Cuatro secuestros y tres asesinatos
La banda actuaba a dos cuadras de la Catedral de San Isidro
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Ricardo Manoukian tenía 23 años cuando fue secuestrado el 22 de junio de 1982. Fue la primera víctima del clan Puccio. Estuvo cautivo en un baño de la planta alta de la casa familiar de San Isidro hasta que finalmente fue asesinado de tres tiros en la cabeza en un descampado en Escobar. Desde ese baño era obligado a escribir cartas a sus parientes para contarles lo bien que lo trataban.
De las cuatro víctimas del clan, sólo Emilio Naum no pasó por la vivienda de Martín y Omar 544. Lo asesinaron de un tiro en el pecho cuando descubrió que intentaban secuestrarlo.
El segundo en caer fue Eduardo Aulet. Como Manoukian, conocía a Alejandro, el mayor de los cinco hijos de Arquímedes y Epifanía, de jugar al rugby. Aulet también estuvo en el baño y en un placard junto al escritorio. Desapareció el 5 de mayo de 1983 y su cuerpo fue encontrado cuatro años después en General Rodríguez.
El 23 de agosto de 1985, la policía abrió de un golpe el portón de la casa de Martín y Omar. Les costó encontrar a la última víctima, la única que logró sobrevivir. Cuando al fin la liberaron, Nélida Bollini de Prado llevaba 32 días en cautiverio. Para entonces, los Puccio habían perfeccionado su lugar de detención. Arquímedes había mandado construir un sótano. Oculta detrás de un armario, había una pequeña pieza de apenas dos metros por dos. Allí, encadenada sobre un colchón húmedo y junto a un inodoro improvisado sobre un balde, la mujer, de 59 años, pasó su secuestro. Una radio encendida todo el día intentaba ocultar su llanto.
Los secuestros del clan Puccio habían comenzado en plena dictadura, pero siguieron hasta dos años después del retorno democrático. La casa de Martín y Omar se convirtió en un símbolo del espanto. Familia de clase media con aspiraciones convertida en una banda de secuestradores que operaba en uno de los barrios más ricos de Buenos Aires. Apenas dos cuadras separan la casa de la catedral. Otro tanto hay que caminar para llegar al Club Atlético de San Isidro, el CASI, uno de los clubes de rugby más importantes y donde Alejandro era una figura. Jugaba de wing, ahí y en los Pumas. Y ésa fue la llave que le permitió llegar hasta sus primeras víctimas.
Alejandro pasó más de veinte años en la cárcel. Salió en libertad en 2007, pero murió a los ocho meses. Su hermano Daniel, "Maguila", logró esquivar a la justicia y se mantuvo prófugo hasta que la causa se extinguió. Reapareció el mes pasado.
Aunque fue condenado a reclusión perpetua, Arquímedes dejó la cárcel en 2008 beneficiado con el régimen de 2 x 1 y se fue a vivir a General Pico. Murió en 2013.
Ninguno de los miembros de la familia reconoció los crímenes. Lo hicieron otros miembros de la banda: Rodolfo Franco, un militar retirado; Roberto Díaz, y Guillermo Fernández Laborde, el primero en quebrarse.



