Un apero-sillón, de carácter criollo e internacional
En el Salón del Mueble de Milán se premió un modelo artesanal, fabricado con mano de obra del norte argentino
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MILAN.- "Mi intención fue encontrar la manera de traducir en un objeto mi propia concepción de diseño como una actividad de profundo impacto social. Porque creo que por medio del diseño es posible modificar la realidad."
Con esta convicción fuertemente arraigada, el diseñador argentino Francisco Gómez Paz concibió Apero, una estructura mixta de acero y cuero, totalmente artesanal, que en ocasión de la última edición del Salón Internacional del Mueble, que concluyó hace unos días en Milán, presentó en su Salón Satellite, un espacio dedicado a la vanguardia proyectual.
Una silla larga (chaise longue, en francés), la nueva creación de Gómez Paz, que recibió la mención especial, Designer Award 2004, entre los más de 400 jóvenes expositores del Satellite. Actualmente, Apero continúa en exposición en el espacio Sumampa, una asociación sin fines de lucro cuyo principal objetivo es mejorar las condiciones de vida de las poblaciones rurales del norte argentino.
A Francisco Gómez Paz, el tema social lo desveló siempre. "Mi tesis en la Facultad fue cómo recuperar zonas marginales por medio del diseño", explica.
Si bien desde hace cuatro años vive en Milán, gran parte de su tiempo, confiesa, se lo pasa pensando en la Argentina, buscando la manera de ayudar a su gente, a su Salta natal, adonde espera volver, ya para quedarse, con su mujer y su hija. Su padre es arquitecto y por eso la palabra proyecto la escuchó desde siempre en su casa. Inventar y crear cosas nuevas son dos rasgos que lo caracterizan desde chico. "Me encantaba desarmar mis juguetes y construirme otro", recuerda.
En 2001 ganó un concurso, organizado por la revista Domus y BMW, cuya consigna era diseñar un auto para la ciudad europea del futuro. Su propuesta fue hacer dos unidades móviles, como dos motos pequeñas, que se podían unir y separar. Este premio le dio mucha alegría, mucha prensa y mucho trabajo. Pero nada comparable a la satisfacción que le produjo Apero. Porque más allá del entusiasmo propio del proyecto creativo, y del desafío de proponer nuevos valores estéticos y funcionales, en la base de esta nueva experiencia se encuentra una férrea y noble dimensión social. "Y eso es verdaderamente muy gratificante", expresa.
A los 28 años, dirige su propio estudio de diseño y colabora con diversas empresas y otros estudios en Europa: BMW, Paolo Rizzatto, Alberto Meda, Maarten Kusters, Fabbian, Conven y Sumampa.
De Salta al mundo
Según cuenta, Apero es un proyecto que le insumió dos años y mucha energía. "Mi intención fue encontrar un modo en que la capacidad de la gente de Salta, una zona rural completamente alejada del frenético mercado de los consumidores, pudiera ser llevada a Europa. Su montura nunca iba a entrar acá. Entonces había que inventar un objeto que lo permitiera."
-¿Cuál fue el proceso de la idea?
-Como buen salteño, me gustan los caballos. Encontré la montura del apero, que es de cuero crudo y madera. Ese fue mi punto de partida. Empecé a estudiar las propiedades de ese cuero. Vi que tenía esa potencia de contraerse, de ponerse duro. Se estira, pero muy poco. En cambio, el acero se mueve todo y es flexible. Y ahí se me ocurrió esta estructura mixta de acero sobre la cual se cose el cuero crudo. El resultado es esta silla.
-¿Cuántas personas intervinieron en su realización?
-En total, tres, con las que hicimos cuatro sillas. Paco es el herrero, un chico que hace monturas; yo estuve al lado de ellos todo el tiempo, guiándolos, viendo cómo se cosía, cómo se hacía cada detalle, buscando cuero en el matadero, eligiendo la vaca. Me involucraba en todos los procesos, para lo que amanecía todos los días a las 6. Si esto prospera, como augura el éxito que tuvo en esta feria, esperamos emplear mucha más gente. Va a ser necesario trabajar mucho.
-¿Resultó difícil concretarlo?
-Nunca es fácil convencer a alguien para que haga algo que nunca realizó. Ellos jamás habían experimentado algo así. Para mí fue un desafío. Muchos me decían que estaba loco. Por eso, una vez que vi el resultado, la satisfacción fue aún mayor. Además, haberlo hecho en mi provincia, porque todo, absolutamente todo se hizo allí, para después venir a Milán y exponerlo en otro sistema totalmente distinto. También debo agradecer a la Fundación Sumampa, que financió económicamente el proyecto.
-¿Cómo evaluarías tu participación en el Salón Satellite?
-Fue muy positiva. Apero gustó muchísimo. Se interesó gente de todas partes del mundo: Turquía, Grecia, Tailandia, Japón. Se vio como un punto medio entre lo artesanal y lo moderno. El resultado en sí es modernísimo y además único, en el sentido de que no podés poner varias de estas sillas en tu casa. Estoy muy contento porque exponer un objeto hecho en mi país en un lugar tan competitivo es un triunfo.
-¿Qué diferencias encontrás entre el diseño italiano y el diseño argentino?
-Es que para mí todavía no existe un diseño argentino. Este es el problema. En Milán existe una gran cultura en ese sentido; hay un culto del diseñador, vas a una empresa y están los nombres de los diseñadores, se les da un espacio muy importante. Es un sistema con mucha sinergia. En cambio, en la Argentina ves iniciativas, pero aisladas.
-¿Cuáles son o fueron tus referentes en materia de diseño?
-En Italia hay una camada de diseñadores más grandes, que son como ídolos; hay muy pocos diseñadores jóvenes. De esa vieja camada me gustan Vico Magistretti, Alberto Meda. Y después, fuera de aquí, el holandés Marcel Wonders, el francés Starck, en algún modo, aunque mucha gente lo cuestione.
-¿Qué significa para vos el diseño?
-Creo en el diseño a la Da Vinci. El diseño es un proceso que se puede aplicar tanto en un alfiler como en un mueble. Diseño es inventar, crear cosas nuevas, modificar la realidad. Diseño no es para nada decoración. Hay mucha gente que suele confundir estas dos disciplinas y eso me molesta.
-¿Por qué te quedaste en Italia?
-Me habían ofrecido trabajar en BMW, en Alemania. Pero me decidí por Milán porque veía toda una movida muy interesante. Intuía esto, por ejemplo, la Feria del Mueble, una semana entera dedicada al diseño, para un diseñador, valga la redundancia, es una fiesta. Además no me gustaba la idea de circunscribirme al diseño de autos.
-¿Tenés pensado volver a la Argentina?
-Por supuesto. De todas maneras viajo dos o tres veces al año. Mi sueño es hacer diseño de primer nivel en la Argentina. Me gustaría crear un sistema que me permitiera volver y seguir trabajando desde allí. Desde la distancia me enamoré aún más de mi país. A mí, Salta me dio todo, hasta la posibilidad de venir aquí.
Lejos del minimalismo, la feria desplegó color, fantasía y tecnología
Un recorrido por los diseños destacados
MILAN (The New York Times).- Desde hace dos años el Salón Internacional del Mueble de Milán trata de modificar el minimalismo extremo por considerarlo ineficiente como estilo de decoración.
Esta temporada, la feria, que terminó hace unos días, también puso en evidencia esa estratagema. Figuras en pleno ascenso como Philippe Starck y el grupo alemán Moooi socavaron la adusta sobriedad con decoración barroca, explosiones de color y diseños de bordes afilados. Edra ofreció sillas y sofás de todas las formas, enmarañadas, serpenteantes o aterronadas. Por ejemplo, el banco Coral, con alambre naranja enrollado en una maraña salvaje comparable con un garabato tridimensional
El desafío más sorprendente vino de la mano de diseñadores con una sensibilidad similar a la del film de Sofía Coppola Perdidos en Tokio; brillantes y coloridas odas a la infancia y la fantasía llenaron exhibidores con objetos hechos con materiales y tecnología de última generación, pero que parecían antiguos.
"Después de años de diseño limpio y severo no veo por qué tenemos que volver al barroco", opina la arquitecta y diseñadora española Patricia Urquiola. Una de sus creaciones, la mesa Usame, que hizo para Kartell, es un claro exponente de su pensamiento: la mesa baja con trazo floral sobre policarbonato, se destacaba de las descaradas piezas de Starck y Ferruccio Laviani.
Por su parte, Tord Boontje, alemán de 35 años radicado en Londres, atrajo a una multitud de jóvenes en torno de su nuevo banco, silla giratoria y hamaca colgante del techo envuelta en láser de color. También expuso sillas vestidas con trajes de novia de encaje en un intento regresivo, pero desplegó un sofisticado uso tecnológico.
Otra versión digitada de la naturaleza fue la de la francesa Matali Crasset, que creó un jardín fiesta en una galería con sillas que parecían casas en miniatura y conos de telas sintéticas verdes colgadas del techo imitando una foresta.
Traducción: Beatriz Baruzzi



