Hubo más de 8000 multas por estacionar mal cerca de los estadios

Agentes de tránsito, ayer, en Brown y Martín García, antes del partido entre Boca y San Lorenzo
Agentes de tránsito, ayer, en Brown y Martín García, antes del partido entre Boca y San Lorenzo Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi
Desde enero, el gobierno porteño intensificó los controles durante los partidos de fútbol
Mauricio Giambartolomei
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10 de marzo de 2019  

Algo cambió desde el primer partido de fútbol del año en la ciudad de Buenos Aires. El 19 de enero River recibía a Defensa y Justicia por un partido pendiente de la Superliga Argentina y, más allá de lo que pasó dentro del campo de juego, fuera del estadio Monumental la dinámica fue distinta a lo que habitualmente ocurría en esa zona. No había parrillas improvisadas, tampoco puestos de venta de camisetas y se veían pocos "trapitos" operando en las sombras.

Desde ese día los controles comenzaron a ser más exhaustivos en las inmediaciones de los estadios porteños de acuerdo con lo aprobado en la última reforma del Código Contravencional. Pero el ordenamiento del espacio público fue más allá y tocó una fibra sensible de las malas conductas callejeras: el estacionamiento en lugares prohibidos como rampas, esquinas, espacios reservados para discapacitados, ingresos a garajes y veredas.

En lo que va del año, y en 19 operativos diferentes, los agentes de tránsito detectaron 8250 infracciones por vehículos mal estacionados y 27 de ellos fueron acarreados por faltas graves, según informó la Secretaría de Transporte y Tránsito de la Ciudad. Los controles se hicieron en las cercanías de los estadios de Boca, River, San Lorenzo, Vélez Sarsfield, Huracán y Argentinos Juniors.

Durante los últimos años los "trapitos" se adueñaron de las calles cercanas a esos estadios o de las de aquellos donde se desarrollaba algún espectáculo masivo, en muchos casos bajo el amparo de las barras bravas, mientras que los operativos de seguridad apuntaban para otro lado. El mal estacionamiento es un derivado de ese accionar ya que no había límites para aprovechar hasta el último metro disponible con el fin de aumentar la recaudación diaria.

Al ajustar la mirada sobre los "trapitos" entraron en el radar este tipo de infracciones. Aunque la decisión de efectuar un control más minucioso sobre el espacio público es una continuidad de lo que empezó con el desalojo de los manteros de las zonas más conflictivas como Retiro, la peatonal Florida, la avenida Avellaneda, Once y Liniers.

Además de las 8250 infracciones registradas por mal estacionamiento hubo 67 casos denunciados por la presencia de "trapitos" que exigían dinero a cambio de cuidar vehículos. Los cambios del Código Contravencional habilitaron a los efectivos de la Policía de la Ciudad a intimar a las personas en falta para que dejen de realizar esa actividad prohibida. En los casos de reincidencia cabe la posibilidad de la detención y la apertura de un sumario contravencional.

El oficialismo dio una larga batalla para llegar a este escenario, que pretende disminuir la presencia de "trapitos" y acabar con las organizaciones que lucraban con el uso del espacio público. La iniciativa se gestó cuando Mauricio Macri era jefe de gobierno y culminó recién el año pasado cuando Vamos Juntos logró la mayoría simple en la Legislatura, con legisladores propios y aliados.

La primera acción concreta se remonta a 2009 con el proyecto presentado por el entonces diputado del Pro, Martín Borrelli, para modificar el Código Contravencional, que no tuvo aceptación entre sus colegas. Dos años más tarde la oposición logró sancionar una ley que creaba el Registro de Cuidadores de Vehículos para regular la actividad de los "trapitos", pero días después de la sanción Macri la vetó.

Luego la Justicia comenzó a cercar a los cuidacoches reincidentes que, para evitar llegar a un juicio contravencional, fueron instados a hacer trabajos comunitarios en hospitales o iglesias mediante una probation. Fue el principio de la avanzada final.

Los controles en los alrededores de los estadios porteños fueron más allá del uso del espacio público ya que incluyeron operativos de tránsito para detectar conductores alcoholizados o drogados. En los 1500 tests realizados se detectaron diez casos positivos de alcohol en sangre más allá de los límites permitidos y seis personas que conducían bajo los efectos de estupefacientes.

"Estos controles de alcoholemia, estupefacientes y estacionamiento indebido en las inmediaciones de los estadios de fútbol apuntan a solucionar una conducta que afectaba la convivencia entre hinchas y vecinos desde hace tiempo", opinó Juan José Méndez, secretario de Transporte de la Ciudad.

Con la colaboración de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT) y de Gendarmería Nacional, también se controlaron ómnibus y colectivos que llevaban a hinchas. En esos operativos se registraron nueve infracciones por mal estacionamiento en los alrededores del estadio de Boca. Todos los vehículos debieron ser acarreados por no contar con habilitación para el transporte de adultos.

El estacionamiento indebido es un problema en toda la ciudad: en 2018 fue la infracción más común con 1.351.561 actas labradas, el 32% de todas las multas registradas.

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