Un tal Louis Sullivan
Por Luis J. Grossman
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Murió hace 75 años y no es demasiado recordado, por lo menos en la medida de su importancia para la consolidación de la arquitectura moderna en los Estados Unidos y, a partir de allí, en el mundo entero.
Por lo general se lo evoca como el maestro de Frank Lloyd Wright, y hay incluso una frase de éste, que no era demasiado demostrativo, que lo calificaba como su Lieber Meister, expresión germana por querido maestro . Pero Louis Sullivan, oriundo de Boston (donde nació en 1856), fue por mérito propio uno de los mayores creadores de la arquitectura de Chicago, lo que no es poco.
Hijo de inmigrantes irlandeses, Sullivan encarna un auténtico prototipo del pionero norteamericano de Nueva Inglaterra. Criado en contacto con la pradera de Massachusetts, con el amor por la naturaleza absorbido desde su infancia y adolescencia, tuvo la influencia de Moses Woolson en la secundaria, que contribuyó a desarrollar su intelecto y alentarlo para superar las difíciles condiciones del ingreso en el Massachusetts Institute of Technology (el ya mítico MIT). Más tarde decidió viajar a París para asistir a L´Ecole des Beaux Arts, en la que ingresó pasando las dificultades de los exámenes después de seis semanas de intensa preparación.
Pero lo curioso es que Sullivan, una vez vencidos los obstáculos para ser admitido (primero en el MIT de su país y más tarde en la célebre Ecole des Beaux Arts) los abandonaba. Estuvo sólo un año en el Instituto de Massachusetts y algunos meses en la escuela de París. Cuando volvió a Chicago empezó a trabajar en estudios de arquitectos hasta que, a los 26 años, entró en la oficina de Dankmar Adler, célebre profesional de la época. Apenas un año después, Adler lo designó como socio pleno.
Su período productivo duró no más de quince años, ya que cuando tenía sólo 43 ya su carrera entró a declinar por la incomprensión de sus contemporáneos y el envidioso resentimiento de muchos colegas. Terminó su trayectoria con algunas sólidas y rotundas sedes bancarias en el Medio oeste, en Ohio, Iowa, Columbus y otras ciudades de la región.
Una sólida presencia
Como suele leerse en muchas biografías de personajes notorios, Louis Sullivan murió en 1924, solo y abandonado. Su vida familiar no fue para nada confortable ni gratificante, y eso contribuyó a su estado depresivo.
Pero lo han sobrevivido, con envidiable solidez y consistente belleza, los edificios diseñados y construidos en esos quince años de infatigable producción creativa. El que recorra el loop de Chicago, un circuito donde se concentra lo mejor de la arquitectura de este siglo que concluye, apreciará, como telón de fondo, la vigorosa y equilibrada belleza de esas obras centenarias. Obras que revelan una actitud épica: la de levantar los primeros rascacielos en una ciudad que enfrenta los gélidos vientos del lago Michigan. Acto de fe que tuvo como protagonista a un tal Louis Sullivan, arquitecto.



