En Tigre, las calles se convirtieron en canales
Crónica de la desolación que viven los vecinos de Rincón de Milberg, donde el agua se metió en las viviendas y por las calles sólo circulan botes
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Por la localidad de Rincón de Milberg, en Tigre, no circulaban colectivos. Tampoco pasaban autos. Convertidos en canales, las calles sólo eran aptas para botes y osados transeúntes que se animaban a chapotear en los anegados caminos.
El agua, en tanto, se filtraba en las viviendas como lo hacía desde el sábado por la madrugada, cuando fue la primera crecida del río tras la sudestada. Pese a todas las condiciones desfavorables que no daban tregua, los vecinos decían sentirse "acostumbrados" a convivir así de cerca con el agua.
Fabián y su sobrino Nicolás remaban en su embarcación por Callao, una de las arterias más concurridas de Milberg. A su paso, los hombres dejaban de lado semáforos y refugios de colectivos que se asomaban en medio de la inundación. La escena era alocada. "Y hoy está peor que el fin de semana", reflexionó el mayor de los navegantes mientras señalaba, casi como un experto, los lugares por donde no era peligroso caminar. Y prosiguió su camino mientras esquivaba vehículos estacionados.
A metros de allí, dos mujeres tanteaban con cuidado la vereda, convertida ahora en parte de un curso de agua, para no hundirse en algún pozo. "Estamos acostumbradas a esto. Acá, cada vez que llueve, se inunda así", dijeron casi al unísono. El oscuro líquido por el que transitaban se entremezclaba con restos de aceite y objetos que flotaban sin destino alguno.
Como si el anegamiento no fuera suficiente castigo para los vecinos de esta localidad del distrito de Tigre, era el mediodía de ayer y seguía diluviando en la zona, de manera ininterrumpida. Andrés Porqueres se asomó a la entrada de su vivienda y enfatizó a La Nación: "Si no para de llover, el agua no se va más". Entre la sudestada y la lluvia no había respiro ni oportunidad para sobreponerse.
Dentro del hogar de la familia Porqueres habían ingresado 20 centímetros de agua desde el fin de semana. Desde entonces, la casa había quedado dada vuelta y los muebles más cerca del techo que del piso. Pero todos los habitantes coincidían en destacar que lo peor de la inundación había ocurrido ayer a la madrugada.
El cruce de las calles Matheu y Callao se transformó en uno de los puntos más profundos de la inundación en el barrio, ubicado a ocho cuadras del Río Luján. Ni los perros callejeros se salvaban de sumergir gran parte de su cuerpo para pasar de un lado a otro. Aun así, no había forma de mantener el torso y la cabeza secos y templados. La lluvia, persistente, hacía sentir el frío entre tanta humedad.
Aníbal Navarro y su mujer, Claudia, caminaban por el centro de la anegada calle Reconquista. "Chicos, ¿se puede pasar con el auto como para el lado de Tigre?", preguntaron intrigados a La Nación. La pareja tenía que salir de su vivienda con el vehículo para ir a trabajar a Olivos y no sabía cuál era la situación en el municipio ribereño.
A pocas cuadras del Puerto de Frutos había…agua y más agua. Marcelo era uno de los pocos que se atrevió, mate en mano, a salir a la calle y caminar a través de la inundación. "El problema de hoy es que el Parque de la Costa está cerrado entonces falta que se abran algunas compuertas que ayuden a desagotar", dijo el joven en Sarmiento y Pizarro. Este barrio céntrico estaba desolado. La quietud del agua que cubría las veredas se hizo eco en este sector, mientras que el curso del Río Tigre corría con fuerza.



