Un museo para la humanidad
Daniel Libeskind buscó que su proyecto acercara la arquitectura a interrogantes que hoy son relevantes para todos, y se convirtiera en un referente urbano internacional
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Concluido en enero último, el edificio del Museo Judío de Berlín se inscribe en la exclusiva lista de las construcciones destinadas a convertirse en referente ineludible del debate arquitectónico internacional.
Desde el momento en que el proyecto presentado por el arquitecto polaco Daniel Libeskind obtuvo el primer premio del concurso -hace ya 10 años-, las principales publicaciones especializadas de todo el mundo reprodujeron la singular planta en forma de zigzag que contrastaba con un entorno de construcciones clásicas y de gran valor simbólico. Como es de imaginarse, la inauguración, aunque parcial pues aún resta ejecutar el equipamiento de la muestra, que estará concluido el año próximo, convocó a público y especialistas atraídos por la potencia y dramatismo del diseño.
El edificio tiene por tema, por primera vez en la Alemania de posguerra, la historia del Holocausto y su interrelación con Berlín y los ciudadanos judíos. Con una superficie total de 15.500 metros cuadrados, la obra se sitúa lindera a una construcción barroca proyectada en 1830 por Karl Friederik Schinkel.
Un antiguo deseo
La realización del museo ha permitido concretar un anhelo compartido por la mayor parte de la ciudadanía de Berlín. En 1933 se construyó en la ciudad un museo para representar la contribución de la cultura judía a la ciudad. El edificio fue cerrado por Hitler en 1938 al tiempo que millones de judíos eran enviados a los diversos campos de concentración.
Cuando en los años noventa se retomó la propuesta de contar con el museo se asignó un predio situado sobre la avenida Lindenstrasse, en el extremo sur del centro histórico de la ciudad: un sector aislado de la ciudad, cercano al famoso muro que la dividió desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Según el texto que el arquitecto Libeskind remitió a La Nación junto con la documentación de la obra, existen tres ideas básicas que originaron la realización del Museo Judío. En primer lugar, la imposibilidad de entender la historia de Berlín sin comprender la enorme contribución intelectual, económica y cultural hecha por los ciudadanos judíos a la ciudad. En segundo lugar, la necesidad de integrar física y espiritualmente el significado del Holocausto en la conciencia y la memoria de Berlín. Y por último, que sólo con el conocimiento de esa ausencia y vacío de la vida judía en la ciudad se puede esperar para Berlín y para toda Europa un futuro más humano.
El programa de la nueva ala previó abarcar la historia de la religión, la comunidad, los judíos y la sociedad desde 1870 hasta nuestros días.
Una matriz irracional
Luego de un concurso internacional realizado en 1989, antes de que se derribara el muro de Berlín, se adjudicó el primer premio al trabajo presentado por Libeskind. Según admitieron posteriormente los miembros del jurado, la propuesta les resultó difícil de interpretar no sólo porque se independizaba del entorno, sino por el partido adoptado, que surgió de entrelazar sobre el plano de la ciudad diferentes localizaciones de ciudadanos ilustres, judíos y no judíos, generando lo que el autor llamó una matriz irracional , en un sistema de triángulos rectángulos que dio lugar a formas distorsionadas de la Estrella de David, símbolo que los judíos debían usar obligatoriamente durante el nazismo para diferenciarse y marcar su origen.
Libeskind también se inspiró en el músico Arnold Schoenberg, una figura prominente de la música moderna, que estaba trabajando en la escritura de su ópera Moisés y Aarón , pieza que quedó inconclusa cuando Hitler alcanzó el poder.
El arquitectó explicó que además tomó como fuente de inspiración el ensayo crítico de Walter Benjamin Calle de una sola mano (One Way Street), escrito al que Libeskind califica como "una guía apocalíptica".
Por otra parte, la historia trágica de los judíos de Berlín adquirió un nuevo sentido cuando el arquitecto pudo revisar los registros de las deportaciones. El gobierno le envió dos extensos volúmenes con nombres, fechas de nacimiento y de deportación, y los sitios en los que fueron asesinados.
Con estos datos, Libeskind trazó un partido al que denominó entre líneas , que se materializa en el lado norte con un frente hacia la calle, estrecho y ortogonal; y hacia el Sur, mediante el trazado de líneas del edificio que explotan y se inclinan de una forma libre ofreciendo una versión abierta y rota al mismo tiempo de la Estrella de David.
"Lo denominé entre líneas -explica en su texto el autor- porque es un proyecto sobre dos líneas de pensamiento: la organización y las relaciones. Una es una línea recta, pero rota en diversos fragmentos; la otra, una línea tortuosa, pero que continúa indefinidamente."
El acceso al edificio es a través de la construcción barroca, desde la cual se ingresa en un gran vacío con escalera que lo vincula en forma subterránea con el nuevo cuerpo. Exteriormente, ambas construcciones no poseen ningún vínculo.
Una vez dentro del nuevo edificio tres ejes plantean recorridos diferentes: el más largo conduce a la escalera principal y aloja las áreas principales de exhibición; el segundo conduce al jardín del Exilio y la Emigración, y el tercero a la muerte representada por el hueco del Holocausto. En consecuencia, las galerías principales que documentan la proeza de los berlineses, judíos y no judíos, siguen la forma del zigzag en planta.
Como un tajo que cruza las galerías, en sentido perpendicular a la calle existe otra línea, en este caso de vacío, que se materializa mediante un espacio de hormigón visto y que recibe luz indirecta proveniente de rajas que se convierten en ventanas y cielos rasos. Estos son espacios vacíos, libres de artefactos, que cortan en forma oblicua las galerías. Estos vacíos libres representan, en la visión del autor, la ausencia de las vidas perdidas en el Holocausto.
A través de los planos y fotos resulta difícil situarse en el lugar del visitante. Por un lado, parecería que la planta propone un recorrido unidireccional, pero al mismo tiempo las imágenes transmiten situaciones ambiguas y opciones en las que el usuario parece forzado a elegir entre alternativas.
Una evidencia omnipresente
Sin embargo, es interesante observar que, a diferencia del Museo del Holocausto realizado en Washington por James Ingo Freed, en el que se representó mediante objetos, imágenes y testimonios el premeditado objetivo del nazismo de exterminio de judíos, en su edificio Libeskind no recurre a ninguno de ellos pues, como aseguran diversos críticos, la evidencia del Holocausto es omnipresente en Alemania.
El diseño del edificio ha buscado reforzar su impacto por medio de espacios de gran escala, paredes con ángulos vivos y largas rajas de luz que dramatizan el recorrido.
La denominada Torre del Holocausto se encuentra en el jardín mencionado, el cual se identifica por contar con 48 columnas cuadradas (representan el año de fundación de Israel), rellenas y coronadas por vegetación que se derrama en sus bordes. Dentro del edificio, los visitantes se mueven por espacios angostos y utilizan puentes para atravesar los huecos e inaccesibles vacíos. El museo no cuenta con un espacio final que culmine el recorrido, porque éste, según afirma el autor, continuará en sus mentes.
"Yo creo -concluye Libeskind- que este proyecto acerca la arquitectura a interrogantes que hoy son relevantes para toda la humanidad. Con él he tratado de realizar un museo que no sea una respuesta a problemas particulares, sino un emblema de la esperanza."
Acercamiento multidisciplinario
Nacido en la Polonia de posguerra, en 1946, Daniel Libeskind se convirtió en ciudadano norteamericano en 1965. Sus antecedentes revelan una inquietud multidisciplinaria por parte del arquitecto, que le permite nutrirse de diversas fuentes para enriquecer el tratamiento de cada proyecto.
Estudió música en Israel y en Nueva York, ciudad en la que en 1970 se graduó como arquitecto. Posteriormente realizó un posgrado en historia y teoría de la arquitectura en la Universidad de Essex.
Libeskind abrió su estudio en Berlín luego de ganar el concurso para el Museo Judío, y posteriormente construyó diversos museos en Alemania y realizó trabajos de diseño urbano en diversas localidades europeas. Actualmente está proyectando la extensión del Victoria & Albert Museum, en Londres; la sala de la Filarmónica de Bremen (Alemania), y el Museo Judío de San Francisco (Estados Unidos), entre otros.
Es, además, profesor invitado de la Universidad de Harvard y de Londres.



