De Recoleta a Tigre, un viaje al pasado en joyas de cuatro ruedas
Autos y motocicletas anteriores a 1920 revivieron la tradicional carrera; grandes y chicos se vistieron de época y también llamaron la atención de cientos de espectadores
1 minuto de lectura'
Fiesta, colorido, historia, emoción... Allí estaban todos: conductores y acompañantes vestidos de época en lustrosos y cuidados rodados de las primeras décadas del siglo pasado, anteriores a 1920. Un Mercedes-Benz de 1908, un Ford T de 1911 y una extraña motocicleta amarilla de rodado irregular maniobraban entre otras 67 joyas mecánicas del ayer, incluso de tracción eléctrica y de vapor. Causaron asombro y nostalgia entre los miles de fanáticos que ayer gozaron de la XVI reedición del Gran Premio Recoleta-Tigre.
En ese partido, donde arribaron los vehículos, unas 8000 personas aplaudieron a los participantes en la llegada, entre algunas melodías que interpretó la Creòle Jazz Band.
Pero esta fiesta empezó bien temprano, a las 9, en la tradicional esquina del bar La Biela, en Quintana y Ortiz, en Recoleta. Ése fue el punto de encuentro de los tradicionales rodados, como ser un camión de bomberos y motos extrañas en comparación con las tecnologías del siglo XXI.
Allí, todos se aprestaban a participar de este evento que recuerda la primera carrera en ruta del país, de 1906, mientras vecinos y visitantes se llevaban varias fotografías de las "máquinas" como recuerdo. Allí estaba, claro, un ejemplar del Anasagasti, el primer auto construido en serie en la Argentina, en 1910.
"Ésta es una verdadera fiesta de la familia, muy tradicional, que apoyamos por el entusiasmo que grandes y chicos le dan a esta competencia. Es importante que se ofrezcan este tipo de eventos en la ciudad para que los vecinos pasen el fin de semana en familia, mientras todos contribuimos a preservar la memoria histórica, cultural y deportiva de Buenos Aires", dijo Facundo Carrillo, presidente de la junta comunal 2, de Recoleta.
Por allí, un millar de personas que se congregaron especialmente por el evento disfrutaban de los vehículos; muchos otros que pasaban circunstancialmente curioseaban y luego proseguían su camino.
Así, en una mañana entre nubosa y soleada, la avenida Figueroa Alcorta, primero, y la Avenida del Libertador, después, se llenaron de colorido: padres con niños de la mano se apostaban en las veredas para disfrutar del paso pintoresco de estos rodados a través del cordón de altos edificios del corredor norte. Una postal que resume 100 años de historia en un instante.
La historia
Desde el municipio de Tigre indicaron que el Gran Premio que se corrió en 1906 fue el primero del tipo rally sudamericano y el que permitió trazar la actual avenida Del Libertador, y sirvió para construir puentes y el camino para llegar a Tigre, donde hasta entonces sólo se podía acceder en tren.
Esta competencia es muy significativa porque en ella encuentra un punto de apoyo el progreso de la zona. Convoca a mucha gente que puede admirar de cerca los autos más antiguos que existen en el país, que vienen de toda la Argentina, con un esfuerzo increíble de estos amantes del automovilismo.
Guillermo Viacava, secretario de la Comisión Directiva del Club de Automóviles Clásicos de la República Argentina, y a cargo de la organización del evento, comentó: "Tratamos de reeditar el recorrido original. Se inscribieron esta vez 70 vehículos, entre autos y motocicletas, y fue una verdadera fiesta".
Para los espectadores fue puro asombro. "Cuando yo era chico, veía estos autos en los libros o en viejas fotos de los abuelos. Hoy traje a mis nietos para que los vean de cerca, porque para la nueva generación estos vehículos son una antigüedad, como una carreta", comentaba Miguel, vecino del Delta, que estaba acompañado por dos niños.
La bandera a cuadros flameó en Tigre, ante la mirada de cientos de lugareños y de ocasionales espectadores que se dirigían al Puerto de Frutos y, antes, se detuvieron a observar los llamativos autos de otras épocas que veían pasar, ocupados por grandes y chicos, disfrazados con añosos sombreros, trajes de la Belle Époque y algunos bigotes pintados con corchos quemados.



