administración del edificio. Mientras camina por el borde de la pileta con los ojos entrecerrados, corrobora: "Acá hay mucho sol todo el día".
¿Cómo se sube tanta agua a la terraza? Sigue Lichtig: "Nada complicado. Es como un tanque de agua, pero sin tapa. Nuestra pileta tiene 23.000 litros, y el tanque, una capacidad similar. En peso, para el edificio la pileta equivale a un piso más".
En escala menor, pero privadísima, se anotan los balcones con piletita del edificio de Rodríguez Peña 2043, construidos hace dos décadas por Clorindo Testa, Héctor Lacarra y Elena Acquarone. "Eran para una Pelopincho --se ríe Testa--. Son dos terrazas chicas alternadas que dan doble altura, y tienen un sector con losa baja, un hueco de 2 x 2, con la posibilidad de ponerle agua y sentarse, o ponerle tierra y plantar".
Variantes reducidas
Más en pequeño formato: desde hace cuatro años, una curiosidad recurrente en el barrio de Montserrat es la piscina enana (la presentan así) del Boquitas Pintadas Pop Hotel: en una terraza de colores pastel con sillones de jardín retro, tienta la pileta de 2,50 m x 2,50 m. Haike Thelen, uno de los dueños, recuerda algunos huéspedes célebres que nadaron cortos: al fotógrafo Spencer Tunnick y los músicos Vernon Reid y Philippe Cohen-Solal, de Gotan Project.
"Una pileta en el último piso de un edificio vende muchísimo, es fundamental para un producto diferencial. Y esta oferta se incrementó en los últimos 6 años", explica Fernando Burone, de la inmobiliaria Castro Cranwell & Weiss.
"Esta variante también hace que los vecinos vuelvan a hacerse amigos", sonríe Resnik. Lo confirma Lucía Portavales, copropietaria de la pileta de un edificio de José Hernández, entre Libertador y Migueletes: "Como es un edificio nuevo, todavía somos muy pocos, y el punto de encuentro es la pileta, en la terraza. Nos reunimos por la noche, alguna vez hemos tomado tragos, y ya nos sentimos una comunidad... Si esta pileta no existiera, habría cero vínculo entre los vecinos. Sólo saludos de ascensor".
Entre tanto optimismo pro piscina, Testa relativiza lo-bueno-de-tener-pileta: "No será una posibilidad muy común ir a la pileta con la misma simpleza con que se dice: Voy a salir al balcón. Pero hay quien puede tener una pileta y no bañarse nunca, porque la pereza que puede dar es tremenda".
Pero hay datos concretos de quien desafía cualquier pereza para generar el efecto pileta, aunque sea con sucedáneos: Testa habla de Federico II de Svevia, emperador alemán y rey de Las Dos Sicilias a mediados del siglo XIII. Morador del mítico Castel del Monte, el hombre sin pileta hacía llenar de agua el espacio octogonal que quedaba libre en medio del castillo (algo así como un patio). "No era para bañarse, sino para sentarse con su corte, tomar vino, pasar la tarde".
¿Otras piletas sin pileta? La actual fuente del Campidoglio romano, paso tradicional para turistas acalorados; y más cerca, algunas fuentes porteñas que se pueblan en manifestaciones y tardes de sol. Thelen da más muestras del comportamiento pro pileta: "No sólo los huéspedes se tiran en ella. Los invitados a presentaciones y fiestas también se meten, no importa la ropa que tengan". En el hotel de diseño de Marcelo T. de Alvear y Rodríguez Peña todavía se acuerdan del cóctel de presentación del disco de la banda pop Miranda!, cuando fans glamorosos tomó la pileta del lobby en comando-chapuzón, pero fueron obligados a emerger: "Chicos, esta pileta no se usa para nadar".
¿Pero no estaban para eso?
Distinto, colorido, también útil
Revestimientos en cemento alisado: "La técnica se usó en los años 90, pero con la devaluación dejó de hacerse. Ahora, aquí sólo las realizamos dos empresas, con materiales nacionales. Se prepara la superficie con una base mordiente y niveladora, se aplica un cementicio con aditivos para que no sufra cambios y se alisa un poco", dice Marcelo Chao, del estudio MC3. Hay alisado estilo piedra París, travertino, en terracota, verde y azul.
Peces azules de vidrio: se pegan con silicona en el fondo de la pileta, en formato cardumen. "Más bien pop, rompen con las líneas racionalistas", cuenta Ana Manghi, la autora. Son piezas vitrofusionadas en círculos de diámetros diversos.
Diseños alargados: piletas de 2,40 m x 8,50 m, por ejemplo. Como el andarivel de una de natación, a veces puede llevar adosada una de 3 m x 3 m, y cambia a martillo. Para la falta de espacio, son económicas y justas para nadadores.
Oscurísimas: azul, generalmente en venecitas. "La primera vez que la hice me asusté, era un pozo oscuro. Pero con agua, queda espectacular", dice el constructor Alfredo Sosa.
Pisos radiantes: otro sistema de climatización, también dependiente de la caldera: una serie de tubos de polietileno reticulado con barrera antioxígeno, que conducen agua; una pequeña bomba; un termostato y una caldera. Debajo del piso o las paredes de la pileta, transmiten calor. Se afirma que consume menos que los sistemas tradicionales, no produce sarro, no usa el filtro de la pileta, y es más rápido.
Direcciones
Castro Cranwell & Weiss, 5031-1600, www.cyw.com.ar ; Estudio Lichtig-Resnik, 4856-5803; chorro-motornado-contracorriente, en Natatorios 4723-2255; AB Arquitectura, 4703-5330; Clorindo Testa, 4811-6439; Boquitas pintadas Pop Hotel, 4381-6064; MC3, 4797-9236; Ana Manghi, www.anamanghi.com , 15-4427-6945; Inster Ingenierìa, 4701-8559; Alfredo Sosa, 4748-8510 www; Verellén Hermanos Arquitectura, 4328-2044.



