
Para sacarles el jugo, los jet ski requieren de gran habilidad y equilibrio
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No debe extrañar que los jet-ski no hayan tenido la misma aceptación casi masiva que las motos de agua ya que no abundan los fabricantes, porque son máquinas excitantes pero dificultosas, al punto que, para muchos navegantes, no tienen atractivo. En realidad, son para jóvenes con fuerte apego a la velocidad y aptos física y mentalmente.
Una mirada sin mucha atención, a vuelo de gaviota, diríamos, no permite encontrar grandes diferencias entre una moto de agua clásica y un jet ski, pero lo único que comparten son las medidas generales, el peso (aproximadamente) y la propulsión por medio de turbina. A partir de eso, todo es distinto. Una moto de agua se cabalga, sentado a horcajadas en su butaca longitudinal y, en realidad, uno va transportado por ella como si fuera una moto de calle. Hay que ejercer equilibrio corporal, es cierto, pero no mucho (excepto en maniobras muy comprometidas y giros violentos), y todo transcurre descansadamente.
En el jet ski se navega de pie, de rodillas (ambas, o una sola), con una pierna o las dos dentro del agua y, la enorme diferencia con la moto, manipulando el volante (que contiene al acelerador) y la columna que lo soporta hacia arriba y abajo por medio de una bisagra que se articula en la proa. Dicho volante corona un brazo móvil (la columna colapsable) que parte desde esa bisagra y la dirección de la marcha sobre el agua, en realidad, la da el cuerpo del tripulante, su peso, volteado a babor o estribor (o al medio) en equilibrio-desequilibrio sobre la plataforma inferior. Como se ve, no hay asiento propiamente dicho ni nada que se le parezca, y la conducción corre por cuenta de su único ocupante, siempre dispuesto a darse un remojón cuando menos se lo espera.
Hombre al agua
El sistema propulsivo se corta automáticamente tan pronto la columna pivotante queda desatendida y se repliega hacia abajo espontáneamente, figura eufemística que significa que el conductor ha caído al agua; entonces, el jet ski lo espera mansamente detenido, a la espera de que su piloto se trepe nuevamente y alce la columna, retomando el control de la situación.
Por supuesto que siempre es mucho mejor tener el consabido cablecito en espiral tipo teléfono conectado entre la muñeca izquierda y el switch de corte eléctrico, de modo que cuando uno sale despedido arrastra el cable y éste se desprende por sí mismo del volante, cortando la energía y parando el motor.
Yamaha tiene para los amantes de esta actividad un modelo llamado SuperJet SJ700A que no es muy grande (2,24 metros en total) y sí bastante estrecho (68 centímetros solamente), con un peso en seco de 132 kilos. Su motor, de dos tiempos, no es nada débil, 73 HP, en 701 cc, con un doble carburador Mikuni, cargando 18 litros de nafta (reserva incluida) previamente mezclada con aceite. Un detalle de confort, habría que llamarlo así, es que la plataforma posterior del piso, o sea la popa, está almohadillada, cosa que es bienvenida por los codos o por las mangas del traje de neoprene cuando volver a subir a bordo es el tema por encarar, luego de alguna tumbada o desmontada, al mejor estilo de los amantes de la equitación.
Ironías aparte, si hay emociones, pero de verdad, en el agua el jet ski las proporciona y eso explica cuántos adherentes tiene, pocos para pasear solamente, pero un nutrido número para competir en regatas muy emotivas por lo cambiante de las situaciones y en las cuales la habilidad personal es factor predominante por sobre la máquina utilizada.






