Hospitales y UPA, las dos caras de la salud bonaerense
Las unidades de pronta atención, impecables; los nosocomios, deteriorados
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LA PLATA.- De un lado, una guardia superpoblada, infraestructura vetusta , escasez de personal; del otro, instalaciones modernas y limpias, con todos los elementos necesarios, y espacio de sobra para los pacientes. Un histórico hospital de Lomas de Zamora, fundado en 1903, y la Unidad de Pronta Atención (UPA), creada para descomprimir la demanda sobre ese hospital, representan dos caras del mismo sistema de salud , el bonaerense.
Así lo comprobó ayer LA NACION, en una recorrida por centros sanitarios públicos del conurbano. Las UPA tienen la ventaja de que no admiten internaciones: tras unas cuantas horas, derivan al hospital a los pacientes que lo necesiten y los otros son dados de alta tras ser atendidos allí mismo. ¿Y las instalaciones? ¿Y el personal? ¿Y la provisión de insumos? "Excelente. Esto es la panacea", dijo el director de la UPA de Lomas, Alfredo Distéfano.
La Unidad fue creada a fines de 2010 para absorber parte de la demanda que recaía sobre la guardia del hospital Gandulfo. Fue la primera de las seis que hoy existen en el conurbano, y en las que ya se atendieron 1,1 millón de pacientes. Todas están equipadas con un shock room para quienes llegan heridos tras accidentes o enfrentamientos, y aplican un sistema de clasificación de riesgo (triage) que permite priorizar la atención. Cada día se atienden en ellas unas 1500 personas, según el coordinador de las UPA en la provincia, Germán Sacido.
En contrapartida, y según la Asociación de Profesionales Médicos bonaerense, en el Gandulfo la situación de la guardia es crítica: "Hay pacientes en camillas en los pasillos, uno al lado del otro, y se ha naturalizado tanto esta situación que hasta instalaron bocas de oxígeno", dijo Marcela Linaza, representante del gremio en el hospital.
Néstor Verde, del Sindicato de Salud Pública, señaló que hace poco se derrumbó parte del techo del recinto destinado a almacenar los residuos patogénicos y un sector del nosocomio se inunda con las lluvias.
La directora del Gandulfo, Nancy Gaute, dijo a LA NACION que el hospital sólo tiene 120 plazas de internación de las 300 con las que contaba en la década del 90, cuando se emprendió un plan de reformas que no fue concluido. Aunque destacó que un subsidio de la Nación permitirá ampliar los espacios.
Largas esperas
En el hospital provincial Iriarte, de Quilmes, obtener un turno para atenderse en el sector de clínica implica un proceso agotador. "Me vine a las 4.30 para sacar el turno. Después me fui a mi casa y ahora volví. Tuve que sacar boleto dos veces, porque vengo de San Francisco Solano. Es un sacrificio venir", dijo Celestina Benítez, de 58 años, resignada a la espera. Otros pacientes llegan al hospital a las 22 y pasan la noche ahí para tener asegurado un lugar al día siguiente.
"No tenemos turnos telefónicos, salvo para quienes vienen de las salas de atención primaria municipales; tal vez por una distracción mía. Nos hemos dedicado a mejorar otras cosas", confesó el director del Iriarte, Gustavo Wahnschaffe.
Tal vez por eso es que mucha gente prefiere acudir a una UPA, aunque su situación no sea una emergencia (en el 70% de los casos no lo es, según el supervisor de enfermería de la Unidad lomense, Rubén Ibarra). "La idea era que se atendieran sólo emergencias; ahora la gente viene hasta por una conjuntivitis, porque no hay médico en la salita de su barrio o porque acá generalmente la espera es menor", explicó la médica Érica O'Brien.
Aun así, las UPA no escapan a la realidad social que también invade las guardias de los hospitales. O'Brien contó que a veces se producen situaciones tensas y los pacientes o sus familiares se ponen agresivos con los médicos y enfermeros: ella misma, una vez, recibió un rodillazo, acaso accidental, por parte del marido de una mujer que fue a parir y tuvo una complicación. Y en ocasiones también la UPA sufre de faltantes de insumos. "En los últimos tiempos, han faltado antibióticos o medicamentos para la diabetes", abundó la médica.
Pese al contexto desfavorable, otros centros de salud funcionan aceitadamente; por ejemplo, el hospital zonal Dr. Miguel Capredoni, de Bolívar. Esto se debe, en gran medida, al apoyo del sector privado.



