Espacios que evocan a las figuras del radicalismo
El Club del Progreso y Lalín son hitos en la historia de ese partido
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Así como hay espacios gastronómicos en la ciudad de Buenos Aires que conservan y explotan la iconografía peronista, también hay lugares que invitan a la evocación para quienes tienen su corazón en el radicalismo. Lo que los diferencia, además de la corriente política, es la forma en que lo expresan: los peronistas lo hacen mediante la liturgia y los radicales, a través de la historia.
En Sarmiento 1334, en el corazón del barrio de Montserrat, el Club del Progreso se alza como un espacio gastronómico tradicionalmente radical. Fundado en 1852, es el club más antiguo de la Capital. El objetivo de su creación fue tener un espacio para el debate político entre socios.
Éste fue el carácter que mantuvo hasta hoy el Club del Progreso. Y aunque no es un espacio que conserve una liturgia radical a nivel estético, sí lo hace en términos históricos. Tiene cuatro salones disponibles y dos de ellos llevan el nombre de dirigentes radicales: Alvear y Alem.
El cochinillo a la segoviana es la especialidad del chef y su costo es de 1050 pesos; además, cuenta con un patio cervecero y una amplia carta de vinos. Según cuentan socios y empleados, el Club del Progreso fue escenario de varios acuerdos del alfonsinismo.
En la misma zona de la ciudad, aunque en el barrio de Congreso, se encuentra el restaurante Lalín, reconocido por su historia vinculada a los españoles y al radicalismo.
Allí, en Moreno 1949, un joven abogado y activista atendía los pedidos de hábeas corpus durante el golpe militar; era Raúl Ricardo Alfonsín. El primer presidente del retorno a la democracia era asiduo cliente del lugar, que funcionó desde 1983 como espacio de encuentro para las reuniones entre funcionarios del radicalismo.
El Lalín forma parte de la oferta gastronómica tradicional de la ciudad de Buenos Aires desde hace más de cincuenta años y se destaca en la cocina mediterránea e internacional.



