Un delirio que surge en Punta Ballena
Muy cerca de Maldonado y del flamante aeropuerto, una casa autosuficiente
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Cuando el arquitecto Juan Carlos Herrera se refiere a la zona donde se localiza la casa que proyectó en Punta del Este, Uruguay, traza una descripción muy clara. Ubicada en un sector denominado Punta Ballena Rural, próxima al camino Lussich y a Portezuelo, la chacra en cuestión, de 8 hectáreas, se incorporará a una zona privilegiada de terrenos quebrados, montes, eucaliptos, tajamares (lagunas), piedra y huertas, y de vecinos locales y extranjeros, con residentes permanentes y veraneantes. Hasta aquí las palabras de Herrera. Por su proximidad a la ciudad de Maldonado (como apoyo) y al nuevo aeropuerto de Punta del Este, el lugar se presta para facilitar el uso de la vivienda durante todo el año. Parecería que el sitio resultó fascinante para el arquitecto Herrera, que añade en su cuadro la presencia de una ladera que cae hacia el Este sobre un tajamar poblado de patos y garzas, que recorre el terreno de Norte a Sur. Opuesto a esta laguna, un monte de eucaliptos de entre 15 y 20 años protege el lote del Oeste.
El partido
Para encarar la resolución del proyecto para el matrimonio Bach, el arquitecto se impuso seis premisas, a saber:
1) Volcar todos los locales principales hacia la mejor vista (el tajamar) y la mejor orientación (el Este).
2) Caracterizar en calidad y tamaño a la zona de recepción.
3) Meter el bosque dentro de la vivienda.
4) Hacer óptimo el funcionamiento de la casa con circulaciones claras y buena respuesta en verano e invierno, con pocas o muchas personas viviendo en ella.
5) Integrarse al lugar.
6) Mucha luz, aire, sol y color.
Con estas metas, el arquitecto armó la planta a partir de dos ejes perpendiculares: uno transversal, donde se suceden el acceso, la chimenea principal, dos áreas de estar, la galería-deck y el deck exterior; en el otro sentido (que coincide con la dirección Norte-Sur), una circulación vincula la suite principal, la zona de recepción (bar, estar, comedor) y el sector de dormitorios que incluye dos dormitorios, dos baños gemelos, un gran play-room-dormitorio de niños, una galería, y culmina en el exterior con una piscina. El eje longitudinal, a su vez, va apoyando la zona social con vestidor y baño principal, un depósito de playa, la cocina-comedor diario, el área de servicio y los ya mencionados baños. En un volumen suelto, próximo a la cocina, se sitúa el parrillero-quincho, que incluye la parrilla y chivetera , vestuario, lavadero, tendedero y duchas exteriores.
Otros detalles
El proyecto se completa, en otro sector de la chacra, con una vivienda para el encargado, que tiene como rasgo particular una casa para huéspedes (simétrica) en un primer piso y con los accesos en el lado opuesto, y un garaje-taller de apoyo al conjunto. Al observar la planta de la casa principal, Herrera destaca la creación de tres zonas bien definidas: el dormitorio del matrimonio Bach, la recepción con el apoyo del servicio y, por fin, la zona de dormitorios de huéspedes. Para prever las variantes posibles en cuanto al uso y la climatización de esta casa, se pueden cerrar cualquiera de los dos extremos si no se utilizan.
Para usar durante todo el año
Cuando se habla de la integración con el entorno, algunos rasgos ayudan a aclarar el concepto. Por ejemplo, la referencia al ya mencionado bosque posterior se hace presente en el área central de la casa con dobles columnas de eucaliptos en bruto, con capiteles de madera que soportan las cabriadas, toda la madera a la vista tratada con aceite. Sólo el machimbre de la cubierta se pintó en blanco en el interior, mientras que un zócalo exterior perimetral, de piedra del lugar, sirve como apoyo de la casa, y junto con la vereda de lajas la aísla del terreno. Otra característica de El Delirio es el particular uso del color exterior e interior.
La construcción de esta vivienda se encaró de manera tradicional, con paredes de ladrillo portantes, cubiertas de estructura de madera y machimbre y chapa prepintada (con aislación completa de poliuretano expandido), revoques finos y pintura, carpinterías de madera en los locales principales y de aluminio blanco en las zonas de servicio. En los ambientes principales se eligieron pisos de lapacho, de cerámicos en los dormitorios de huéspedes, circulaciones y locales de servicio. En las áreas exteriores se utilizaron maderas de lapacho en los decks y lajas en las galerías. Como se partió de la idea de utilizar la casa todo el año, se dispuso para la calefacción una chimenea muy importante en el área de estar, una salamandra española en el dormitorio principal y radiadores eléctricos en toda la vivienda. Para la temporada veraniega, el proyecto propone una serie de recursos de diseño (ventilaciones cruzadas, la altura de los ambientes, la aislación de la cubierta) y ventiladores de techo para climatizar confortablemente la casa. El Delirio, proyectado y construido en 1998, tiene 450 metros cuadrados en la vivienda principal más 170 metros cuadrados en la casa del encargado y huéspedes.
El arquitecto Juan Carlos Herrera tuvo a su cargo el proyecto y dirección, y la documentación técnica corrió por cuenta de la arquitecta Liliana Boffi.



