Un caballero del tablero evoca momentos de su trayectoria
Como arquitecto y como deportista, acumula experiencias que llenan varios tomos
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En su cálida residencia de Olivos, con la pinta gallarda de siempre (pañuelo rojo al cuello, las cejas renegridas en contraste con su pelo entrecano, erguido y elegante), nos recibe el arquitecto Arturo Dubourg. Nadie puede suponer que el interlocutor que tiene adelante, de risa fácil y fluida conversación, acaba de cumplir -el 28 de mayo último- 90 años de vida laboriosa, intensa y aventurera (en el más amplio sentido de la palabra).
Tal como acontece con los que han tenido y tienen un accionar creativo, Dubourg confiesa que no advierte el paso de los años. Los cumple, pero no los siente sobre las espaldas, se da cuenta, de que ve menos y, a pesar de eso, sigue pintando acuarelas que, dicho sea de paso, no están nada mal y confirman los genes que revelan los óleos pintados por su madre, que lucen sobre las paredes de los salones.
Nació en 25 de Mayo, provincia de Buenos Aires, y cursó estudios secundarios en el Colegio San José y en el Nacional Mariano Moreno. Cuando ingresó en la que por entonces era la Escuela de Arquitectura, tuvo por compañeros a Santiago Sánchez Elía, Federico Peralta Ramos y Alfredo Agostini, todos ya fallecidos.
-Esta casa tiene como nombre Grey Rock, su seudónimo como corredor de autos, ¿es de allí que le vino ese rótulo a la casa?
-En verdad, es al revés. Yo hice una casa en Punta del Este con mucha piedra gris, a la que por ese rasgo la llamamos Grey Rock. Años más tarde, ya en Buenos Aires, me fui a inscribir para participar en una carrera de Turismo y esperaba junto con mi amigo Rodríguez Larreta (Larry). Yo estaba levantando la primera torre en propiedad horizontal que se aprobó en Buenos Aires (esto puede provocar alguna controversia, según el entrevistador), que era el Edificio Sudamérica, en Cerrito y Posadas, y supuse que a los clientes de tamaña obra les podía parecer irresponsable que su arquitecto se largara a correr una carrera de autos. Entonces Larry me sugirió que utilizara el nombre de esa casa, Grey Rock, que fue por muchos años el seudónimo con el que intervine, con bastante suceso, en muchas competencias de Turismo Nacional y Turismo Carretera, hasta 1977.
-Aquel edificio tuvo muchos detalles singulares para aquella época, ¿no es verdad?
-Es cierto. Tiene en total 32.000 metros cuadrados, una fachada curva y una volumetría con dos cuerpos: uno de 13 y otro de 31 pisos. Sus líneas modernas -que no eran comunes en mi trabajo- se sustentaban en detalles originales de metal y opalina. La planta, con tres núcleos circulatorios, daba departamentos muy bien orientados y confortables.
-Bueno, ésas son cualidades que tienen todos sus proyectos, que incluyen muchas casas, ¿no es cierto?
-Sólo en Punta del Este debo tener más de cien casas, y otro tanto entre Buenos Aires, Mar del Plata y en countries de los alrededores de la Capital. Sí, hice muchas viviendas para amigos y tuve muchos clientes que se han hecho amigos.
Siempre me gustó el deporte y la vida al aire libre. Jugué al tenis con los dos hermanos Menditeguy, Luis Drago Mitre y Adolfo Bioy Casares, nada menos, y en primera.
La entrevista llega a su fin y no se ha hablado del Claridge Hotel, del Bristol o del edificio Berlingieri. Pero cae la tarde y lo dicho parece suficiente para ilustrar a los jóvenes de hoy acerca de este caballero de 90 que no advierte el paso de los años y sigue dando clases.
Clases de vida.
"Siempre fui amigo de mis clientes"
"Uno de mis primeros clientes fue el doctor Manuel F. Castelo, al que le hice una casa en Punta del Este, pero siempre recuerdo a Cademartori (aquél de la firma Suffern-Moine y Cademartori), que era una de las personas más versadas en el tema inmobiliario, agudo y decidido. Pero había también amigos del ambiente artístico, como Osvaldo Fresedo, al que le diseñé la bo”te Rendez Vous en la calle Maipú y una casa en Mar del Plata; hice otros locales nocturnos: Golden Gate y Embassy en Florida y Suipacha."
En los buenos tiempos el estudio tenía entre cuarenta y cincuenta profesionales, y Dubourg insiste en desta-car las cualidades de sus ayudantes más cercanos: los arquitectos Juan F. Arrastía, Pedro Rossi y Pedro Durs (que después sería proyectista del Palacio Duhau) y Alberto Castagnola, gran perspectivista.
Hablando de perspectivistas cuadra la consulta a Dubourg acerca de la computadora y su protagonismo actual.
"Reconozco que yo ahora sería un inútil, porque siempre hice desde el croquis inicial hasta los planos de detalle. Y eso fue desde 1935, año en el que proyecté la primera obra, hasta que me retiré."



