Sobre pasajes y cortadas
Por Luis J. Grossman
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Hay un arquitecto belga que ya cumplió diez años entre nosotros; su nombre es Guy van Beeck y demostró en esta déca-da una perseverante atención hacia todo lo que se refiere al respeto por el patrimonio arquitectónico y urbano de nuestra ciudad, a la que ya considera suya.
Durante años manejó una serie de recorridos temáticos que, sábado tras sábado, ofrecían a un contingente de agradecidos turistas urbanos (porteños o no, argentinos o no) los placeres de descubrir rincones anónimos, edificios insólitamente bellos y lugares tan concurridos como ignorados.
Ahora Guy vuelve a la escena con la creación del Atelier de Reconocimiento del Ambito Urbano (ARAU),cuyo objetivo principal es redescubrir, mediante itinerarios prefijados, el patrimonio que conforma nuestros escenarios urbanos. Y con la experiencia acumulada durante el tiempo en que desarrollaron sus trabajos de investigación y docencia, Van Beeck programó para este año dieciocho visitas entre abril y noviembre.
Pasaje innoto
A manera de introducción, un grupo de colegas y amigos participó con la guía de María Marta Lupano- de una expedición a través de pasajes y cortadas de Buenos Aires. Era una jornada luminosa con un nítido cielo azul, y el trayecto comenzó con algunos clásicos como los pasajes De la Piedad, Rivarola y Colombo.
Después, la comitiva tomó por la avenida Rivadavia y se detuvo a la altura del 2600, a metros de la plaza Once. Nada pa-recía justificar la parada, ya que no se veía pasaje ni corta-da que formara parte del programa de ese día. Sin embargo, a mitad de cuadra (2659) y detrás de una puerta doble que amortigua su condición de calle peatonal, nos encontramos con una imagen y una atmósfera que justificaban, por sí solas, el recorrido de esa mañana. Un diáfano silencio nos envolvía mientras muy cerca bramaba el batifondo callejero.
El pasaje Sarmiento, que así se llama, fue construido en 1893 y acaba de ser restaurado.
El arquitecto Rolando Shere compuso un hermoso libro que tituló Pasajes y que revela un acto de amor por su ciudad. Gracias a la iniciativa de Guy van Beeck pudimos verificar la sugestión de esos lugares e incorporar vivencias nuevas a nuestro viejo registro de porteños veteranos.



