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Las compañías de seguros y las empresas dedicadas al rastreo de vehículos robados se enfrentan a un enemigo invisible: el inhibidor de señales. Esta tecnología, al alcance de la mano, distorsiona los sistemas electrónicos de seguridad y se ha convertido ya en el principal modus operandi de los delincuentes, que lo ponen en práctica mayormente en los estacionamientos de los centros comerciales de las grandes urbes.




