De monumento al auto a tributo a la gente

Guillermo Dietrich
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4 de agosto de 2013  

Es una satisfacción enorme ver el impacto del Metrobus 9 de Julio en la experiencia de viaje de las miles de personas que ahora ahorran más de la mitad del tiempo y que hoy tienen más de una hora por día para disfrutar en otra cosa que no sea viajar.

Así como también lo es brindar un sistema de transporte de calidad, estaciones a la altura de las mejores del mundo, diseñadas para que todos podamos acceder sin dificultad, especialmente las personas con discapacidad y mayores de edad. Y saber que estamos contribuyendo a una ciudad que contamina menos. El Metrobus 9 de Julio reduce 5612 toneladas de dióxido de carbono en un año.

En estos días pudimos comprobar cómo cambian los hábitos de los porteños y la postal de la avenida que nos identifica en el mundo. Antes, las personas que caminaban y esperaban el colectivo en calles angostas como Esmeralda y Maipú, o esquivaban filas de gente que aguardaban para subir a las combis.

En la primera semana, el 35% de las personas eligió caminar por el centro de la 9 de Julio, donde están las estaciones y antes sólo había autos; la conexión entre ellas generó un nuevo circuito peatonal. A esto se suma el valor que significa que, de las calles de microcentro "mágicamente" desapareció el ruido y hay más espacio para moverse con tranquilidad.

Es que la ciudad cambia. La noche porteña parece otra con la avenida más iluminada, más segura y más humana. Un espacio que hasta hace poco era un monumento al auto ahora es un tributo a la gente, mediante una transformación muy impactante.

Este cambio de hábitos también involucra a los 1500 choferes a los que el sistema les mejoró enormemente, también, su calidad de vida. Nueva infraestructura sumada a las capacitaciones, teóricas y prácticas, para transmitirles conductas seguras, trajeron como resultado un gran profesionalismo en el respeto de las normas en el corredor.

Un Metrobus en la avenida más emblemática de la Argentina es un mensaje a la vista de todos. El espacio público debe ser pensado y diseñado para las personas, dándoles prioridad a aquellos que lo comparten con otros para viajar. Los cambios culturales son posibles; lo que ocurre con el uso de la bicicleta también lo demuestra.

La Capital se encuentra en una transformación histórica que mejora la calidad de vida de nuestro presente mientras construye el futuro de las próximas generaciones.

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