"Cincuenta pesito', amigo"

Luis Moreiro
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8 de diciembre de 2013  

No parece difícil. Se trata, solamente, de hacer un esfuerzo para que Buenos Aires sea más ciudad y menos selva.

Cualquier persona puede comprender que un polo gastronómico o de diversión genera un movimiento diferencial de vehículos. El problema se genera cuando esos polos -que hacen mover la economía- se transforman en un dolor de cabeza para los vecinos.

Ocupación ilegal del espacio público, ruidos molestos, autos estacionados hasta en triple fila y ordenados por "trapitos" que, en la mayoría de los casos, hacen gala de un extraño manejo de sutiles amenazas para fijar su tarifa, son algunas de las quejas recurrentes. Bajar del auto y escuchar el "son cincuenta pesito', amigo" podría decirse que ya forma parte del folklore porteño.

¿Qué diferencia al auto estacionado irregularmente en Las Cañitas, o en Palermo Hollywood, del que se demora 20 minutos en colocar un nuevo ticket de parquímetro en el microcentro? Que al del segundo caso, seguramente, habrá que ir a buscarlo a una playa de acarreo y pagar la multa. El del primero, en cambio, sólo tendrá que aceptar la coacción del "trapito" para que no le toquen el vehículo.

No parece que la ley, en estos casos, sea pareja para todos. En realidad, cualquier desprevenido paseante puede concluir sin mucho margen de error que el control de la calle está en manos del más fuerte y no de la autoridad que legítimamente detenta el poder.

La Legislatura porteña acaba de aprobar una norma por la que, durante el segundo semestre de 2014, se extenderán las zonas de estacionamiento medido a casi el 50% de la ciudad. No está mal, obviamente, que el gobierno porteño intente organizar y regular de alguna manera el desquiciado problema del estacionamiento. Hace doce años, por otra parte, que las dos empresas que detentan el control de los parquímetros trabajan con sus contratos vencidos. En el horizonte, ahora, asoman cinco zonas por las que circularán las grúas.

Las Cañitas, Palermo Soho y Palermo Hollywood quedarán bajo la órbita de alguna de esas empresas.

¿Será ésta la añorada solución para tanto descontrol? ¿Quién se hará cargo de la erradicación de los trapitos cuando los parquímetros funcionen? Son sólo preguntas que buscan respuestas, mientras del otro lado de la ventanilla insisten: "Amigo, un pesito pa' la birra...".

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