Divorcio entre método y política

Luis Moreiro
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27 de abril de 2013  

El problema no es la política. El problema es el método. Y, a veces, parece que a la gestión de Mauricio Macri le cuesta encontrar el punto justo que le permita alcanzar sus objetivos políticos a través de métodos que no generen controversia.

La resolución del conflicto planteado ayer por la mañana en el Borda puede ser un ejemplo -y no el primero- desde que Pro está al frente del gobierno de la ciudad.

Ayer el método, en principio, fue dejar las explicaciones políticas en manos de la vicejefa de gobierno, María Eugenia Vidal, y el jefe del Gabinete de Ministros, Horacio Rodríguez Larreta, cuando todo parecía indicar que, ante el cariz que habían tomado los acontecimientos, tal vez, hubiese sido necesaria la aparición de Macri al frente de su equipo.

Recién sobre las 18 se decidió cambiar de estrategia y se llamó a conferencia de prensa. Frente a las cámaras, Macri optó por la opción que le resulta más favorable: dejarles un claro mensaje a sus propios votantes de que, ante los violentos, no cederá.

El líder de Pro está convencido que los porteños, entre otras cosas, valoran superlativamente cualquier acción de gobierno que apunte a garantizar el libre tránsito por las calles de la ciudad y la recuperación del espacio público como bien común.

Las encuestas que llegan a Bolívar 1 dicen que el accionar de la Policía Metropolitana en la recuperación del parque Centenario y de la Sala Alberdi del Centro Cultural San Martín "sumó positivamente" a la imagen del jefe de gobierno.

La actual gestión, además, muestra una postura monolítica en defensa de la actuación de la policía y los cuestionamientos quedan en manos de una auditoría externa que analiza y evalúa el comportamiento policial. No se habla de excesos. El método, en todo caso, es explicar que los uniformados reaccionan frente a las agresiones y la violencia de las que son víctimas.

Macri no falta a la verdad cuando explica que ayer no se desmanteló un taller protegido. Se estaba demoliendo un edificio viejo que ya había sido suplantado por otro nuevo, donde debería estar funcionado ese taller protegido.

Una supuesta autorización judicial para avanzar sobre la obra sostenía todo el andamiaje del discurso que, desde la mañana, habían reiterado Vidal, Rodríguez Larreta y el ministro de Seguridad, Guillermo Montenegro.

Sin embargo, por la noche, el método volvió a darse de bruces con la instrumentación de las políticas. La Cámara en lo Contencioso Administrativo y Tributaria de la Ciudad le recordó al gobierno porteño que no tenía la habilitación para comenzar a trabajar en el predio del Borda.

Detrás de esa resolución en una causa impulsada, entre otros, por el ex jefe de gobierno Aníbal Ibarra, el macrismo veía otra mano política inmiscuida en la Justicia. Evaluaban dar una dura respuesta. El método, otra vez, dirimía su porfía con la política.

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