Dos niños murieron en Flores al incendiarse un taller clandestino

Ocurrió en Páez y Terrada, en una zona que acumula denuncias por este tipo de ilegalidad, muy cerca de la avenida Avellaneda, invadida de puestos ambulantes; los padres están internados
Ángeles Castro
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28 de abril de 2015  

Dos niños de 7 y 10 años murieron ayer durante el incendio de una casa tomada en el barrio de Flores en la que funcionaba un taller textil clandestino desde hace varios años. El incidente volvió a poner en foco la problemática del trabajo esclavo y de las usurpaciones en la ciudad.

El caso trajo del recuerdo un drama similar ocurrido el 30 de marzo de 2006 cuando se incendió un inmueble en el que funcionaba un taller textil clandestino, en Caballito. Esa vez murieron una pareja y cuatro chicos, todos bolivianos.

La nueva tragedia ocurrió alrededor de las 10 en el sótano del inmueble situado en Páez 2796. Si bien la propiedad ocupa toda la esquina, en la intersección con Terrada, los médicos del SAME y los bomberos sólo pudieron ingresar en la vieja casona a través de una puerta lateral; el lugar tenía tapiada la mayoría de las ventanas y otros accesos, presuntamente para ocultar la actividad ilegal que se desarrollaba en su interior.

Por motivos que todavía no se esclarecieron, se desató un incendio en el subsuelo de la propiedad, donde estaban las camas y las sábanas. Claudio Macchi, jefe de bomberos de la Policía Federal, confirmó el hallazgo, en una especie de habitación, de los dos menores fallecidos; se encontraban en una posición como de dormidos y se presume que murieron por inhalación del humo, antes de ser abrasados por las llamas.

En tanto, fueron trasladados al hospital Álvarez tres adultos, dos de los cuales serían los padres de los niños. Una mujer de 41 años, que presentaba quemaduras en el rostro y en la cabeza, y un hombre de 45 años, derivado por inhalar el humo. El tercer paciente es un efectivo policial que se intoxicó cuando intentaba socorrer a las víctimas.

Casos reiterados

Según el relato de los vecinos de ese rincón de Flores, la casa había sido tomada hace siete u ocho años y era utilizada por una familia de nacionalidad boliviana como taller clandestino para confeccionar vestimenta. Idéntica situación, dijeron, se repite en una decena de propiedades emplazadas en un radio de pocas cuadras, sin que las autoridades acierten con algún tipo de intervención estatal para erradicarlas.

La zona queda a cinco cuadras de la intersección de las avenidas Nazca y Avellaneda, uno de los principales puntos de la ciudad donde proliferan los manteros y puestos de venta ilegal de ropa que supuestamente abastecen talleres clandestinos de las cercanías. En toda la Capital, especialmente en los barrios del Sur y del Oeste, funcionarían unos 3000 establecimientos textiles clandestinos, estimó Lucas Schaerer, de la Fundación Alameda, que lucha contra el trabajo esclavo (ver aparte).

La vecina Lorena Romero contó a LA NACIÓN que una gran nube de humo negro se propagó por la zona y puso en alerta al barrio. "Siempre veía a esos chiquitos corriendo en la vereda. Solía haber más niños", recordó, conmovida por la muerte de los dos menores. Dijo que también vio salir del lugar a un hombre en estado de shock. "Pese a que le preguntaban qué ocurría, no podía contestar de lo asustado que estaba", agregó Romero. La familia, explicó, solía recibir a muchas visitas.

Otra vecina, que se identificó como Eugenia, señaló que era común ver a los ocupantes de la vivienda incendiada manipular rollos de telas, sobre todo de noche, y dejar retazos en la esquina. "Todos sabíamos que había un taller clandestino, pero ningún organismo se acerca a inspeccionar", agregó Justina López, otra vecina. Macchi confirmó que en la planta baja del inmueble había máquinas de coser para ser utilizadas por más de cuatro personas a la vez, y rastros de géneros.

López denunció que funcionan en iguales condiciones de precariedad talleres clandestinos en Páez 2706/14, 2721, 2775 y 2578. Lo mismo ocurre en el inmueble aledaño a Condarco 727, al que le han sacado la placa con la numeración; en Bacacay 2409, y en Neuquén 2766.

"El local de Páez 2775 cuelga un cartel de alquiler para despistar, para que parezca que está vacío. Pero en realidad entra y sale gente para coser", explicaron los vecinos, que denunciaron haber reiterado las irregularidades en reiteradas ocasiones ante la junta comunal.

Carga y descarga de camiones, acumulación de bolsas con telas en las calles y el riesgo de incendios que puedan propagarse también a casas linderas son algunos de los perjuicios que los talleres clandestinos provocan en Flores. "Pero todo eso no sería nada; sabíamos que podía ocurrir una tragedia por las condiciones de marginalidad, y lamentablemente se perdieron dos vidas", dijo López.

El presidente de la junta comunal 7, perteneciente a la zona, Guillermo Peña, admitió que se reciben quejas por la mesa de entradas, pero que la comuna no tiene poder de policía para controlar talleres clandestinos, porque sus inspectores están abocados a la supervisión del espacio público. "Flores tiene un grave problema con los talleres clandestinos y la venta ambulante. Las denuncias las derivamos al organismo correspondiente: la Agencia Gubernamental de Control", sostuvo.

Voceros de la AGC respondieron a LA NACIÓN que el inmueble, efectivamente, no contaba con ninguna habilitación para actividades comerciales y que tampoco habían recibido ninguna denuncia que revelara la situación ilegal. Agregaron que, en los últimos dos años, clausuraron más de 80 talleres clandestinos en toda la ciudad.

"Lamentablemente, sin una orden de allanamiento emitida por un juez, el gobierno porteño no puede ingresar por la fuerza en este tipo de inmuebles, que desde afuera parecen casas particulares. El inspector golpea y, si nadie le abre, nada puede hacer. Es un tema de difícil solución", dijo el jefe de gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta.

Con la colaboración de Valeria Musse

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