El inglés que tomó 140 colectivos para conocer Buenos Aires

Con la actitud de un mero observador, Daniel descubrió una ciudad distinta a la que había imaginado
Con la actitud de un mero observador, Daniel descubrió una ciudad distinta a la que había imaginado Fuente: LA NACION - Crédito: Sebastián Rodeiro
Con su experiencia, logró desterrar prejuicios sobre la vida en la Argentina; ahora, escribe un libro y edita un documental con sus anécdotas sobre ruedas
Valeria Vera
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14 de junio de 2012  • 12:39

"Tenía muchas ideas sobre los porteños antes de salir a la calle. Ahora, tengo una mejor imagen y me quité varios prejuicios de encima. Aunque muchos dirán que no, creo que son educados y respetuosos. También los colectiveros, que tienen mala fama. El 99 por ciento son buena onda, más allá de algunas manzanas podridas ", asegura, entre risas, Daniel Tunnard a LA NACION, después de haber tomado los 140 colectivos que recorren la Capital a lo largo de siete meses.

Su propósito era simple: conocer a fondo el lugar que eligió para vivir hace 13 años y que también le dio dos esposas.

Vino a la Argentina en 1997 y se enamoró enseguida. Al año siguiente, volvió y se casó, pero poco después se divorció. Al cabo de unos meses, conoció a otra mujer y le propuso matrimonio. Se casaron y mudaron al límite entre Belgrano y Núñez. Desde entonces, sólo regresa de visita a Sheffield , su ciudad natal, de vez en cuando.

Como sus historias de amor, así de descontracturada es la rutina de este europeo que, además de traductor y escritor de comedias, es músico y proyecta ser actor. Una combinación de todas esas vetas concentra el libro y el documental que edita sobre sus recorridos en Buenos Aires. "Quiero mostrar la ciudad sin caer en clichés: la Casa Rosada, el fútbol o Evita", cuenta entusiasmado luego de pasar un promedio de 11 horas diarias sobre ruedas.

- ¿Cómo surgió la iniciativa de viajar así por Buenos Aires? ¿Qué objetivo querías cumplir?

Apenas llegué, empecé a dar clases de inglés y tenía alumnos en distintas zonas. Pasaba mucho tiempo arriba de los colectivos. Mirando un mapa de la ciudad, me di cuenta de que había todo un sector que no conocía y quise escribir un libro que fuera una selección de mis observaciones. Era una manera de ir juntando las historias. Me gustaba el desafío.

- ¿De qué forma organizaste los recorridos? ¿Tenías alguna rutina armada?

El primer intento fue en 2009, pero abandoné enseguida. No me supe organizar y me cansé. Más tarde, pensé que se podía hacer tomando dos o tres colectivos por día, conectándolos entre sí. Estimé entre seis y siete meses, y eso fue lo que demoré. La idea era hacerlo entre primavera y verano. Al final, me extendí un poco más: terminé el 21 de abril. A esta altura, ya tengo escrita la tercera parte del libro.

- ¿Cuál fue la reacción de los choferes y los pasajeros?

Fui de incógnito. Era más tímido antes. Los viajes me cambiaron. Con los meses, hablé con un par de choferes. Algunos, incluso, no me cobraron el pasaje. Pero básicamente mi actitud era la de un mero observador. No quería hablar con nadie para que no influyera en mi relato. Era como un antropólogo que tomaba notas. Me limitaba a eso.

La otra cara de la ciudad

Además de cumplir con su meta inicial, las idas y vueltas a bordo le mostraron a Daniel otra cara de Buenos Aires, lejos del imaginario que tienen muchos de sus residentes. Le enseñaron que los ingleses no son siempre "mal vistos" y que puede haber una relación "cálida" entre los dos países, más allá del pasado y la política. También le hicieron pensar que la inseguridad no está en todas partes y que a veces el miedo a transitar por determinadas zonas va unido a lo desconocido: "Tengo una fascinación por las villas de emergencia. Siempre había querido entrar y no me animaba. No sabía que los colectivos circulaban por allí. Pensé que eran lugares peligrosos hasta que noté que hay cuatro o cinco líneas que ingresan. Fui perdiendo el miedo y esa sensación de inseguridad que tenía al principio".

Casualmente, el oeste y el sur de la ciudad se convirtieron en su principal debilidad. Fueron la fisonomía y los matices de sus calles, tan distintos a lo uniforme de la arquitectura inglesa, lo que llamaron su atención. Por eso, entre los recorridos que más disfrutó hacer, se destacan el del 46, que va de La Boca hasta Constitución y que pasa por la Villa 1-11-14, Villa Riachuelo y Lugano. "La gente que vive ahí es gente común y no una manga de ladrones, como se dice", relata Daniel en un español muy aceitado. "Además, me gustó viajar en el 33 y en el 45, que van por la Costanera Norte. Es un lindo viaje. El 140 se volvió muy cómodo. Hace diez años lo tomaba y era horrible. Ahora tiene coches nuevos, aire acondicionado y un motor silencioso", detalla.

- ¿Qué lugares de los que descubriste a bordo recomendarías conocer?

Lugano me encantó. Hay un lugar, Barrio Savio, donde son todos monoblocks. Los primeros pisos de cada torre son paseos de compras con kioscos y tiendas. Me pareció increíble. También las plazas con monumentos a las fuerzas aéreas. Vas por un barrio y de repente te encontrás con un avión de guerra. El Parque de la Ciudad, en Villa Soldati, que tiene la torre de observación y algunos juegos que siguen ahí, es muy interesante. También la Avenida Rabanal. Me dio bastante gusto ir por Liniers. Pese a lo que opinan muchos, tiene su encanto, como ocurre con Villa Real o Versalles. Siempre imaginé que eran barrios para evitar, pero finalmente se convirtieron en mis preferidos.

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