Cuando los precios no conforman a nadie
Ya está. Lo dejo en la calle." La temerosa frase de resignación aparece en estos días como una de las más repetidas entre los automovilistas porteños al planificar los clásicos ajustes en el presupuesto familiar. Con un bolsillo agobiado desde hace algunos años por la alta inflación y la feroz presión impositiva, el auto muta de "niño mimado" a ser la primera víctimas del recorte.
En 2014 los valores que cobran los garajes privados de la ciudad -siempre según el barrio- aumentaron por encima del 30 por ciento, promedio. Es un número que no conforma a nadie: se trata de una variación que navegó por debajo de los costos que tuvieron los dueños de las cocheras (tienen sólo una rentabilidad de 4% anual en dólares), pero por encima del aumento salarial promedio de los argentinos, que durante el año pasado rozó el 29,6%.
Para los automovilistas todo es más caro. Subieron, además de las cocheras, la nafta, el seguro, las patentes y, sobre todo, la vida en general: la dirección estadística porteña informó para el año pasado una inflación del 38%. En su último informe, la Universidad Católica Argentina (UCA) estimó que en 2014 se registró una licuación salarial de cinco puntos.
A pesar de no cubrir los costos inflacionarios, los dueños de los garajes cuentan con una ventaja: la falta de planificación de los estados argentinos. La impresionante venta de autos de los últimos años no fue acompañada por más transporte público -más allá de algunas mejoras locales- ni por más oferta de garajes privados. Vale recordar, por ejemplo, que la Ciudad sólo concretó una de las once playas subterráneas de estacionamiento originalmente programadas.
Los datos son elocuentes: en 2014 había en la Capital un auto cada dos habitantes. O sea, 1.396.262 vehículos (el 12,1% del parque total del país) para una ciudad con 3 millones de habitantes. A eso deben sumarse los 1,2 millones de bonaerenses que todos los días trabajan en este territorio y buscan estacionar su auto. Esta falta de oferta, en definitiva, permite a los empresarios ajustar sus precios al ritmo de los salarios, aun en tiempos de crisis.




