Veredas accesibles al fin del mundo
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Para dar una mejor respuesta de accesibilidad en las veredas de Ushuaia, en la ciudad del fin del mundo, surgió la propuesta de la arquitecta Adriana Storni, que comienza como un estudio de la situación urbana en un lugar del país en el que el auto es una vaca sagrada y las variables de las calles en el casco céntrico incluyen fuertes pendientes de terreno, situaciones constructivas preexistentes, entradas de auto, veredas muy angostas y anchos de calles referentes a una aldea.
Partiendo de esta situación, la arquitecta hace un estudio de los conflictos más repetidos y codifica las dificultades frecuentes, y así desarrolla una propuesta que concluye en un trabajo titulado Las veredas merecen ser proyectadas .
El proyecto parte de la idea básica de una vereda compuesta por tres sectores diferenciados: la zona de circulación, planteada como volumen libre de riesgos, y dos sectores de apoyo a ambos lados: uno de servicios y equipamiento sobre el cordón, y otro de transición, que vincula la vereda pública con el edificio particular frentista; genera un mecanismo de uso en el que luego se basaría la Fundación Rumbos para el tratamiento realizado en la renovación de las veredas de Avda. Patricios, La Boca-Barracas. Lo más interesante es que a partir de este trabajo de investigación donde la accesibilidad se plantea como una cuestión de grado , la autora es convocada para colaborar en la redacción de una ordenanza municipal en la que se vinculan circuitos urbanos accesibles para zonas de equipamiento comunitario-comercial, convirtiéndola en ley obligatoria para el municipio de Ushuaia.



