Una casa Curutchet en las sierras
Está en el barrio Colinas del Cerro, Córdoba, y fue proyectada como vivienda y lugar de trabajo
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Tan acostumbrados estamos los arquitectos a hablar acerca de la Casa Curutchet de La Plata (proyecto de Le Corbusier que enaltece a la ciudad), que sorprende conocer una vivienda que responde al mismo nombre, pero localizada en la ciudad de Córdoba.
Su denominación resulta de quien es a la vez ocupante y autora de la obra, la arquitecta María del Carmen Curutchet, más conocida como Mirina. Resuelta en tres niveles y focalizada hacia el río y la Reserva Ecológica del Suquía, no recurre a alardes visuales o estructurales, sino que se propone crear una respuesta adecuada a un programa de necesidades y a un contorno definido. Con relación a este último, corresponde aclarar que el lote en el que se construyó la casa da a una calle (Molina Navarrete) que bordea la barranca, en tanto que el fondo mira hacia la Reserva. Estos lotes están en un sector fuertemente erosionado por las aguas pluviales provenientes del Barrio Urca y debieron ser rellenados con el fin de reconvertirlas en área construible.
Sobre estas condicionantes, Mirina Curutchet optó por un partido de planta compacta en tres niveles, que facilita un planteo estructural basado en pozos romanos que se corresponden con un total de diez columnas de hormigón armado contenidas y ocultas en la mampostería, salvo cuatro de ellas que, a partir del primer piso, se transforman en columnas de hierro. La planta baja está a medio nivel por debajo de la calle de acceso, en la cota del fondo del terreno. Allí está el estudio de la arquitecta Curutchet.
En el primer piso se ubica la cocina-comedor-estar y en el superior, los tres dormitorios. La idea central adjudica a la planta noble una fisonomía de loft, al articular en un solo espacio cocina-comedor-estar y galería, este último como un amplio recinto con dos lados transparentes y abiertos a las vistas y la ventilación, donde se ubicó también el asador. Se integran así en este nivel todas las funciones cotidianas de carácter familiar y social.
Apenas traspuesto el hall de ingreso, la escalera de doble rama se revela (igual que en la Curutchet original) como la columna vertebral que comunica a los tres niveles tanto en lo funcional como en lo espacial.
El techo de la planta baja es una losa de viguetas pretensadas y ladrillos cerámicos. A partir de allí, la estructura se aliviana: el segundo entrepiso es de hierro y madera. El uso del acero a la vista responde a razones de carácter estético y estructural, asegura la rigidez de los dos pisos superiores y permite su resolución como plantas libres y flexibles. El contrapunto logrado entre acero, ladrillo y madera, junto con las transparencias con vistas a un paisaje sugerente, ofrecen un notable diálogo entre estas visuales y la cálida intimidad de los interiores.



