El estilo vintage invade la estética porteña
Tiendas de ropa, bares, recuperadores de muebles y paseos turísticos reutilizan objetos y diseños de los años 50, 60 y 70
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Vestir prendas que resalten los atributos femeninos como en las mujeres de la década del 50 o confeccionadas con telas recuperadas de viejas sastrerías, pasear en un Citroën de 1967, llevar al living un escritorio estadounidense fabricado en los 70 pero aggiornado , posar para una foto en un estudio amueblado a la medida de Marilyn Monroe o alguna diva italiana, o tomar el té en tazas como las de la abuela. Todo eso es posible gracias al auge del estilo vintage , cada vez más visible en la ciudad.
Y es que, mientras la tecnología del siglo XXI invade Buenos Aires, crece también un circuito que rinde culto a épocas pasadas, pero no demasiado lejos en el tiempo y, por lo tanto, conocidas para sus seguidores. Desde la moda, el diseño de muebles y de interiores, la gastronomía y una variada oferta de servicios, se rememoran los años 40, 50, 60 y 70 mediante una consigna sencilla: recrear o reutilizar en el presente objetos o costumbres de esas décadas, con algún retoque propio que los resignifique.
Las huellas del vintage porteño se pueden rastrear en buena parte de la ciudad, aunque tienen enclaves paradigmáticos en Recoleta, Palermo, Belgrano, Colegiales y Coghlan.
Nora González vive en una casa generosa en este último barrio. Por todos los rincones se observan muebles viejos recuperados en los que ella puso su marca personalísima: flores y colores. "Yo empecé restaurando mis propios muebles. Luego, los de los amigos. Boca a boca mediante, hace cuatro años formé Piezas Sueltas ( www.piezassueltas.com.ar ) y reciclo para clientes. La moda del vintage estalló un par de años atrás y, en materia de muebles, tiene por protagonistas a los norteamericanos y escandinavos de los 70. Son piezas viejas, pero no ajenas, son objetos del pasado con los que se puede dialogar", describió.
En el taller que montó en su terraza, entre un caballito de madera estampado con el patrón de un kimono japonés y mesitas que esperan ser rescatadas del abandono, Nora explicó: "Me abastezco en remates y por hallazgos fortuitos. Luego del proceso de inspiración y realización, ofrezco online los muebles. Los clientes son variados: desde un norteamericano con un piso en Barrio Parque hasta una empleada del Conicet que me paga en cuotas".

De similar manera trabaja Marina Pitarch, creadora de Cositas Vintage ( www.cositasvintage.com.ar ).
Nostalgia
Lorena Aquino es el alma máter de Solo Donovan, una tienda vintage y retro (de las décadas del 80 y 90) en Belgrano (Cabildo 2136). Para ella, la diversidad apuntada por González tiene un punto en común. Los adeptos al vintage , sostuvo, "sienten amor por lo que trae nostalgia". La joven confecciona prendas con reminiscencias de las décadas del 50 al 70, e incluso de los 80. En algunos casos, copia los estilos; por ejemplo, en la variada oferta de corsés, bombachones y faldas. En otros, como una Indiana Jones de la moda, se sumerge en retacerías y sastrerías en busca de telas originales de la época.
"Yo odiaba los conjuntos deportivos de siré que me regalaba mi tío a fines de los 80 y principios de los 90. Ahora uso esa tela para hacer vestidos, y me copan", confesó.
A diferencia de Solo Donovan, que ofrece producción nueva y sólo algunos accesorios originales, en Juan Pérez (Marcelo T. de Alvear 1441) Paulette Selby montó una gigante feria americana, en la que no sólo se puede encontrar ropa usada de baja calidad, sino prendas de alta calidad realizadas décadas atrás y otras provenientes de colecciones vintage de grandes marcas, como Dior o Hermes.
"Provienen de particulares que se desprenden de ellas, o de personas grandes que fallecen, o de coleccionistas. El vintage empezó a imponerse en 2003, y ahora es furor, sobre todo entre los jóvenes de 18 a 24 años", detalló. La demanda es tal que Selby acaba de abrir otro local en el que incorpora la oferta de ropa reciclada.
Aunque ataviados con jeans y lentes último modelo, los clientes de La Esperanza parecen dar marcha atrás en el tiempo cada vez que se sientan a una de sus mesas. En la esquina de Sucre y Miñones, en el bajo Belgrano, el lugar funciona donde atendía la tradicional despensa del mismo nombre entre los 50 y los 90.
"Mi intención fue conservar el espíritu en cada detalle que pudiéramos, desde afuera, donde estaba grabada la denominación del local y la mantuve, hacia adentro. Equipamos el local con sillas, mesas, arañas y tulipas compradas en el Mercado de las Pulgas y otros mercados. Las cortinas no son originales, pero la tela imita a las de antaño", explicó Diego Solotar, dueño de La Esperanza. Entre otros de esos "detalles", figura una histórica taza Durax de color caramelo en la que se puede disfrutar un rico té.



