Almagro, el barrio que acuna la pastelería porteña
Los maestros festejaron en plena avenida Corrientes con una subasta de tortas
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De los postres barrocos a las expresiones minimalistas. Así puede resumirse la evolución de la pastelería que a través de los años provocó cambios estéticos aunque sin modificar los sabores finales de los productos. Ese concepto quedó plasmado ayer en plena avenida Corrientes entre kilos de crema pastelera, dulce de leche, chocolate, merengue, bizcochuelo y frutos secos, en el corazón de Almagro, uno de los barrios que mayor identificación posee con la pastelería porteña.
Más de cien kilos de tortas y pasteles desplegados en tres carriles de Corrientes al 4400 fueron un imán efectivo para atraer a cientos de vecinos en la misión que tuvo dos objetivos: festejar los 50 años de la Federación de Pasteleros y recaudar fondos que luego fueron donados a una iglesia del barrio para realizar obras de ampliación en el templo. En total se juntaron $ 51.000 por la venta de 1500 porciones y la subasta de unas 50 tortas que fueron exhibidas durante la tarde. Antes habían sido elaboradas por los alumnos y maestros de la escuela del Sindicato de Pasteleros.
"El ícono de la pastelería en Almagro es la confitería Las Violetas [en Rivadavia 3899], visitada por muchos de los personajes de la historia porteña. La identidad se fue forjando a medida que aparecían nuevas confiterías o pastelerías. Almagro, Palermo y Belgrano son los barrios pasteleros de Buenos Aires", cuenta a LA NACION Lorenzo Benítez, maestro pastelero, mientras pasea entre las tortas y atiende las consultas de los curiosos que se acercaron a comprar.
Entre todos ellos andan Florencia y Adrián, que acaban de casarse a pocos metros y no quisieron perder la oportunidad de sacarse algunas fotos entre las tortas de bodas vintage. Entre los 50 tipos de pasteles están los tradicionales de distintas épocas y los que aparecieron con la evolución del rubro. Pastafrola, tiramisú, rogel, torta de coco, milhojas, selva negra, lemon pie y Leguisamo, el orgullo del barrio.
Cuenta la historia que una tarde el jockey Irineo Leguisamo, habitual cliente de Las Violetas, pidió algo dulce, muy dulce, para acompañar su café. El maestro pastelero de entonces, que conocía a Leguisamo y su fanatismo por el dulce de leche, preparó un postre especial: capas de hojaldre, pionono, dulce de leche, crema de manteca, castañas en almíbar, pasta fondant y almendras picadas. Y lo bautizó Leguisamo.
"A un maestro pastelero no le puede faltar el dulce de leche, la crema de leche y la crema pastelera. Esos productos son la base de todo buen pastel", reconoce Jorge D'Alonzo, uno de los maestros con mayor experiencia dentro de la Escuela de Pasteleros del sindicato.
De allí, cuentan los más añosos, salen los representantes argentinos que se lucen en distintos torneos del mundo. Por ejemplo, en el Campeonato Latinoamericano de 2013, donde la Argentina consiguió el primer puesto. "En nueve horas hay que hacer una escultura en caramelo, una en chocolate, un postre de chocolate y una torta helada. El próximo es en febrero de 2016, en México, y los tres primeros clasifican para el mundial de Lyon (Francia) en 2017", cuenta Eduardo Ruíz, el capitán del equipo.
Ayer, pese a la amenaza de lluvia, las 1500 porciones que los más de 2000 alumnos ayudaron a cocinar se vendieron en pocas horas; la demanda fue sostenida por los precios populares: $ 30 la porción de 400 gramos. Pero también por lo que significa la pastelería para la gente. "Dicen que la pastelería es símbolo de la felicidad", resume el sacerdote Martín Boudieu, al momento de agradecer la donación. Y parece que tiene razón.
De acuerdo con un sondeo de una consultora, siete de cada diez argentinos asocia la pastelería con felicidad y cree que tener un amigo o familiar pastelero es una verdadera bendición. El estudio demuestra, además, que el consumo es frecuente: el 40% de los consultados reconocieron que compran tortas, al menos, una vez por semana.
Identidad argentina y también de un barrio que sostiene con orgullo la bandera de la crema pastelera, el dulce de leche y el bizcochuelo. Eso se vio reflejado ayer en el encuentro que combinó solidaridad, festejo y buenos sabores.



