Un tesoro del pasado para apreciar hoy
Firme como un acantilado, con casi un siglo de existencia, nos recuerda el esplendor de otros tiempos
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En la céntrica esquina de Perú y Belgrano, si doblamos por Perú hacia la Plaza de Mayo un poco distraídos tenemos a la izquierda una especie de gris acantilado. Un edificio de granito. Efectuando la clásica operación de contraer las vértebras del cuello veremos que sobre nosotros se cierne una variada masa de piedra, ornamentada de la manera más extraña.
A principios de siglo, nos parece, había una fuerte necesidad de ornamentar, pero se había perdido la obligación de hacerlo con estilos clásicos. No se había perdido, sin embargo, la disciplina de ornamentar dentro de los lineamientos de la tradición arquitectónica; quiero decir, con sistemas o conjuntos de elementos o partes diseñados para la ocasión, pero siempre siguiendo el esquema de los edificios clásicos. De esta rebuscada manera, estoy delimitando el así llamado eclecticismo . Las columnas, por ejemplo, podían ser reemplazadas por figuras humanas, reviviendo una excentricidad inaugurada en los tiempos de la arquitectura griega. Las Cariátides, unas señoras que sostienen aparentemente sin esfuerzo el techo del pórtico lateral de un templo llamado Erecteión, que está en la Acrópolis de Atenas, así lo prueban. Era quizás un capricho. Tanto fascinó a los ingleses que del mismo modo en que lord Elgin se alzó con los mármoles del Partenón que están en el museo Británico, un arquitecto llamado H. W. Inwood repitió (en 1818) esa "tribuna de las Cariátides" en el lateral de una iglesia próxima a la estación de St. Pancras, en Londres. Cuando son figuras masculinas, se llaman atlantes .
En Buenos Aires, algunos autores de principio del siglo XX prodigaban atlantes para sostener partes de las fachadas de sus edificios; ninguno tuvo el acierto localista de emplear indios para esta tarea, a excepción del autor del edificio que nos ocupa. También empleó cóndores en la parte superior, seguramente para reforzar el efecto regional. Estos cóndores nos recuerdan otros casos de zoología pétrea; me parece recordar que el Museo de Ciencias Naturales en el Parque Centenario posee dos búhos que severamente presiden la entrada.
Otros atlantes son más cómodos y sostienen sentados el peso del edificio, como los que hay en avenida Rivadavia a una media cuadra del Congreso. Los cóndores de Perú y Belgrano son más arbitrarios que los atlantes; se asoman desde la masa de piedra curvando el cuello, como si todo el edificio fuera parte de los Andes. Este esfuerzo metafórico los hace aun más enigmáticos. Con su silueta de pináculos de varios pisos que convergen en una curva decidida hacia los remates, el edificio nos impresiona. A su sombra parece hacer más frío que en los alrededores. Esa interpretación en piedra, indudablemente alemana, de lo que se suponía eran nuestros atavismos bien podría estar en Hamburgo; allí sería exótico. Aquí también lo es.
Su autor, aunque nórdico, no era alemán: sabemos que era dinamarqués, de nombre M. F. Ronnow, y que la obra es de 1914. Exactamente antes de la Primera Guerra Mundial, que todo lo cambiaría en Europa.
Justamente por ser exótico es un aporte a nuestra memoria urbana. Pensamos sin poder evitarlo qué diferente fue el otro principio de siglo, cuántas esperanzas de grandeza contenía, aunque se expresaran en un lenguaje que hoy nos es ajeno.
La historia
Nombre: edificio Otto Wolf
Ubicación: avenida Belgrano 601, esquina Perú 375/99
Barrio: San Telmo
Año de construcción: 1914
Autor: arquitecto M. F. Ronnow (también participaron los ingenieros Pedro Dirks y Luis Dates)
Usos: edificio de oficinas con un local en planta baja (éste alguna vez fue sede del Montepío, entidad precursora del Banco Municipal de Préstamos; hasta hace pocos años funcionó la zinguería Pérez-Alvarez).
Características: tiene 7 plantas, más dos cúpulas-torres (también con 4 pisos) que sostienen, respectivamente, una corona rematada por un pararrayos y una esfera con un gallardete y las iniciales O y W. Posee ocho vigorosos atlantes que sostienen la carga de las cornisas; también hay cóndores, pingüinos, almenas, balcones, gárgolas, pasadizos y rostros.



