Un Gran Patio para la cultura mundial
Una vez más, Norman Foster es el autor de otra gran obra para la historia de la arquitectura inglesa
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LONDRES.-Son raras las veces que los británicos se sienten orgullosos de una proeza arquitectónica. Pero el Great Court (Gran Patio) del British Museum, aun antes de ser inaugurado, el 6 de diciembre último, por la reina que le dio su nombre, Queen Elizabeth II , ya se había convertido en la excepción a la regla. Con su espectacular techo de cristal de 96 m de largo (la extensión del Buckingham Palace) y 72 de ancho (la medida de la cancha del estadio de Wembley), el espacio cubierto más grande de Europa, con dos acres, reveló al público un rincón oculto durante 150 años por el British Museum.
Cuando Robert Smirke, el autor de la emblemática configuración neoclásica griega del museo, puso sus ideas sobre papel, en 1823, el patio iba a ser un jardín repleto de plantas exóticas. En 1852, dos años antes de su inauguración, Charles Barry, uno de los arquitectos del Palacio de Westminster, propuso colocar sobre él un techo de vidrio sostenido por 50 pilares de hierro de modo de convertirlo en el Gran Hall de las Antigüedades . Su sueño tardaría en cristalizarse casi dos siglos.
La apertura en 1857 de la Sala de Lectura (Reading Room) puso fin a todos los planes. Lo que comenzó como una biblioteca de curiosidades terminó dando a luz a la gran British Library y, sin lugar donde poner todos los libros que, por ley, deben ser enviados a la biblioteca nacional, el patio terminó convirtiéndose en un gran almacén. Y esto habría continuado de no ser por la mudanza de la British Library a un emplazamiento propio, en Kings Cross, hace dos años.
El techo del Gran Patio, diseñado por computadora, cubre un área de 6000 m2 y pesa 800 t, de las cuales 478 corresponden al acero y 315 al vidrio. En total, se emplearon 12 km de acero; 6000 miembros de metal fueron conectados unos sobre otros mediante 1800 nudos con una precisión de más o menos 3 milímetros.
La cubierta está compuesta de 3312 paneles cortados individualmente en forma triangular. Cada panel ha sido sometido a una técnica conocida como fritting, que consiste en aplicar puntos de cerámica verde sobre un 50 por ciento de su superficie, de modo de que filtren los rayos ultravioleta y reduzcan los efectos dañinos del sol.
Sólo hubo un escándalo
El uso de piedras de Galicia (caliza Capri para la escalera de acceso a la Reading Room ) y Francia en lugar de las de Portland, empleadas originalmente en el resto del edificio, provocaron un escándalo entre los más tradicionalistas por más que se asegura que las diferencias son imperceptibles a simple vista, y que son igualmente resistentes y duraderas.
Pero éste ha sido el único altercado en lo que se reconoce como uno de los proyectos arquitectónicos más complejos y más caros (150 millones de dólares) del mundo.
Foster ganó la licitación en 1993 tras competir con 132 firmas internacionales. El diseño de sir Norman Foster y la realización de las firmas de ingenieros Buro Happold y Waagner Biró se han ganado los aplausos unánimes de críticos y especialistas.
Durante los 23 meses que duró la construcción hubo que limpiar, mediante demolición y excavaciones, unos 28.000 metros cúbicos de material (una medida equivalente a 17 piscinas olímpicas), de modo de poder colocar las 16.000 toneladas de concreto que ahora constituyen su fundación y piso.
Gracias a este trabajo, la también restaurada Reading Room -que ahora albergará bajo su espectacular cúpula de estilo Regencia un centro de datos mutimediático y una biblioteca de referencia abierta por primera vez a todo el público- ha quedado en el corazón del edificio. Y esto, de por sí, ha revolucionado el mapa del edificio.
Otro error del pasado ha sido rectificado: el Gran Pórtico del Sur, demolido en 1870 para dejar más espacio al hall central del museo (que ya no podía albergar a los 5 millones de visitantes que llegan anualmente a sus puertas), fue reconstruido siguiendo el original de estilo jónico.



