Una casa de película
Sobre la base de una antigua casona, los arquitectos Juan Molina y Vedia y Silvia Battle Planas diseñaron la vivienda del cineasta argentino Fernando Pino Solanas
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Los arquitectos con años de experiencia en proyectar suelen afirmar que la propuesta más difícil de concretar es una vivienda individual para un usuario determinado. No por su complejidad, sino porque más allá de sufrir las adaptaciones habituales de un programa, la casa hecha a medida debe personificar los futuros sueños de sus habitantes.
Interpretar las visiones, en este caso definidas, que planteó el cineasta Fernando Pino Solanas a su amigo el arquitecto Juan Molina y Vedia fue una tarea que junto a la arquitecta Silvia Battle Planas encararon como amistosos cómplices en la aventura .
Así lo expresa Molina y Vedia al evocar la metodología de trabajo que se siguió con un cliente de ideas precisas, que prefirió tomar decisiones a medida que su casa crecía. Esta metodología necesitó un trabajo artesanal, tanto en la búsqueda de materiales y elementos como de mano de obra.
A la personalidad del cliente, clave en el proyecto, se sumaron los requerimientos del resto de los usuarios de la casa: su esposa, la actriz brasileña Angela Correa, su hijo Flecha -también brasileño- y los dos hijos del primer matrimonio de Pino. Para las amistades de la actividad cinematográfica habrá oficinas que ocuparán un ala de la casa con acceso diferenciado, pero conformando un solo bloque con el resto.
Se trata de una vieja casona de la década del 20 ubicada entre las estaciones Olivos y Borges, a 20 minutos de la estación Retiro del ferrocarril. Sobre un lote de 26x20 metros, una L de resolución formal palladiana toma la forma de la esquina y abraza un amplio jardín.
La primera decisión fue mantener modificado el trazado de la casona. "La atmósfera buscada es imaginable conociendo las películas de Solanas; situaciones complejas, pero de fuerte definición; calidez, texturas y colores; gusto por las viejas maderas historiadas por gruesas cicatrices, fueron el rumbo del viaje de este proyecto", explica Molina.
Viejas fazendas brasileñas y toda la tradición de las arquitecturas populares y coloniales latinoamericanas, profundas galerías, amplios tejados, espacios penumbrosos caros al registro de luces y sombras que le gusta manejar a Solanas fueron elementos incorporados para el singular resultado.
Livianas estructuras de nuevos entrepisos armados con ladrillos apoyados en perfiles metálicos, muros existentes con su antigua mampostería al descubierto o revocados, según los sectores, alguna vieja pared mantenida como contrafuerte escalonado que sirve de apoyo a esculturas y objetos, configuran los espacios generosos que contienen las historias que Pino y Angela recogieron en sus vidas.
El espacio octogonal sobre el que gira el edificio tomando la esquina es quizá la novedad más notable con respecto al esquema original. Funciona como un estar prolongado hasta incorporar el espacio permeable de la cocina. Pero a la vez resulta una especie de teatrino , con una escena insinuada, apenas elevada hacia la que convergen las miradas desde la galería superior -en el primer piso-, con sus vitraux en gruesas perforaciones del viejo muro de fachada.
Sobre esa doble altura un piso vidriado, transparente, abre una linterna que sigue en la cúpula sobre el estudio de Solanas, por la que se dejan ver el cielo y las copas de los añosos plátanos que bordean las veredas. Un juego de transparencias, reflejos y visuales inesperadas y cambiantes transforman este espacio en una suerte de linterna mágica. Desde allí es visible la pileta de natación, atada en su ubicación a la disposición de la casa, con la forma de una hoja de árbol de tamaño insólito caída sobre el terreno. La estructura arbórea dibujada sobre su fondo refuerza su sentido de bisectriz del sistema formado por las dos alas de la casa, sobre las calles Sáenz Peña y Rioja. Este sistema refuerza el esquema urbano de manzanas y esquinas.
Dado que el cuerpo de la casa es menor que el tamaño del lote, en los dos extremos libres aparecen espacios protegidos con paños de madera tramados, livianos y aéreos, rodeados de vegetación. El efecto vegetal está presente incluso en el interior, donde hojas colocadas en la cara inferior del encofrado de las losas -trabajo del arquitecto Edgardo Rodríguez- dejan su impronta definitiva en los cielos rasos. Un ingrediente más de una escena muy particular.



