Avanzar, aunque sea a contramano

Luis Moreiro
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4 de mayo de 2014  

Viernes, cuatro de la tarde, de cualquier mes del año. Anímese a cruzar la ciudad de Buenos Aires de Norte a Sur por el eje Panamericana, General Paz, Lugones, Retiro, Madero e Ing. Huergo, para tomar por la autopista 25 de Mayo, o La Plata. ¿Cuánto tiempo se demora? A ese infernal escenario que usted acaba de imaginar -o que habitualmente padece- ahora agréguele bitrenes, es decir camiones de hasta 26 metros de largo. Chau, despídase de su familia y avise que llega el mes que viene.

A veces da la impresión de que en la Argentina se valora más la capacidad de generar un problema que de buscar soluciones.

Ahora se habla de los bitrenes, como la solución moderna a los problemas del transporte pesado. ¿Por cuáles rutas? ¿Por las inexistentes autopistas del corazón de la pampa húmeda?

Esos gigantescos y modernísimos camiones, seguramente, harán un invalorable aporte a la modernización del parque automotor pesado. No se discute. Pero el problema, la raíz del problema, parece ser otro.

En la Argentina, el promedio de muertes en accidentes de tránsito es de 22 personas por día (en baja) y los camiones, según las estadísticas de la ONG Luchemos por la Vida, generan el 21% de esas muertes.

Imagínese un viaje no muy largo, digamos hasta Junín, por la ruta 7. La autopista se termina en Luján, a 60 kilómetros del Obelisco. Después, que Dios lo ayude. Llegar a destino es una lotería que se sortea entre pasadas de camiones que, a veces, hacen "trencitos" de dos o tres. Volvamos a la imagen inicial. Agréguele bitrenes a esa realidad.

Ponga como escenario la ruta 9, hacia el Norte. Parte los pueblos al medio, a todos. ¿Por allí correrán los armatostes de hasta 75 toneladas?

Puede seguir, por ejemplo, con la ruta 3, o con la 5 que, junto a las ya nombradas, recorren el corazón productivo del país. El resultado será siempre el mismo. Cero inversión, seguridad o crecimiento.

Pero vamos por los bitrenes, aunque sea a contramano.

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