El semáforo cumplió 100 años
El primero funcionó en EE.UU. y en 1958 llegó a la ciudad
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Allí están, como parte de la vida cotidiana de una gran metrópolis y del paisaje urbano. Nadie ignora el significado de las luces rojas, verdes y amarillas. Sin embargo, por la sistematización y la tecnología que tienen hoy los semáforos eléctricos no son tan antiguos.
El martes pasado se cumplieron 100 años de la instalación del primer semáforo eléctrico. Fue en una calle de la ciudad de Cleveland, Ohio, en los Estados Unidos. Pocos años después, en el Potsdamer Platz de Berlín -que por entonces era el cruce de avenidas más transitado de Europa- se colocó la famosa torre de semáforos de cinco lados construida por Siemens, que marcó un hito en la gestión del tránsito.
En la ciudad de Buenos Aires el primer semáforo eléctrico se instaló el 31 de diciembre de 1958, en la intersección de las avenidas Leandro N. Alem y Córdoba, en la zona del bajo.
En aquellos años, el intendente porteño -o lord mayor, como se le solía decir- era Hernán Giralt. "El lugar era un punto neurálgico, al igual que la zona de Retiro. Las dos avenidas ya eran lo suficientemente anchas como para necesitar una señal que permitiera a los peatones poder cruzarlas", explicó el historiador Daniel Balmaceda.
Sin embargo, aunque el primer semáforo llegó hace 56 años, el tránsito era un problema en Buenos Aires hacía tiempo. De hecho, en 1910, cuando se celebraba el centenario patrio, la ciudad contaba casi con 1,5 millones de habitantes, y es en ese año cuando se crea la Dirección de Tránsito, que dependía de la Policía Federal.
"La dirección estaba conformada por agentes encargados específicamente de dirigir el tránsito con una vara o bastón. Luego aparecieron las garitas, que sobrevivieron durante muchos años, especialmente en los barrios menos habitados", contó Balmaceda.
La gran urbe
Cabe recordar que Buenos Aires empezaba a diseñar su actual perfil y se consolidaba como metrópolis. Estaba entre las ocho ciudades más grandes del mundo y contaba con casi 1,5 millones de habitantes. En 1909 se había otorgado la concesión para la construcción de tres líneas de subte. Y entre 1911 y 1913 construyeron los primeros seis kilómetros de la línea A.
Amarillos y negros o grises, como están pintados en la actualidad algunos semáforos, fueron evolucionando con los años. Ya no tienen lámparas incandescentes; ahora usan tecnología LED y gran parte de ellos -aunque no todos- son comandados desde una central que permite detectar fallas.
Modernos y tecnológicos, un siglo después siguen cumpliendo una función fundamental: ordenar el caos vehicular cotidiano de la gran ciudad. Cuando funcionan bien, nadie los nota; pero cuando fallan pasan a ser el centro de la escena.



